Tuesday, August 17, 2010

Wichi Matacos


Wichí (o también wichi) y en Bolivia weenhayek, son los nombres que reciben los integrantes de una etnia indígena del Chaco Central y del Chaco Austral, en el centro de Sudamérica.

Los quechuas les dieron el nombre peyorativo de matacos, nombre con el cual han sido vulgarmente llamados hasta fines del siglo XX (mataco es el nombre de una especie de armadillo, común en la región).

Distribución geográfica
Hacia el siglo XVI los wichí habitaban las zonas occidentales del Chaco Central y Austral, principalmente la margen izquierda del Bermejo entre los 21ºS y los 22º 55' S. Tiempo después, presionados por la invasión de los avá-guaraníes (o chiriguanos) y su propio crecimiento demográfico se desplazaron hacia el norte del Bermejo y hacia el sureste de la región chaqueña.

Su antigua proximidad con el límite de las etnias ándidas les aportó rasgos culturales característicos, como la monogamia, la posesión de territorios por parte de familias (grupos restringidos de parentesco) y una incipiente agricultura con acumulación de excedentes que favoreció relativo sedentarismo.

Hacia inicios de 2006 los wichí habitan principalmente en el este del Departamento de Tarija, en Bolivia y en el Chaco Salteño (en el noreste de la provincia argentina de Salta). Existen además asentamientos en el oeste de las provincias argentinas de Formosa, Chaco y en el extremo noroeste de Santiago del Estero y es posible que haya algunos en el extremo sudoeste del Chaco Boreal en el Paraguay, pero no fueron registrados por los últimos censos.  

Origen
Muchos antropólogos les atribuyen origen patagónico (pámpido) aunque con indudables influjos y aportes amazónidos y ándidos lo cual se ve reflejado en sus tallas: sus estaturas son generalmente menores que las de otras etnias chaquenses de
la familia pámpida.

Idioma
Su lengua está incluida en el conjunto llamado mataco-mataguayo. Este grupo incluye a otras etnias: chorote, maká, chulupí, mataguayo y vejoce. En cuanto a éstos últimos su filiación con los wichí actuales (hacia 2006) es tan estrecha que se le considera simplemente como una parcialidad étnica.

Sociedad
Ya en el siglo XVI habían adoptado un sedentarismo casi completo, poseyendo paraderos y asentamientos en las orillas de los ríos. Formaban comunidades relacionadas por parentesco; cada una de éstas estaba administrada por un jefe anciano y un consejo comunitario de varones que gobernaba cada aldea (huef o huet). Varias comunidades o grupos parentales formaban parcialidades. Sus viviendas eran chozas (huep) construidas con ramas, teniendo forma de cúpula de 2 a 3 m de diámetro en cada una de las cuales convivían los integrantes de una familia.

Alimentación
Su agricultura antes del siglo XX apenas superaba el estadío de la horticultura, ya que pese al influjo ándido indicado mantenían (y aún hoy practican) el modo de producción cazador-recolector. Su sustento principal era la caza, la pesca y la recolección. Es así que mientras las mujeres se dedicaban al cultivo de pequeños zapallos, todos en cuanto les fuera posible se dedicaban a la recolección estacional de cocos de palmera (pindó, yatay y caranday), algarroba, porotos cimarrones, tuna, tasi y miel.

Los ciclos de obtención de recursos alimentarios significaron que organizaran su calendario de un modo circular: el inicio de año (okä nek' chum) se celebraba ritualmente en el tiempo que corresponde al mes de agosto, desde ese inicio de año sucedía la estación llamada nawup ("luna de las flores"), luego le seguía desde noviembre la yachup ("luna de las algarrobas"), tras ésta a fines del verano austral venía la estación lup ("luna de las cosechas"), siguiéndole la fwiyeti(up) ("luna de las heladas").

Como entre muchos otros pueblos cuyo modo de producción ha sido hasta hace poco principalmente el cazador-recolector la situación ecológica de interdependencia con los animales es tal que los wichí suelen darle el calificativo de "hermanos" a los animales.

Sus utensilios y artefactos eran principalmente de madera (por ejemplo los "palos de labranza" que mantenían alguna semejanza con las llakta de los pueblos ándidos), aunque realizaban obras de cestería, cerámica, piedra pulida y textiles como las yika o bolsas de caraguatá (Bromelia hieronymi) también conocida como chaguar) muy usado para confeccionar sus elegantes morrales y bolsos llamados yiska.

Religión
Su sistema de creencias ha sido incluido por los antropólogos en el animismo y el chamanismo, rendían culto a los seres de la naturaleza y poseían la noción de un ser superior (Tokuah o Tokuaj) que regía al mundo.

Historia
Desde fines de la década de 1870 comenzaron a ser reducidos por el hombre blanco, siendo forzados a trabajar en la recolección de algodón, la zafra de la caña de azúcar o a desempeñarse en obrajes forestales como hacheros. En 1914 llegaron misioneros ingleses que los convirtieron al anglicanismo: tales pastores se retiraron en 1982 durante la Guerra del Atlántico Sur, lo que permitió a los wichí recuperar varios de sus rasgos culturales previos y organizarse como comunidad, de modo que en 1986 oficialmente se admitió el bilingüismo en las escuelas de la región que habitan. Durante el siglo XX sus condiciones de vida han sido casi las de la indigencia, subsistiendo con el cultivo de pequeñas parcelas, la recolección, caza y pesca de los degradados recursos chaqueños, o la venta de artesanías de gran valor artístico y técnico (los varones realizan tallas en madera de guayacán, las mujeres producen tejidos de caraguatá y pequeñas cerámicas). Como los integrantes de otras etnias aborígenes argentinas, los wichí se han acriollado en gran medida y muchos de sus integrantes han migrado a zonas urbanas en donde suelen estar ubicados en las barriadas humildes. Muchos de los wichí han sido convertidos al protestantismo de los grupos llamados evangelistas y pentecostales.

Situación actual
A inicios de 2006 son la segunda comunidad indígena del Chaco Salteño y cuentan con escuelas bilingües para no perder sus tradiciones. Censos realizados en el período 2003-2004 indican que unos 36.500 argentinos se reconocen como pertenecientes a la etnia wichí. Un 47% habla casi exclusivamente su idioma (de éste 47% el 80% son mujeres).

Artículo de la Red, diciembre 2009

Imagen: Miembro de la etnia Wichí (Mataco)

Saturday, August 14, 2010

7 aves en extinción


En peligro crítico, así están categorizadas siete aves de Bolivia que corren peligro de extinción según el Libro Rojo de Vertebrados Silvestres de Bolivia publicado por el Viceministerio de Medio Ambiente, Biodiversidad y Cambios Climáticos. En la lista figuran la palkachupa, el mamaco, la pava copete de piedra, el tilluche, la remolinera real, la paraba azul y la paraba frente roja.
De las siete, las dos últimas son las únicas endémicas (es decir propias) de Bolivia de acuerdo con el biólogo Hugo Aguilar. La primera anida en la región de las sabanas de los llanos de Moxos y la segunda, en los valles interandinos.
Aguilar señala que el tamaño poblacional es uno de los elementos determinantes para clasificar a una especie “en peligro crítico”. Ése es el caso de la remolinera real, que cuenta actualmente con entre 50 y 70 individuos; las demás especies en extinción oscilan entre 100 y 1.000. Otro aspecto clave es el espacio de distribución de las especies; por ejemplo, el mamaco sólo tiene 20 kilómetros cuadrados para su hábitat.
El también biólogo Omar Martínez señala que el principal peligro para la extinción de estas aves es la pérdida de su hábitat, que tiene como enemigo a la agricultura, actividad humana que emplea el chaqueo y se aplica en diversas regiones. “Hablamos de los monocultivos de arroz en Guanay (La Paz), la caña de azúcar en Bermejo (Tarija), la soya en el oriente, donde se habilita tierras de bosque para utilizarlas entre tres y cuatro años para después buscar otras”.
Martínez añade que al agro se suman los males que provocan la tala y la extracción de madera y la plantación de otras especies de árboles, como el pino y el eucalipto. “De este último se ha visto que en un periodo de tiempo relativamente corto puede desecar (extraer humedad) cuerpos de agua locales y se ha demostrado que la diversidad y abundancia de aves en estos bosques es muy baja”.
A estos peligros se suman la cacería de subsistencia como una opción de alimentación de pobladores rurales y la cacería de especies sólo para utilizar su colorido plumaje en eventos folklóricos.
Martínez explica que esto es preocupante porque las aves juegan un rol ecológico importante en el ambiente. Por ejemplo, en los bosques tropicales las pavas de monte consumen frutos silvestres de diversos árboles, es así que cuando defecan, las semillas se esparcen y permiten el crecimiento de una nueva planta.
Otros ejemplares, como las lechuzas y los búhos, se encargan de eliminar animales perjudicales como los ratones; mientras que los buitres se encargan de “limpiar” los cadáveres. Otras aves consumen insectos y así controlan la población de mosquitos que en algunas ocasiones llegan a ser un riesgo para la cosecha agrícola. “Existen otras especies consideradas dañinas para la cosecha, pero la mayoría cumple un rol crucial en el medio ambiente”.
Los datos del alcance de las edades del grupo de estas siete aves en peligro de extinción solamente se conocen a partir de aquellos que han estado en cautiverio, como en zoológicos. En el caso de las dos parabas azul y de frente roja, llegan a vivir 50 años; en el de la pava copete de piedra y el mamaco, se tiene registros de que viven hasta los 30 años, aunque en cautiverio.
Aguilar complementa que en el zoológico de Santa Cruz se realiza desde el pasado año un proceso de rehabilitación de las dos parabas, que consiste en su reproducción y se tiene proyectado ampliar el plan para aves como el mamaco y la pava copete de piedra. Es así que por el momento, las otras aves de esta “lista roja” parecen tener los días contados.

Vive en en los llanos benianos de Moxos
Paraba azul (Ara glaucogularis dibben)

La destrucción de su hábitat, la cacería indiscriminada y su comercialización como mascotas son las amenazas constantes que ponen en riesgo la supervivencia de esta especie, también conocida como paraba cachete azul. El ave, que mide 85 centímetros y pesa cerca de 700 gramos, se caracteriza por su pluma de color turquesa con una combinación de tono amarillo naranja en la parte de la garganta. Habita en las pampas del departamento del Beni, principalmente en las palmeras, donde realiza huecos y pone por lo general tres huevos, pero sólo un pichón llega a desarrollarse . Se alimenta de las frutas de motacú y su reproducción se da entre septiembre y mayo.

Su hábitat está en los arbustos de Apolo y del Parque Nacional Madidi
Palkachupa (Phibalura flavirostris boliviana)

Es un ave que vive y anida en arbustos del municipio de Apolo, en el norte de La Paz, y en el Parque Nacional Madidi. Según investigaciones realizadas sobre esta especie, su hábitat es amenazado por una constante deforestación del bosque para uso de la ganadería; la acción pone en riesgo la reproducción de su especie, ya que sólo se garantiza el 20 por ciento del éxito del empollamiento, cuando lo normal de un ejemplar tropical es de un 50 a 60 por ciento. De acuerdo con las averiguaciones de la bióloga Verónica del Rosario Ávalos, se detectó nidos de esta ave en rocas, lo que le hace suponer que fue por falta de árboles. La especie mide 22 centímetros, tiene la cola larga y bifurcada, y es una especie considerada monógama; su alimentación consiste en frutas e insectos (principalmente los Hymenoptera y coleoptera, según Ávalos). En 2008, la palkachupa fue registrada en un grupo de 200 individuos.

Tiene población en Cochabamba, Santa Cruz, Chuquisaca y Potosí
Paraba frente roja (Ara rubrogenys lafresnaye)

Vive en los bosques secos interandinos y es conocida también como q'aqa loro y loro burro; tiene como su principal amenaza al tráfico ilegal de animales para ser vendidos como mascotas. Según investigaciones realizadas entre 1980 y 1990, entre 800 y 1.000 ejemplares de parabas fueron traficadas al exterior. Aunque en la actualidad no se ha detectado el comercio masivo, se reporta todavía su venta ilegal al Brasil y Perú. Aparte, entre 1980 y 1995, se registró una población de aproximadamente 20.000 ejemplares en el área que comprende el sur de Cochabamba, el suroeste de Santa Cruz, el norte de Chuquisaca y el noreste de Potosí. Actualmente se calcula que existe cerca de 200 individuos en 14 comunidades de las zonas citadas y los comunarios coinciden en que hay una reducción considerable de estas aves con relación a hace 20 años. Esta paraba se mueve en los riscos poco accesibles y para anidar busca huecos y grietas de paredes rocosas; se alimenta en temporada húmeda de frutos y en la época seca, de maní y maíz.

Su población en Beni llega a 130 individuos
Mamaco (Crax globulosa spix)

El aislamiento geográfico, la baja capacidad de dispersión y la cacería son las constantes amenazas a esta ave. Hugo Araníbar, biólogo de la Fundación Armonía, es un especialista en este ejemplar y asegura que sólo se ha registrado su presencia en un área de 20 kilómetros cuadrados. Actualmente, el mamaco reside en el sudoeste de la Amazonia del departamento de Beni, a menos de 200 metros del bosque de Varzea. Su población estimada es menor a 130 individuos.
Este espécimen mide 90 centímetros y pesa 2.500 gramos. El macho, a diferencia de la hembra, presenta una cera roja brillante con un lóbulo superior redondeado y dos inferiores; pero tanto la hembra como el macho tienen una cresta enrulada hacia adelante y las partes dorsales del pecho y la cola de color negro. En época húmeda se alimentan de pequeños vertebrados e invertebrados, y en estación seca, de frutos y semillas. Se conoce que en 2004, la población de San Marcos, perteneciente a la Tierra Comunitaria de Origen Tacana, generó normas de protección de hábitat de la especie mediante sus usos y costumbres.

Reside en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz
Pava copete de piedra (Pauxi unicornis)

Las principales causas para la extinción de esta especie son la caza, la deforestación, el chaqueo y la explotación ilícita de madera, principalmente en el Parque Nacional Amboró y el Parque Nacional Territorio Indígena Isiboro Sécure, lugares donde se ha registrado a esta pava, además del Parque Nacional Carrasco y la región yungueña de La Paz. Esta ave, que se alimenta principalmente de frutas, tiene su plumaje de color negro con puntas blancas en la cola, patas y pico rojizos, y su principal rasgo es el cuerno cilíndrico, largo y de color azul.
El ave mide entre 85 y 95 centímetros. Cuando su hábitat es perturbado, se refugia en las ramas inferiores de un árbol. La época de reproducción de este espécimen es entre los meses de agosto y diciembre, durante el primer mes se la observa en compañía de su pareja. De acuerdo con un registro levantado en octubre de 1989, en las orillas de un río del Parque Nacional Amboró se encontró un nido de la pava copete de piedra con un único huevo y se presumió que la anidación era de 32 días.

Posee 13 subpoblaciones entre las cordilleras de Apolobamba y La paz
Remolinera real (Cinclodes aricomae)

Los principales motivos de la extinción de esta especie son la tala y la quema de árboles que provocan la desaparición de la capa de musgo, troncos y ramas que son imprescindibles para ella. La remolinera real mide 21 centímetros y pesa 50 gramos. Tiene el pelaje de color oscuro con el cuello blanquecino y el vientre de tono café. Esta ave fue observada en el Parque Nacional Madidi, en 2000; ese mismo año se notó su presencia en el Parque Nacional de Cotapata y también en los páramos de los Yungas de La Paz. Los datos recabados indican que al menos existen 13 subpoblaciones entre las cordilleras de Apolobamba y La Paz, en una superficie de 14 hectáreas, donde se ha establecido la presencia de grupos de entre 50 y 70 aves. La remolinera se reproduce en época húmeda. En Apolobamba se encontró un individuo con material de nido en noviembre, y juveniles en febrero y marzo.

Está amenazada por el avance acelerado de la mancha urbana
Tilluche o tororoi enmascarado (Hylopezus auricularis)

Las amenazas a la vida del tilluche son la degradación, fragmentación y destrucción de su hábitat, problemas originados por actividades humanas como la expansión del área urbana y suburbana en la ciudad de Riberalta, en Beni, donde se halla el ave; además de la implementación de las áreas de cultivo y de pastura, la apertura de caminos vecinales y la extracción de recursos como las hojas de motacú. Según el coordinador del Programa Áreas Importantes para la Conservación de las Aves en Bolivia de la Asociación Armonía, Oswaldo Maillard, el avance de la población hacia los nidos de esta ave es consecuencia de la migración de personas que se dedican a la cosecha de castaña. Este espécimen mide 14 centímetros; los adultos presentan la corona y nuca de color gris, el resto de su cuerpo y cola tiene tonos café olivo. Maillard advierte la necesidad de desarrollar una planificación adecuada del avance de la mancha urbana para que el tilluche no desaparezca a corto plazo.

Publicado en La Prensa/La Paz, 8/8/10

Friday, August 13, 2010

Entrevista a Roberto Burgos Cantor


Gustavo Tatis Guerra | Colombia de un vistazo.


Una aventura que va más allá de las palabras.

A lo largo de casi medio siglo de escritura, Roberto Burgos Cantor (Cartagena, 1948), ha encontrado que las palabras tienen el prodigio de nombrar, revelar, encantar, descifrar, descubrir, contar, cantar, pero además de todo eso, reconstruir una memoria que duerme bajo la piel soslayada del tiempo.
Él ha ido tras esa memoria que habita en las piedras y ha logrado en su tercera novela La ceiba de la memoria (Seix Barral, 2007), devolvernos las noches tormentosas de la esclavitud africana en Cartagena de Indias y adentrarse en el espíritu de la época, en las paradojas del amor, la impiedad, la compasión y la muerte.
El magistral narrador colombiano, autor de la novela El patio de los vientos perdidos y del libro de cuentos Lo Amador, ha escrito con esta nueva obra, una de las mejores novelas de los últimos cincuenta años en la historia literaria del país.
El suplemento Dominical de El Universal dialogó con Burgos Cantor.
—¿Qué ha significado la infancia en la búsqueda de un lenguaje y en la afirmación de una vocación?
La infancia es un tiempo de la vida, feliz o desdichado, donde la mayoría de las acciones carecen de intencionalidad. Sometida la niñez al imperio y al cuidado de otros seres, por lo general mayores, la aventura autónoma tiene instantes y resquicios que implican riesgo, las experiencias sin aprendizaje, la presencia extraña de lo otro. No hay significados aún. El mar de leva entra por el portón del patio y se queda poniendo caracoles y sombras de sal en las flores carnosas de los heliotropos y los capachos. Aquel tren lento que atraviesa el aguacero y avanza: ¿Cuándo lo vi?
Los sábalos arponeados y sangrantes entre las rocas del malecón y su estertor lento de branquias. Mi madre entre la jauría de perros escandalosos corriendo detrás de mí que escapo del bus escolar. Tu desnudez Elsa incrustada en los espejos manchados de la casa.
Será qué esto estimula la escritura. No lo sé. Exorcismo o rescate la escritura encierra un enigma. ¿De cuántas corrientes vienen las palabras? ¿ Su fluir qué busca? A lo mejor todo estimula. Totalidad o reducción la escritura funda; da cuenta; restablece lo humano. ¿ A partir de qué?
—¿Qué pervive en usted del temperamento de sus padres? ¿Cómo era el ambiente familiar?
Mi madre y mi padre fueron maestros de vocación. Ella, formada en la escuela franciscana donde rigen los valores de la igualdad, el amor por la naturaleza, la solidaridad y el desprendimiento ante los bienes materiales. Él, formado en las canteras de la fe en la ciencia y el progreso, dentro de una concepción liberal de respeto a la libertad y obtención de logros mediante el esfuerzo.
Así la casa fue un revuelto de mística y razón, de pensamiento y pasión, que ampliaba la mirada sobre el mundo y los seres.
De alguna manera cada quien lleva la vida de sus muertos y los prolonga, están ahí, en un gesto, algunas palabras, en las formas del recuerdo.
De esta manera la casa no tenía estropicio distinto al bullicioso y sordo estruendo del mar en un tiempo; en otro era la carrera de las iguanas en el jardín; y después el casco de las embarcaciones rompiendo el oleaje de la bahía, la formación de los temporales, los mangos reventándose en el patio.
En medio de ello las rutinas de un profesor que leía hasta tarde, preparaba notas y mi madre lo ayudaba. A veces iban amigos: Eutiquio Leal, Manuel Zapata Olivella, Eduardo Carranza, Jorge Zalamea.
— ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas?
Rafael Pombo y Rubén Darío. Mi madre nos leía poemas del primer Neruda, Platero y yo de Juan Ramón, cuentos de fantasmas de Oscar Wilde, y después se aficionó a Miguel Hernández.
Me enamoré temprano de Joyce, de Sartre, de Passolini, de Camus, de Moravia, de Camus, de Kafka, de Fray Luis de León, de Vallejo, de Luis C López. Y tres libros que me regaló mi padre: París era una fiesta de Hemingway, Un tal Rock Wagram de Saroyan, y Paralelo 42 de Dos Passos.
—¿Qué fue lo primero que se le ocurrió escribir?
La historia de un pintor que no logra hacer el cuadro que quiere, y una de un grupo de hormigas que se pierden en la luna.
-¿Qué autores han ejercido desde el principio un deslumbramiento en usted?
James Joyce, Dürremat, Saint-John Perse, Borges, Cortázar, el Neruda de Residencia en la tierra, Rilke, Vallejo, la poesía de Mutis, Henry Miller, Machado de Assis, Faulkner, Rulfo, Robbe Grillet, Butor, Duras, Kafka, Homero, Tolstoi, Virginia Woolf, Musil, Conrad, Joseph Roth, Luis Carlos López, Capote, Proust, Thomas Wolf, Cabrera Infante, Guimaraes Rosas.
Son autores y obras que como ocurre con la música se alejan algunas veces y vuelven y uno sabe que están por allí, rondando. Cada vez a punto de entregar algo.
—¿Qué experiencia humana, extrema, fantástica de su vida ha querido narrar?
Por lo general lo que cuento es lo que me habría gustado que sucediera. Como si la novela y el cuento se enfrentaran a la imperfección de la vida y corrigieran su aburrimiento. En el territorio de la ficción ocurre todo.
—¿Qué piensa usted del actual estado de la narrativa en Colombia y en el continente? ¿Qué se podría privilegiar como singularidad?
En un momento de mucha producción y diversidad. Hay que esperar un poco para reflexionar y hacer balances. Nunca antes había sido tan urgente y necesaria la labor crítica. Es probable que como el mundo del Caribe por razones políticas, culturales, económicas, había padecido un largo desconocimiento tenga hoy una fuerza y un misterio que lo torna muy atractivo y complejo desde la perspectiva de fundación de mundos literarios, de fijación de referencias, de novedad.
— Si el mundo acabara en 48 libros, cuáles serían los 7 libros que usted se llevaría?
Ojalá El de la Sublime Puerta te escuche y haya tiempo de llevar libros en medio de la devastación mundial. Haría lo posible: Don Quijote, Homeros de Walcott, La vida y sus usos de Perec, La eneida, El otoño del patriarca, la poesía de Celan, La biblia.
— Cuéntenos cómo fue la experiencia de escribir La ceiba de la memoria
Para mi escribir novelas es salir a una aventura. Si te va bien quieres quedarte a vivir en ese viaje. Si se frustra quedas triste, desamparado. La aventura te va mostrando sus necesidades y la manera de navegar.

Sobre la relación entre historia, documento y ficción, explicó que fue significativo para él sumergirse en la literatura del siglo XVII y XVIII.
“Hay un texto básico para el tema de la esclavitud, un libro de un adelantado, es: De instauranda aethiopum salute del jesuita Alonso de Sandoval, publicado en 1627. Por supuesto los trabajos de Valtierra, Aristizábal y Splendianni. Los lexico de Del Castillo y del Instituto Caro y Cuervo. Los documentos de Arrázola.
Leí mucha teoría y esto es un hábito generacional, mis compañeros y yo creímos en la razón, en la teoría. Una vez ella se agota, cuando estás al borde de la esterilidad, entonces te queda la poesía y las virtudes de lo narrativo.
—¿Qué piensa del escritor que emprende una misión humanística frente a la sociedad que lo rodea?
Lo que hace a un escritor es el acto de escribir. De ello depende. Es escritor en tanto escribe. Por supuesto tiene el mismo deber de cualquier productor: hacerlo con excelencia. Ello, como a todos, no lo excluye de pagar impuestos, de establecer vínculos con su sociedad. Por supuesto donde mejor es lo que es, es en la escritura, es su esencia de vida. Por su escritura será.
Todo lo que hace alguien adicional a su elección, sea como soldado o como monjita de la caridad, o como predicador político, es respetable. Pero donde entregará su alma es en su arte.
—¿Qué aspectos de la realidad colombiana le interesa narrar?
Me interesan todos los aspectos de esa realidad, y más si de allí se deriva una revelación, algo que no ha sido visto, una posibilidad de transformación.

Publicada en El Universal (Colombia) [ domingo 17 de junio de 2007 ]

Roberto Burgos Cantor, en la cubierta de una compilación de sus artículos

Thursday, August 12, 2010

ROBERT LE VIGAN


Miguel Sánchez-Ostiz

Le Vigan, el espléndido actor de La Bandera y del Muelle de las Brumas, aparecía en Nord y en Rigodon, compañero de Céline en su fuga alucinada desde el castillo de Sigmaringen. Había sido su vecino en Montmartre y compañero de andanzas guarras por la Butte. Pagó muy caras sus bufonadas y excesos verbales radiofónicos durante la Ocupación y el haber sido el corifeo de Céline a quien se negó a acusar cuando fue juzgado y condenado en firme a trabajos forzados. Tuvo que escapar de Francia como pudo con la indignidad nacional y la confiscación de todos sus bienes a su espalda. Acabó en un campo de concentración español de donde lo sacó Lasa, un crítico de cine. Sobrevivió en Barcelona durante un par de años dando clases particulares de francés e interviniéndoe en un par de películas. Sebastián Gasch, con ocasión de la la muerte de Duvivier, lo describirá paseando su ruina física y moral, en los márgenes silencioso de una de las peñas del café Términus, "viviendo de milagro" y vestido de naufrago, antes de emigrar a la Argentina. Murió en 1972, y en Tandil, provincia de Buenos Aires, en el olvido y la cuasi miseria: "Ahora el judío soy yo".
Robert Le Vigan que jugó algo más que con fuego, sabiendo que la Ocupación terminaría tarde o temprano, como lo supo Céline, y llegarían los ajustes de cuentas. Es difícil ponerse en el lugar de aquella gente y conocer sus motivaciones, sus porqués, sus desfalleciemientos y cobardías, sus amarguras y rencores; todo lo que les empujó a la colaboración y a la delación, lo que desde el cómodo mirador del presente juzgamos abyecto. Sin duda lo era. No estábamos allí.
Dos obras me parecen de obligada referencia: Robert Le Vigan désordre et génie (1996), de Claude Beylie, y Robert Le Vigan, compagnon et personnage de L.F.Céline (1980), del escritor belga Pol Vandomme que por si solo vale el viaje literario y no sólo como biógrafo de Brasillach o de Rebatet o de Roger Nimier o de Jacques Perret.

Del blog VIVIR DE BUENA GANA, de Miguel Sánchez-Ostiz/3 de agosto 2010

Imagen: Afiche de Les 5 Gentlemens maudits (1931), de Julien Duvivier, con el gran Harry Baur y Robert Le Vigan

Saturday, August 7, 2010

Vasily Grossman


“The time of Hitler arrived: a wolfish century. It was a time when people lived like wolves, and wolves lived like people.” – Vasily Grossman.
Vasily Grossman named his epic novel of World War Two, “Life and Fate.” Grossman's own destiny was inextricably bound up with that of Berdichev, a town in the Zhitomir Oblast of Ukraine, renowned as both a centre of Hasidism and of Haskalah; to gain some insight into the events of Grossman's life it is appropriate to consider the fate of both the man and the town in which he was born.

On the outbreak of war, the Jewish inhabitants of Berdichev numbered nearly 50% of the population of 66,000; even in pre-revolutionary times the town had been known as the “Jewish capital.” By the time the Germans occupied Berdichev on 7 July 1941, the number of Jews in the town may have fallen to about 20,000; as many as 10,000 Jews had possibly fled eastward. As in many other cases, it is difficult to be definitive concerning numbers – sources vary. In any event, the SS were well aware of the significance of Berdichev as an important centre of Jewish religion and culture. Erwin Schultz, head of Einsatzkommando 5 of Einsatzgruppe C, testified at his post-war trial that at a meeting held in Zhitomir in early August, those present were informed that an order had been issued by Heinrich Himmler to the effect that all Jews in Ukraine not engaged in essential work were to be shot. Sonderkommando 4a, headed by Standartenführer Paul Blobel was stationed in Berdichev, and was to be primarily responsible for subsequent events in the town.

By virtue of an order issued on 13 August by Field Marshall Walther von Brauchitsch (commander in chief of the Wehrmacht), ghettos were to be established throughout occupied Ukraine. On 25 August, the Jews of Berdichev were ordered to move into a ghetto situated in Yakti Bazaar, the most dilapidated area of the town. Ten days later, at least 1,500 young Jews were removed from the ghetto and shot on the outskirts of the town (some sources suggest as many as 10,000 individuals were shot in this aktion.) On 15 September, around 2,000 people, skilled craftsmen and their families, were singled out. The remainder, 18,600 individuals, were marched out of Berdichev to the killing site and shot. To assist with crowd control, the SS mustered all the available Ukrainian police, who were charged with rounding up the Jews, forming them into columns and marching them to pre-prepared pits at a military airfield near the village of Romanovka. 13 year-old Naum Epelfeld provided an eyewitness account of the process:

“Everything began at 3:00 in the morning. The Polizei broke into our building… [and] drove us into the streets. They beat us with rifle butts, screamed at us… we did not understand what was happening… they drove us to the market square… My father and I ended up in one group, and my mother, grandmother and sister…in another… The weak and feeble people were thrown into…trucks like sacks, then the trucks set off. Load after load of trucks left…. In the evening our group returned to the ghetto.”
At the killing site the Jews were ordered to remove their outer clothing, forced toward a pit and shot. A further 2,000 Jews were killed on 3 November. By then Sonderkommando 4a had moved on to Kiev, where on 29-30 September 1941 they murdered 33,771 Jews in the ravine of Babi Yar. Naum Epelfeld recorded that the massacre of the Jews of Europe had started in Berdichev, which had served as the template for SS methods of large-scale massacres by shooting. Over the next few months, the remainder of the Jews of Berdichev were murdered, so that when the town was liberated by Soviet forces on 15 January 1944, there were just 15 Jews found alive. The massacre of 15 September 1941 was to affect Vasily Grossman for the rest of his life. For one of the victims buried in the pit near Romanovka was his mother.

Vasily Semyonovich (Iosif Solomonovich) Grossman was born on 12 December 1905 in Berdichev, the son of Semyon Osipovich (Solomon Iosifovich) Grossman and Yekaterina Savelievna. The writer Sholem Aleichem had lived for a time in Berdichev, and used it as one of his models for the shtetl of Anatevka, immortalised in the musical “Fiddler on the Roof,” but the Grossmans had little in common with the great majority of the Jews of the region. They were thoroughly assimilated, with no interest in Judaism. They had adopted Russified versions of their names, and they conversed and read in Russian, not Yiddish. In Vasily's own words:

“We were not like the poor shtetl Jews described by Sholem Aleichem; the type that lived in hovels and slept side by side on the floor, packed like sardines. No, our family comes from a quite different Jewish background. They had their own carriages and horses. Their women wore diamonds, and they sent their children abroad to study.”
Vasily's father was a chemical engineer, his mother a French teacher. Probably before Vasily was five years old his parents separated. The mother and child went to live in Geneva, where they stayed for about two years. By 1914 they had returned to Russia and were living in Kiev. Following the October Revolution of 1917 they returned to Berdichev, where Vasily continued his education. In the autumn of 1921, he entered the Kiev Higher Institute of National Education. Two years later he enrolled at Moscow University, finally graduating with a degree in chemistry in 1929. In the intervening six years his life has undergone some startling changes. He had married Anna (Galya) Petrovna Matsuk in 1928; a daughter, Yekaterina (Katya) had been born in January 1930; and he had begun to write professionally. The newly-wed couple hardly appear to have been the most caring of parents. Katya was sent to live with Vasily's mother in Berdichev. The marriage of Galya and Vasily was of short duration; they divorced in 1932.

Vasily was an enthusiastic supporter of Bolshevism, seeing in it the answer to centuries of institutionalised Jew baiting. Although uncertain of, and confused about, his own Jewish identity, he welcomed the new country of the Soviet Union, where in 1918 a law had been proclaimed banning anti-Semitism. At last all Jews were to have equal rights as citizens - or so it was promised. He would become a “New Soviet Man.”

In 1930, his father obtained a job for Vasily as a mining engineer at Stalino (now Donetsk) in eastern Ukraine. Vasily had hated life in Berdichev, which he regarded as provincial and unsophisticated, but Stalino was much worse. The working conditions were awful, and the miners were little more than slave labourers. Grossmann couldn't wait to return to Moscow. At the end of 1931 he was misdiagnosed by a local doctor as suffering from chronic tuberculosis, and managed to get away from Stalino, returning to Moscow in summer 1932. He had decided to abandon chemistry and the mining industry for ever; now he was determined to pursue a career in literature.

Through his cousin Nadya, whose apartment he shared, he found employment at the Sacco and Vanzetti factory, an establishment whose principal product was pencils. Whilst working at the factory, he devoted all of his spare time to writing. His first novel, Glyukauf (“Good Luck”) was published in 1934. Grossman became a protégé of Maxim Gorky (Aleksei Maksimovich Peshkov) the leading light of Russian literature, and under his patronage produced several short stories, including “In the Town of Berdichev”, the work that first brought him to prominence. Determined not to become a Stalinist hack, politically naïve, and an unusually (for the place and time) honest author, Grossman was lucky to escape the Great Terror of the 1930s. Nadya was not so fortunate. She was arrested in March 1933 for alleged Trotskyism and exiled to Astrakhan for three years, thereafter being sent to the labour camp at Vorkuta – Pechersk in the far east of Russia for a further three years.

Grossman steadily progressed up the ladder of the Russian literary world, finally becoming a fully-fledged member of the Union of Soviet Writers in 1937, an honour that brought with it many privileges. In 1935 he began a relationship with Olga Mikhailovna Guber, and the couple were married in May 1936. Simply because she had previously been the wife of Boris Guber (a writer who had been arrested and shot in 1937), Olga was herself arrested in 1938. The chain of guilt by association led naturally to Grossman, who was summoned to the KGB's Moscow headquarters at Lubyanka for interrogation in February 1938. The couple were extremely lucky; Grossman was never arrested, and Olga was released in late summer 1938.

Between 1937 and 1940, Grossman's novel Stepan Kolchugin was serially published to general critical and popular acclaim. He had become a part of the literary establishment. But everything changed on 22 June 1941, with Germany's invasion of the Soviet Union. Grossman immediately volunteered for the Red Army, although 35 years of age and quite unfit for military service. Instead, he became a war correspondent for Red Star (Krasnaya Zvezda), the official Red Army newspaper. He was to spend three of the next four years at the front, more than 1,000 days in total, becoming the favourite writer of the ordinary soldier, renowned for the honesty of his reporting. He showed extraordinary personal courage and an unerring ability to capture the reality of this most brutal of wars. But he lived with a tragedy which was to haunt him for the rest of his life.

It took the Wehrmacht just over two weeks to advance more than 350 kilometres to Berdichev. Such a rate of progress seemed inconceivable at the time. Grossman's mother and, as far as he was aware, his daughter, were still in Berdichev. In fact, Katya was safe at a children's summer camp. It would have presented no problem to Grossman to arrange for his immediate family to have boarded a train for Moscow, where they could have stayed with Olga and himself for a time, before being evacuated further eastward if necessary, as was Grossman's father. Instead, Grossman did nothing. Olga had persuaded him that there was insufficient room in their apartment to accommodate other family members. Grossmann never forgave her for her lack of compassion. Before he could fully realise the enormity of what was happening, Berdichev had been overrun, and all contact with his mother had been lost.

Grossman accompanied the Red Army virtually every step of the way from Stalingrad to Berlin. As he progressed across the war-torn landscape of the Soviet Union, Poland, and Germany, the nature and extent of “The Final Solution” was visible everywhere. As more and more evidence of the annihilation of the Jews was uncovered, so Grossman's sense of his own Jewish identity grew. In 1943, he wrote a piece called “Ukraine Without Jews”. To indicate the extent of the genocide, he produced a list of victims, each preceded by the word ubity – murdered:

“There are no Jews in Ukraine. Nowhere – Poltava, Kharkov, Kremenchug, Borispol, Yagotin – in none of the cities, hundreds of towns, or thousands of villages will you see the black tear-filled eyes of little girls; you will not hear the sad voice of an old woman; you will not see the dark face of a hungry baby… All is silence. Everything is still. A whole people have been brutally murdered.”
Together with a second piece, “The Old Schoolteacher”, which dealt with the events culminating in the shooting of hundreds of Jews in an unnamed Ukrainian town (i.e. Berdichev), Grossman had produced the first exploration, fictional or documentary, in any language, of what came to be known as the Shoah. Although Soviet censorship prevented the mention of such matters, he was beginning to suspect the extensive Ukrainian participation in the murder of their Jewish neighbours. As in other Ukrainian towns, some Jews from Berdichev survived because of the help of courageous Ukrainians. But these were the exception, rather than the rule.

In January 1944, Grossman arrived back in Berdichev, to confirm what he had always known, but desperately hoped was not true. His mother was dead, killed with most of the other Jews of the town in September 1941. Because of the speed of the Red Army's advance, the Nazis had not had time to exhume and cremate the bodies of their victims as they had done elsewhere, and so the two burial pits at Berdichev remain the largest Holocaust massacre sites to contain actual corpses. His mother's body lay in one of the pits. In his novel Life and Fate, Grossman has Anna Shtrum, a fictionalization of his mother, write a long final letter to her son. It is one of the most moving passages in Holocaust literature:

“An announcement was soon made about the resettlement of the Jews. We were each permitted to take 15 kilograms of belongings. Little yellow notices were hung on the walls of houses. `All occupants are required to move to the area of the Old Town…' What a sad journey it was, my son, to the medieval ghetto… We walked down the roadway while everyone else stood on the pavement and watched… I realized there were two different crowds: there were the Jews – the men in winter coats and hats, the women wearing thick dresses – and there were the people in summer clothes on the pavement…
… God, what poverty there is everywhere! If only the people who are always talking about how rich the Jews are, how they've always got something put by for hard times, could have a look at the Old Town now… I never used to feel I was a Jew… But now, during these terrible days, my heart has become filled with maternal tenderness towards the Jewish people. I never knew this love before…

… [Shchukin] told me that a new decree was being printed: Jews are to be forbidden to walk on the pavements; they are required to wear a yellow patch, a Star of David, on the chest; they no longer have the right to use public transport, baths, parks, or cinemas; they are forbidden to buy butter, eggs, milk, berries, white bread, meat, or any vegetable other than potatoes; they are only allowed to make purchases in the market after six o'clock, when the peasants are already on their way home…Shchukin's father-in-law…had travelled in from the nearby village of Chudnov. He had seen with his own eyes how all the Jews were herded into the forest with their parcels and suitcases. All day long he heard shots and terrible screams; not one Jew returned… The Germans are killing all the Jews in the district, children and old men included… Our turn will come in a week or two, according to plan…

… What a lot of children…there are! … Probably future scientists, physicists, professors of medicine, musicians, even poets… They say that children are our own future, but how can one say that of these children? They aren't going to become musicians, cobblers or tailors. Last night I saw very clearly how this whole noisy world of bearded, anxious fathers and querulous grandmothers who bake honey-cakes and goose-necks – this whole world of marriage customs, proverbial sayings and Sabbaths will disappear for ever under the earth. After the war life will begin to stir once again, but we won't be here, we will have vanished – just as the Aztecs once vanished.

The peasant who brought us the news about the mass graves said that his wife had been crying at night. She'd been lamenting: 'They sew, and they make shoes, and they curry leather, and they mend watches, and they sell medicines in the chemist's. What will we do when they have all been killed?'”

Of course, in reality Yekaterina Savelievna wrote no such letter. But this was a case of art transcending reality. It was part of Grossman's search for the expiation of his guilt, of his endless grieving for a death he felt he could have prevented. In 1950, on the ninth anniversary of the massacre, he penned a letter to his long dead mother, a reply to Anna Shtrum:

“Dear Mama,
I learned about your death in the winter of 1944. I came to Berdichev, entered the house where you used to live…and I felt that you had died. But as far back as September 1941 my heart already felt that you weren't here any more. One night at the front I had a dream. I entered your room. I knew for sure it was your room, and I saw an empty armchair, and I knew you had slept in it. A shawl with which you'd covered your legs was hanging down from the armchair. I looked at it for a long time, and when I woke up I knew that you weren't any longer among the living. But I didn't know what a terrible death you had suffered. I only learned about it when I came to Berdichev and talked to people who knew about the mass execution that took place on 15 September 1941. I have tried, dozens, or maybe hundreds of times, to imagine how you died, how you had walked to meet your death. I tried to imagine the person who killed you…

… I have not forgotten you and I have not been able to overcome your loss, and time has not healed the pain… I can feel you today, as alive to me as you were on the day when I saw you last, and as alive as when you read to me when I was a little boy. And my pain is still the same as it was on that day when your neighbour…told me you were dead. There was no hope of finding you among the living. And I think that my love for you and this terrible sorrow will not change until the day I die...”

In 1961, on the twentieth anniversary of her death, he wrote again to his mother:

“Dear Mama,
Twenty years have passed since the day of your death. I love you, I remember you every day of my life, and my sorrow has never left me in these twenty years… I last wrote to you ten years ago, and in my heart you are still the same as you were twenty years ago… As long as I am alive, you are alive too… When I die, you will continue to live in this book [`Life and Fate'], which I have dedicated to you and whose fate is closely tied with your fate.. My novel is dedicated to my love and devotion to people, and that is why it is dedicated to you. For me, you are humanity, and your terrible fate is the fate and destiny of humanity in this inhumane time.”

On 22/23 July 1944 the Red Army liberated the concentration and extermination camp at Majdanek, on the outskirts of Lublin. Although Grossman was available, he was not permitted to file a report of the event with Krasnaya Zvezda; that task was assigned to his rival, Konstantin Simonov. A few days later, Grossman did accompany troops of the 1st Belorussian Front as they arrived at the death camp at Treblinka. The Red Army managed to locate about forty survivors of the camp, who were interviewed by Grossman. The resulting piece, “The Hell of Treblinka” was the first comprehensive account of an Aktion Reinhard camp to appear in any language. Although subsequent research has corrected some errors Grossman made in his report, it remains an extraordinarily powerful and important piece of Holocaust documentation, so much so that it was produced in evidence before the post-war International Military Tribunal in Nürnberg.

In late 1943, Grossman had been invited by Ilya Ehrenburg to join the new Literary Commission, charged with reporting to the Jewish Anti-Fascist Committee (JA-FC). The Commission, officially created in spring 1944, existed for the purpose of collecting eyewitness and survivor testimony concerning the events of the Holocaust on Soviet soil, and to then edit and publish the evidence in a volume to be called “The Black Book”. Ehrenburg wrote:


“At the end of 1943 Grossman and I began compiling a collection of documents to which we gave the working title `The Black Book'. We decided to collect diaries, private letters, stories of potential victims or witnesses, who had somehow managed to escape the total destruction of all Jews carried out by the Hitlerites on occupied Soviet territory.”
It did not take long for the project to run into problems. The Soviet authorities were unhappy with the concept of a book devoted solely to Jewish persecution and suffering. Their philosophy was summed up in the phrase: “Do not divide the dead”. In what today would be termed “spin-doctoring”, the victims were to be recognized only as Soviet citizens; their nationality, race or religion was not to be publicised. Nor was that of those Soviet citizens who had collaborated with the Nazis. The politically sophisticated Ehrenburg quickly perceived the manner in which obstacles were developing. At a meeting of the Commission held on 13 October 1944, he reported his irritation at the slow progress the project was making:

“ I was told… that we should put the book together, and if it is a good book, then it will be published. Since the Germans are the authors of this book, not us, and its purpose is obvious, I do not understand what it means to say `if it is a good book.' After all, this is not a novel whose plot nobody knows ahead of time.”
Ehrenburg stressed to his colleagues that the manuscript must be quickly assembled and published before the war ended. He sensed that a book full of the kind of angry emotion that Grossman wished to produce, one that was devoted exclusively to Jewish victims and included mention of the widespread anti-Semitism of much of the Soviet population, would not find favour in official circles. For his part, Grossman felt that by devoting so much space to the survivors, they were losing sight of the victims:

“All the materials in our possession are accounts by people who managed to escape death by some miracle. But we also have the responsibility of speaking on behalf of those who lie in the earth and cannot speak for themselves. We must shed light on what happened to the 99% of those led off to Babi Yar, and not to the five people who escaped from Babi Yar.”
The wartime Soviet propaganda organisation, which was to be responsible for publishing “The Black Book”, was Sovinformburo, headed by Solomon Lozovsky. In March 1945, when he had seen the first drafts of the book , Lozovky wrote to Ehrenburg. From the contents of the letter, Ehrenburg knew that trouble was brewing. He wrote to Grossman, stating that it had been decided that “The Black Book” should be turned over directly to the JA-FC, and that the Commission should be dissolved. Ehrenburg resigned as chairman of the Commission; Grossman replaced him. It is evident that Grossman was driven to complete the book and see it through to publication, but in the increasingly hostile and overtly anti-Semitic post-war Stalinist climate, it soon became apparent that the book would never appear. In October 1947, the Commission was informed that the book contained “grave political errors” and was therefore banned. The JA-FC was disbanded (many of its members were subsequently arrested; a number were shot), and the type of “The Black Book” was broken up.

It was not the end of the story. In 1965, the bulk of the text of the book was delivered to Yad Vashem in Israel. Fragments of the manuscript were discovered from a variety of sources in a number of different countries, and in 1980 a reconstructed text was published in Russian. A year later an English translation appeared, but it was not until 1993 that a comprehensive and definitive edition of the book was published. As well as co-editing “The Black Book”, Grossman contributed several major texts to the book, “The Murder of Jews in Berdichev” and “Treblinka” perhaps being the most notable.

Grossman's post-war career initially flourished, but he was too honest in his writing to escape the wrath of Stalin and his successors for long. The poet Semyon Lipkin believed that it was Stalin's post-war anti-Semitic campaign that destroyed Grossman's belief in the Soviet system:

“In 1946... I met some close friends, an Ingush and a Balkar, whose families had been deported to Kazakhstan during the war. I told Grossman and he said: `Maybe it was necessary for military reasons'. I said: `...Would you say that if they did it to the Jews?' He said that could never happen. Some years later, a virulent article against cosmopolitanism appeared in Pravda. Grossman sent me a note saying I had been right after all. For years Grossman didn't feel very Jewish. The campaign against cosmopolitanism re-awoke his Jewishness.”
It was almost certainly only Stalin's death in 1953 that prevented Grossman's incarceration and probable execution. The manuscript of his masterpiece, “Life and Fate”, one of the greatest novels of the twentieth century, was completed in 1960 and submitted to the literary journal Znamya. A year later, “Life and Fate”, somewhat unusually for a book, was “arrested” by the KGB. Not only the manuscript, but even sheets of used carbon paper and typewriter ribbons were confiscated. Grossman was informed that the book could not be published for two hundred years. However, a microfilm of the novel was smuggled to Switzerland by Vladimir Voinovich, a leading dissident. A Russian version appeared in 1980, quickly followed by translations into French, German, English and many other languages. The significance of “Life and Fate” was immediately recognized. Grossman's “crime” lay in acknowledging the parallels between Nazism and Stalinism. Although “Life and Fate” is ostensibly mainly concerned with the battle of Stalingrad, it is in the triumph of man's humanity, the need to fight totalitarian ideologies and the power of the state, the necessity for compassion and kindness in everyday life that Grossman's genius shines through.

Grossman never lived to enjoy the recognition his talent deserved. He died of cancer of the stomach on 14 September 1964. For 15 years, until the publication of “Life and Fate” in the West, he was the forgotten man of Russian literature; he had become a “non-person.” But the man who never practiced Judaism, was confused as to his Jewish identity and had initially eagerly embraced Communist ideology, ultimately recognized his heritage. His final wish was to be buried in a Jewish cemetery, to rest for eternity with the Jewish people he had learned to love, even as he recorded their extinction. Fate, however, had one more cruel trick to play on him. Olga disregarded his instructions. He was cremated and his ashes buried in Moscow's Troekurovskoe cemetery, yet one more victim of the wolfish century.

Sources and Further Reference:
Beevor, Anthony & Vinogradova, Luba, eds. A Writer at War – Vasily Grossman with the Red Army 1941-1945, The Harvill Press, London, 2005

Ehrenburg, Ilya & Grossman, Vasily, eds. The Black Book: The Ruthless Murder of Jews by German-Fascist Invaders Throughout the Temporarily-Occupied Regions of the Soviet Union and in the Death Camps of Poland During the War of 1941-1945, Holocaust Library, New York, 1981

Garrard, John & Garrard, Carol. The Bones of Berdichev: The Life and Fate of Vasily Grossman, The Free Press, New York, 1996

Grossman, Vasily. Life and Fate, The Harvill Press, London, 1995

Gutman, Israel, ed. Encyclopedia of the Holocaust, Macmillan Publishing Company, New York, 1990

http://www.berdichev.org/index.html

http://en.wikipedia.org/wiki/Vasily_Grossman

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Publicado en línea por jewishgen.org, con textos acerca del Holocausto

Imagen 1: Vasily Grossman, en una cubierta de la revista RADAR
Imagen 2: Marc Chagall/La tienda del pueblo, 1911
Imagen 3: Guillaume Ribot/Mass Grave at Simferopol, Ukraine, 2006

Thursday, August 5, 2010

En el país de los cuentos


Knut Hamsun


XV

Son las siete y media de la mañana. Bakú está envuelto en una nube de polvo blanco. Todo aquí es blanco o gris; el polvo cubre hombres, bestias, casas, cristales, así como las raras plantas y arbustos del parque. Parece un mundo completamente al revés, en el que todo es blanco. Escribo en el polvo, del que está cubierta la mesa del hotel, pero al cabo de un rato, las líneas desaparecen, borradas por otro torbellino de polvo. Además, un olor a aceite apesta toda la ciudad. Está por todas partes, por las calles y por las casas. El aceite mineral se mezcla con el aire que se respira, y antes de acostumbrarse se tose mucho. El aceite se mezcla también con el polvo de la calle, y cuando sopla el viento, lo que ocurre casi siempre aquí, aquel polvo saturado de aceite deja manchas grasientas en los trajes. Nos parece aquél el sitio más desagradable de los que hemos visitado, aunque desde nuestras ventanas podamos contemplar el mar Caspio.
Bakú, con sus ciento veinticinco mil habitantes, es el puerto más importante del mar Caspio. En el puerto hay gran movimiento de barcos, de trenes, de grúas. Produce un efecto extraño ver, en medio de aquella batahola, ante cada almacén, una larga hilera de camellos arrodillados, a los cuales cargan con mercancías. El camello puede tener una mala mirada cuando lo maltratan. Vi un día a un camello al que hicieron levantar a la fuerza, cuando estaba medio cargado, y volverle a levantar en seguida. Obedeció, pero no sin que protestara y pareciera querer vengarse. Enseñó los gruesos molares amarillos, y una expresión dura y feroz pasó por sus ojos, y observándole, vi que volvía a abrirlos para seguir con mirada rencorosa a su verdugo.
Fuimos a Chorny Gorod, la ciudad negra, el barrio de Bakú en que tienen su residencia las compañías de petróleo.  
Un cochero persa nos condujo; aquí todos los cocheros son persas. Van a gran velocidad, y como no se les puede convencer o no comprenden los signos ni los gestos que multiplica un cristiano para que modere la velocidad de sus animales, no quedan más de dos recursos: o callarse, o saltar del coche. Por signos claros y comprensibles expliqué al cochero que los caballos eran nuestros semejantes; que, según los análisis más recientes, tenían también alma y que eran, por tanto, casi hombres; pero aquel maldito persa se echó a reír de mis teorías occidentales y continuó su marcha vertiginosa, ya sobre una rueda, ya sobre la otra, al conducirnos a la ciudad negra. Le hicimos parar, pagamos la carrera y nos pusimos a esperar el tranvía de vapor. ¡Pero no creáis que el cochero aprovechó en algo aquella lección! Había llevado ya muchos ingleses y conocía sus excentricidades. Sobre el pescante empezó a comer el almuerzo, después de haber sacado de la caja del coche algunos trozos de pan blanco y un racimo de uvas, a los cuales mordía alternativamente. Pensamos en los cocheros de nuestro querido clima de carnívoros.
El tranvía de vapor nos llevó al punto de destino. La ciudad negra está minada por tubos, por los que corre el petróleo; la línea del tranvía cruza por encima de pequeños estanques grasientos de delicados reflejos metálicos y que surgen del suelo murmurando. Aquí hay aún peor olor que el la ciudad. Aunque la región no está compuesta más que de aceite y arena, se veía, sin embargo, un trocito de jardín cerca de cada casa, lo cual no ocurría en las regiones petrolíferas que vi en Pensilvania, y la gente iba vestida de otra manera: pobres y ricos llevan los trajes de seda cruda persa. Preguntamos por la casa de Nóbel. Era como si en Cristianía se hubiese preguntado por el castillo. Allí encontramos al ingeniero y a su familia, que habían sido nuestros compañeros de viaje a través de Rusia; su casa era acogedora y detrás de ella existía un jardín, en que la señora misma había creado allí un hogar amable y bonito; pero, a veces, cuando el olor exterior les llegaba demasiado fuerte, tenían que cerrar las ventanas.
Y debía de ser muy molesto tener las ventanas cerradas con aquel calor. El ingeniero había tenido la fiebre caucasiana todos los años que había pasado allí. Se le quitaba, durante las vacaciones, en Finlandia, en el verano, y volvía a apoderarse de él a su regreso a Bakú. El ingeniero me enseñó los numerosos talleres y oficinas de la empresa gigantesca. La casa tiene fraguas propias, fundiciones, talleres de construcción, de carpintería, oficinas de dibujo. Hay finlandeses, suecos, daneses empleados en las distintas secciones del establecimiento. Me enseñó también el ingeniero las fábricas. Había allí hornos tan terribles, que quedé aturdido; en ellos, el calor sube a cuatrocientos grados. En aquella temperatura al rojo vivo, surgía un sonido de la incandescencia furiosa que parecía girar como si tuviera ruedas. Me lancé hacia la puerta, perseguido por aquel silbido blanco, y no me detuve hasta encontrarme en un taller en que me fue posible ver y oír al modo de los hombres.

El ingeniero me daba informes de todo. Pero cuando me disponía a tomar notas, me regó amablemente que me abstuviese pues ignoraba si sería del agrado de los patronos. Evite pues, escribir a la vista de todos, y garrapateé furtivamente en mi carnet, que llevaba oculto por la espalda. Era aquel un trabajo difícil y lento. Por no poderlas anotar rápidamente, perdí muchas contestaciones a mis preguntas. Además, mis letras se convirtieron en ilegibles hasta parecer absurdas; se asemejaban mucho a los enigmas de los libros que tenían los escribientes en Tiflis. Y, finalmente, tuve que concretarme a notas tan sumarias, que resultaban ininteligibles. Así, por ejemplo: ¿Qué significa la nota siguiente: veintiséis calderas de vapor? No lo sé. Aquel número de calderas podía dar una idea del poder de la casa, pero que me perdonen por no saber dónde están colocadas, para qué sirven y por qué las calientan sin descanso.
Nóbel era un hombre rico; por consiguiente, podía procurarse un número considerable de calderas de vapor. Las calderas de vapor le agradaban y le gustaba poner fuego debajo. Dándose cuenta Sully-Proudhomme no tenía fuego en su caldera, le dio un centenar de miles de coronas para que pudiese encenderla.
Entre mis notas hay otra frase, redactada así: “Trece clases vasos color añil.” Igual oscuridad. Puedo comprender a Nóbel meditando sobre los colores. ¡Aquella maldita ciudad de Bakú es de un blanco calizo que hace perder la cabeza! Pero me parece exagerado dotarla de trece diferentes especies de añil. Nóbel no tiene dinero suficiente para hacerlo. Sería un derroche. Confieso que mis notas me parecen mal tomadas; las líneas hacen zigzags que me parten el corazón, y creo que el añil se ha equivocado de línea. No me acuséis de ligereza al estudiar mi diario, describo conscientemente los sitios confusos, con alegría de sabio cuando descubro la observación justa. Lo justo sería, a mi parecer, lo siguiente: el ingeniero me condujo en un principio a un edificio; allí iba a desparramarse un puré pardo verdoso que no parecía ser más estimable que el barro ordinario, pero era la materia prima, la nafta. Y en aquel edificio destilan el puré y lo convierten el bencina, en gasolina, en ligorina, etc. Después me llevó a otro edificio paras enseñarme en qué podía transformarse inmediatamente la nafta en bruto, con enumeración de cantidad de aceites, cuyos nombres no puedo descifrar en mi cuaderno de notas.
No me era cómodo escribir todo aquello por la espalda, y me limité a decirle que me parecían demasiados productos para ser obtenidos de aquel barro. “¿Demasiado productos?”, me dijo el ingeniero, enseñándome un estante en que estaban trece clases diferentes en vasos.  Entonces retrocedí algunos pasos y tracé las líneas en el cuaderno.
El ingeniero continuaba explicándome todo lo que tenía relación con la nafta. “Cuando todo se ha extraído ya, vea usted lo que queda.” Entonces me enseñó grandes recipientes que contenían un producto que se llamaba grasa metálica. He oído hablar de muchas clases de grasas: grase de cerdo, grase de arenque, grasa cadavérica, pero nunca de grasa metálica. Allí estaba. Era una pomada repugnante a la vista. ¡Y aquel residuo tan pobre, al parecer, que provocaba la burla, era el producto principal!
- Antes lo echábamos al agua -me dijo-; ahora lo empleamos como combustible; sirve para calentar las calderas y para hacer andar los vapores y los ferrocarriles. Nosotros surtimos a los vapores fluviales del Volga. 
- ¡Caramba!-dije. 
- Y desde hace poco extraemos también el color añil -prosiguió.
Entonces debía anotar el color añil en el cuaderno, y aquellas palabras cayeron en una línea que no les correspondía.
El ingeniero regresó con nosotros a la ciudad y nos sirvió de guía. Hacía un calor asfixiante, y adquirí en una tienda una blusa de seda amarilla. Lo cual me dio un aspecto raro, pero la existencia me pareció más agradable desde el momento en que me desposeí de la ropa del Norte. Y, como complemento, me regalaron un abanico.
Por otra parte, aquí iban todos vestidos pintorescamente; la ciudad es tan persa que no se la puede llamar europea, y tan europea, que no se la puede llamar persa. Frecuentemente se ven trajes de seda; hay señoras que, por encima de las ropas bordadas a mano llevan chapucerías berlinesas. Señores con trajes de tusor persa llevan corbatas alemanas de algodón abigarrado. En el hotel, preciosos tapetes persas cubrían las escaleras y las habitaciones; las sillas y los sofás tenían mantas persas, pero la madera de las sillas y de los sofás era de las llamas de Viena, así como el tocador, con su tabla de mármol encima. Y el patrón llevaba lentes de moldura de oro…
Nos hicimos llevar al castillo, situado en el centro del antiguo Bakú, edificio colosal de estilo prebizantino, muy extremado. Encierra el palacio del Kan y dos mezquitas. El palacio del Kan sirve actualmente de depósito militar y hace falta el permiso del comandante para poder verlo. Para pedirlo, era necesario pasar tarjeta, y yo no tenía tarjetas. Me encontraba, pues, en mala posición frente al oficial de guardia. Pero ya que en vladicáucaso me había sacado de apuros la tarjeta de Wentzel Hagelstam, porbé entonces con la de su esposa. Y presentó al oficial de guardia ñeque estaba escrito. Fru María Hagelstam. Hizo una señal aprobativa con la cabeza y me pidió el pasaporte. Que Dios me asista, me dije, al presentar el pasaporte. A ver si sale bien mi recurso de astucia. No tenía gran confianza. El oficial de guardia regresa, me devuelve el pasaporte y da la orden a un teniente para que nos sirva de guía. Estaba salvado. El teniente saluda y nos acompaña. Un cosaco armado hasta los dientes marcha detrás de nosotros. Sin embargo, mi compañera había quedado fuera y no había tomado parte en mi tormento.

XVI
Después de media hora de marcha, se ve al mar bullir, formando remolinos negros. Aquellos remolinos cambian, se mueven, se confunden con otros remolinos; movimiento incesante que hace pensar en las auroras boreales. Se enciende un puñado de paja, que se arroja a los remolinos, e inmediatamente salen llamas del mar por aquel lado. El mar brilla. Aquellos remolinos negros son gases de nafta. Y tenemos que dar bordadas sobre las llamas para que el movimiento de la hélice apague el fuego.
Llegamos y desembarcamos. El terreno es húmedo y aceitoso. Cuando se anda, la arena parece jabón, y de ella se desprende un fuerte olor a nafta y a petróleo que produce dolor de cabeza a los que nos estamos acostumbrados. El territorio está dividido en cuencas, en lagos rodeados por murallas de arena, pero es difícil cerrar el paso al aceite, que se filtra por las murallas y también las convierte en húmedas y grasientas.
La nafta bruta fue conocida en la antigüedad por los griegos y por los judíos, y en esta península de Apcherón, los habitantes la emplearon como combustible y alumbrado. Pero hace únicamente treinta años que se fabrica petróleo. Sin olvidar las trece clases de vasos, que son productos aún más recientes.
Ahora hay aquí, en cuanto abarca la vista, una ciudad de torres de perforación. Es la ciudad más increíble y más desagradable que se pueda imaginar; está compuesta exclusivamente de torres negras, grasientas, en armaduras rudimentarias. En el interior, las máquinas trabajan rabiosamente de noche y de día; los obreros tienen que gritar para cubrir el ruido de las máquinas; las torres tiemblan sobre los enormes pozos que taladran la tierra. Los obreros son tártaros o persas. Entramos a una torre. Ni sombrero choca contra una viga, y, viéndolo negro y grasiento, parece estropeado para siempre. Pero me aseguran que en las fábricas de Bakú lo limpian muy fácilmente. El ruido es ensordecedor, tártaros sombríos o persas de piel amarillenta se encuentran cada uno delante de una máquina, atentos a su trabajo. Y se ve la nafta bruta que sale a chorros; un aparato desciende al interior de la tierra y sube, al cabo de unos cincuenta segundos, con mil doscientos litros de nafta, y así día y noche, sin interrupción. Pero aquel agujero a costado mucho dinero. Tiene quinientos metros de profundidad, se ha tardado un año en abrirla y ha costado sesenta mil rublos…
No siempre ha conocido aquel sitio el estruendo de las máquinas. Fue América la que vino a profanarlo, trayendo su bramido al santuario. Porque éste es el hogar del fuego eterno de la antigüedad. Aquí no puede librarse nada de América: el método de perforación, las máquinas, hasta el producto destilado, todo pertenece a América. Los macabeos para purificar el templo, no quemaban más que agua espesa. Y cuando, fatigados por el estrépito y medio ciegos por el gas nafta, dejamos aquellos lugares, embarcamos en un vapor tipo Roberto Fulton.
Mañana visitaremos Surakani, donde dicen que existe, ¡alabado sea Dios!, un templo del fuego.
XVII
Estamos en el sitio que inspiró al Cristianismo la idea poética del fuego eterno. Aquí existía bajo tierra el fuego que no tenía necesidad de ser alimentado; ardía solo, sin extinguirse jamás: era el fuego sagrado. Los antiguos eran unos pobres sabios: ignoraban que la nafta provenía de la vegetación prehistórica, como la hulla. Ni siquiera sabían que la ciencia adoptó en seguida otra teoría: esto es, que se debe la nafta a las materias animales acumuladas en el seno de la tierra, o concretando más, al pescado. Los antiguos tenían el cerebro muy limitado en cuestión de ciencia. Conocían únicamente esta agua cenagosa, le prendieron fuego y ardió, ardió eternamente. Atribuyeron aquel fuego a Mitra, al sol, el cual también ardió eternamente y era la imagen de Dios. Y aquella agua fue sagrada, la adoraron y se dirigieron en peregrinación a aquellos lugares. Y porque alguien levantó un templo sobre aquel fuego, se lo agradecieron extremadamente.
Un puñado de estos últimos habitaron hasta nuestros días cerca de aquel templo del fuego, en Bakú. Los parsis de la India y los guebros de Persia venían aquí a rezar. Para aquellas almas justas, Mitra seguía siendo el de siempre, el Dios supremo, eterno como el sol y como el fuego eterno. Jamás se ofreció al hombre otro lugar más sagrado. Aquellos mahometanos advenedizos iban a Medina en peregrinación, y en medina sólo había una tumba, pero allí estaba el fuego viviente, una especia de sol en la tierra: Dios. Los peregrinos, desde muy lejos, desde que divisaban la blancura del templo, se prosternaban, experimentaban un estremecimiento y se acercaban humildemente hasta el santuario, con una multitud de genuflexiones. Aquellos fieles eran en aquel entonces pobres y miserables, porque su pueblo estaba sujeto a advenedizos que los había relegado a un extremo del país, pero en su corazón les quedaba el poderosos consuelo  de que eran ellos, y no los demás, los que creían en el Dios verdadero.
Los califas mahometanos y los Shas de Persia les perseguían cuando se encaminaban hacia su templo blanco; pero era tan grande su fe, que preferían cubrirse con los impuros trajes del advenedizo y viajar disfrazados, que renunciar a su peligroso viaje a Bakú. A la llegada al templo, les esperaban en aquella morada bendita, muchas celdas pequeñas y chozas donde alojarse. En cada celada una llamita de nafta ardía perpetuamente. Y allí, con el rostro contra el suelo, aislados del mundo, se proternaban aquellos guebros y aquellos parsis. 
Un rugido: América desembarca. Y un año, al llegar, encontraron los peregrinos una fábrica de petróleo construida cerca del santuario. Los pequeños soles de las celdas se habían extinguido; las corrientes de gas habían sido dirigidas a la fábrica.
Entonces, poco a poco, guebros y parsis abandonaron aquellos lugares. Los advenedizos de oriente les habían perseguido, pero los advenedizos de occidente los habían vencido. Y derrotados, se retiraron al extremo del país, qn que habían sido arrinconados. El santuario de Bakú ya no es más que una leyenda. Pero el fuego viviente seguirá siendo sagrado para ellos hasta el día en que desaparezca el último creyente. Porque son los adoradores de fuego.

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Imagen 1: Knut Hamsun
Imagen 2: Venta de alfombras en Ganja, s.XIX
Imagen 3: Bordados antiguos de Azerbaiján

Wednesday, August 4, 2010

Nacho Coronel, el capo en ascenso


Ricardo Ravelo

Nacido al amparo de Amado Carrillo Fuentes y considerado entre los más importantes líderes del cártel de Sinaloa, Ignacio Coronel Villarreal en dos decenios se convirtió en uno de los principales capos del narcotráfico del país y tiene, según las autoridades, poder suficiente para crear su propio cártel. La DEA y el FBI consideran incluso que el antiguo socio de los hermanos Beltrán Leyva, con quienes hoy protagoniza cruentas batallas en el estado de Jalisco, ha gozado de impunidad a lo largo de su carrera criminal.
En poco más de dos décadas, Ignacio Nacho Coronel Villarreal se consolidó como el cuarto hombre más importante del cártel de Sinaloa y logró ampliar sus actividades de trasiego de droga a gran escala hacia Sudamérica, Estados Unidos y varios países europeos, que hoy son las principales rutas de su boyante negocio.
Robert Mueller, director del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), incluso elaboró una ficha criminal en la que destaca que, por su gran capacidad, Coronel Villarreal puede constituir su propia organización criminal en un corto tiempo.
Conocido también como Ignacio Valdez Urrutia, Dagoberto Rodríguez Jiménez, Nachito, El Ingeniero y el King of Ice, el capo forma parte de la llamada Federación de Narcotraficantes que encabeza Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, a quien en marzo de 2009 la revista Forbes convirtió en multimillonario al atribuirle una fortuna de mil millones de dólares.
Al igual que sus pares, Coronel Villarreal es sigiloso y suele cobijarse en el misterio. Algunos documentos oficiales consignan que nació el 1 de febrero de 1954, aunque no mencionan el lugar. La PGR sostiene que es originario de Canelas, Durango, pero un reporte del FBI fechado el 17 de abril de 2003 –cuando se ofreció una recompensa de 5 millones de dólares a quien proporcionara datos para su captura– indica que es oriundo de Veracruz.
Aunque son pocas las fotografías de Coronel Villarreal, el FBI incluye una en la que se le observa de barba cerrada y vestido con una camisa y un sobretodo oscuros. La imagen va acompañada de la descripción física del capo: pelo castaño, ojos cafés, raza “blanco hispano” y 143 libras de peso. ¿Su oficio?: “Hombre dedicado a los negocios”.
En los ochenta, cuando Coronel inició su carrera delictiva, era el cabecilla del cártel de Juárez en Zacatecas. Trabajaba entonces a la sombra de Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, y de Eduardo González Quitarte, El Flaco, quien fue publirrelacionista de esa organización criminal hasta 1997.
Tras la muerte de Carrillo Fuentes, Coronel Villarreal, Juan José Esparragoza Moreno El Azul e Ismael El Mayo Zambada se desligaron de ese cártel para sumarse al de Sinaloa, que recobró su poder en 2001 luego de que El Chapo Guzmán se fugó del penal de Puente Grande, Jalisco.
En aquella ocasión, junto con Luis Valencia Valencia, cabeza del cártel del Milenio, y Óscar Nava Valencia, El Lobo –ambos vinculados con los hermanos Beltrán Leyva–, Coronel protegió al Chapo. Años después, cuando los Beltrán Leyva rompieron con Guzmán Loera, Nacho Coronel se mantuvo firme en el cártel de Sinaloa. Hoy, sin embargo, opera en El Molino, un municipio cercano a la ciudad de Zapopan, Jalisco, según datos de la PGR.
No obstante su filiación al clan sinaloense, la Drug Enforcement Administration (DEA) y el FBI sostienen que desde la década pasada Coronel consolidó su poder y es capaz de “operar con luz propia”.
“Ha incrementado su poder desde la década de los noventa y ahora es la cabeza de una célula poderosa en México, trabaja directamente con fuentes de abastecimiento colombianas que lo surten de cientos de toneladas de cocaína”, según la ficha criminal elaborada por las autoridades de Estados Unidos.

El despegue
Hábil en el trasiego de droga, Nacho Coronel amplió su abanico de actividades en los últimos años: hoy, además de cocaína, trafica con metanfetaminas y cuenta con decenas de laboratorios clandestinos a lo largo del territorio nacional, lo que le permite controlar más de 50% de la producción de drogas sintéticas, según la DEA.
En investigaciones federales se le menciona incluso como presunto socio del empresario de origen chino Zhenli Ye Gon, acusado de introducir efedrina al país con apoyo gubernamental y a quien se le decomisaron 205 millones de dólares en 2007, al parecer producto del narcotráfico, en un cateo a su residencia de Las Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México.
Formado a la sombra de Carrillo Fuentes, Coronel también supo abrevar de los hermanos Beltrán Leyva, pero cortó con ellos en enero de 2008, cuando decidieron separarse del cártel de Sinaloa. Según el FBI, Coronel “promueve sus actividades de narcotráfico por medio del soborno, la intimidación y la violencia”.
A pesar de que Coronel se inició en el negocio del narcotráfico desde muy joven, no fue sino hasta diciembre de 2003 cuando la Corte del Distrito Oeste de Texas lo acusó por primera vez de tráfico de sustancias ilegales y de conspiración para poseer e importar precursores químicos controlados, con el presunto fin de producir drogas sintéticas, uno de sus prósperos negocios.
Según la ficha de búsqueda del FBI difundida en Estados Unidos, Coronel se convirtió en años recientes en el capo que mejor compite en la producción y distribución de sicotrópicos sintéticos. 
Los organismos estadunideses lo llaman King of Ice o King of Crystal, un apelativo que no usan sus allegados, quienes prefieren llamarlo El Ingeniero Coronel Villarreal, Nacho Coronel o Nachito Coronel: en el mundo donde él se desenvuelve lo conocen como El Cachas de Diamante, al parecer por su afición a las armas recubiertas de oro o diamantes, el sello distintivo de los empresarios del narco y sus poderosos sicarios.
La PGR asegura que, como engrane del cártel de Sinaloa, Nacho Coronel controla buena parte del Pacífico mexicano desde el occidente. Su feudo, agrega la dependencia, es el estado de Jalisco, cuna de capos famosos, como Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo; cuenta también con el apoyo de cuerpos policiacos y elementos del Ejército en Durango, Sonora, Michoacán, Guerrero y otras entidades del sur del país.
Durante la etapa de esplendor de los hermanos Héctor y Arturo Beltrán Leyva, cuando aún eran parte del cártel de Sinaloa, Coronel gozó de la protección oficial, pues se mantuvo a la sombra del poder. Algunos de sus socios en el lavado de dinero son beneficiarios de programas gubernamentales destinados al campo y a la ganadería.
Entre ellos destacan los hermanos Jesús Raúl, Francisco Amado y Marco Antonio Beltrán Uriarte, también de Sinaloa, quienes a pesar de estar señalados como lavadores de dinero proveniente del narcotráfico, durante el sexenio de Vicente Fox recibieron apoyo de cuatro programas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).
En diciembre de 2006, el semanario Zeta de Tijuana publicó un reportaje en el que mencionó que los hermanos Beltrán Uriarte fueron detenidos por el Ejército tras el cateo a tres inmuebles, en los que se hallaron 2 millones de dólares y poco más de 1 millón de pesos en efectivo.
Poco antes del arresto de los tres hermanos Beltrán Uriarte, inteligencia militar identificó a Jesús Raúl como el operador de Coronel en el trasiego de droga vía marítima y aérea desde Centro y Sudamérica.
Documentos de la PGR y de la Secretaría de Seguridad Pública federal señalan que los Beltrán Uriarte son oriundos de Angostura, Badiraguato y Mocorito, Sinaloa; otros familiares suyos se afincaron en Guadalajara, donde hoy son parte del entorno que controla Coronel.
A los Beltrán Uriarte se les ha identificado desde hace años con el blanqueo de capitales, aunque ellos lo niegan. Dicen que su fortuna proviene de sus prósperos negocios ganaderos y agrícolas, que en realidad son empresas fachada, según los expedientes federales.
Otro de los hermanos Beltrán Uriarte, Miguel, conocido como El Veterinario, está incluido en la averiguación previa 2984/2002 por su presunta vinculación con el llamado narcobatallón militar que en octubre de 2002 fue desmantelado en Guamúchil, Sinaloa, por brindar protección al narcotráfico, en particular a la célula de los Beltrán Leyva y del propio Coronel.
A pesar de esos antecedentes, los Beltrán Uriarte aparecen en el padrón de productores que se benefician de los programas oficiales destinados al campo. Según el semanario Zeta, en 2004 Francisco Amado recibió subsidios del Procampo para cultivar 70 hectáreas de pasto perenne de temporal. Su folio era el 500718268.
Su hermano Miguel cultivó tres hectáreas de sorgo. Su folio en el Procampo era el 500718278; Jesús, otro miembro del clan, sembró siete hectáreas de maíz de temporal. Es beneficiario de ese programa gubernamental y su número de registro es 500718280.
Y a la par que las actividades ganaderas de los hermanos Beltrán Uriarte estaban en pujanza, se consolidó su relación con Nacho Coronel, por lo que se mudaron a Jalisco, donde presuntamente invirtieron buena parte de sus ganancias ilícitas.

Los exsocios
Todo iba bien para Nacho Coronel y sus aliados en el cártel de Sinaloa hasta que a principios de 2008 decidió romper relaciones con sus antiguos mentores, los hermanos Beltrán Leyva, por discrepancias en una operación que Coronel terminó por controlar. Poco después, los Beltrán Leyva anunciaron su salida del cártel de Sinaloa.
Esa ruptura puso al descubierto las relaciones que esa organización mantenía con el poder político desde hace años, en particular con altos mandos de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).
La PGR se enteró de esa división por el testimonio de Fernando Rivera Hernández, un capitán del Ejército que hoy está en retiro. Según la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/166/2009, Rivera Hernández, presunto protector de los hermanos Beltrán Leyva, cuenta que el pleito entre éstos y Coronel era tan fuerte que incluso Arturo Beltrán, El Barbas, ordenó ejecutar a su rival.
La orden de Arturo Beltrán Leyva era “pagar lo que fuera necesario a nuestros contactos para hacer ese jale pendiente con Nacho Coronel y ayudar al gobierno a que capturaran al Chapo Guzmán”, relata el militar en la indagatoria citada.
Y agrega. “En febrero de 2008, El Diecinueve, un sicario al servicio de los Beltrán Leyva, al que le apodaban así porque había perdido una falange, me pidió que junto con mi grupo de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada nos dedicáramos a la búsqueda de Nacho Coronel, ya que este narcotraficante y su gente habían traicionado a don Arturo Beltrán, y que por ello querían cobrar venganza”.
Rivera Hernández asegura también que por ese trabajo los Beltrán Leyva le iban a pagar 350 mil dólares. Aunque aclara: “Nunca se realizó ese jale”. Pese a esos antecedentes, durante 2008 y 2009 Coronel nunca fue molestado por ninguna autoridad; por el contrario, fueron Los Zetas los que intentaron asesinarlo en varias ocasiones.
Tras su salida del cártel de Sinaloa, los hermanos Beltrán Leyva se acercaron a Los Zetas y, juntos, se apropiaron de Durango. Con ello se intensificó la guerra entre los cárteles por el control de otros territorios, como Jalisco, Michoacán y Guerrero. A la par, se desataron las matanzas y las traiciones.
Apenas a principios de abril, por ejemplo, presuntos sicarios de Los Zetas, los nuevos aliados de los Beltrán Leyva, asesinaron a Alejandro Coronel, de 16 años. La PGR informó que el joven era hijo del capo y que había sido secuestrado poco antes de su ejecución.
Sicarios al servicio de Coronel contraatacaron. En Nayarit asesinaron a 10 personas e incineraron sus cuerpos para evitar que las autoridades las identificaran; semanas después levantaron en Sonora a Clara Elena Laborín Archuleta, esposa de Héctor Beltrán Leyva, El H.
Coronel le perdonó la vida. Y dejó un narcomensaje en el lugar donde la liberó, dirigido a El H: “Nosotros te vamos a enseñar a ser hombre y a respetar a la familia, asesino de niños. Aquí está tu esposa, por la que te negaste a responder: te la entrego sana y salva para que veas y aprendas que para nosotros la familia es sagrada”.
En marzo último, el entorno de Coronel comenzó a ser golpeado después de varios años de inmunidad. José Antonio Escareño Aviña, El Pelón, exsocio de los hermanos Valencia y operador de Coronel, fue capturado por elementos de la Policía Federal en Puerto Vallarta, Jalisco.
Buscado por la DEA y el US Marshals Service, en Estados Unidos a Escareño Aviña se le considera pieza clave en la exportación de drogas sintéticas de México, donde contaba con amplias conexiones desde 1992.
Coronel también fue golpeado el pasado 21 de enero, cuando cuatro integrantes de su banda: Raymundo Larios Vizcarra, Ernesto Coronel Peña, José Jaime y Juan Ernesto Coronel Herrera –estos tres, familiares del capo–, fueron detenidos. Se les acusó de lavado de dinero y delitos contra la salud.

Rumores
Las luces intermitentes se encendieron el 20 de mayo, cuando circuló en los medios jaliscienses la versión de que en Zapopan había sido detenido Nacho Coronel por agentes de la SIEDO y un grupo de marinos. El secretario de Gobierno del estado, Fernando Guzmán Peláez, alimentó el rumor al declarar: “Sí, podría estar detenido Nacho Coronel”; pero luego se desdijo: “No podemos confirmar ni descartar nada”.
Al final se supo que la Secretaría de Marina y la PGR habían realizado un operativo conjunto en el municipio de Juanacatlán y en la zona metropolitana de Guadalajara para detener a Coronel y a sus secuaces, pues el capo tiene dos órdenes de aprehensión giradas por los jueces de distrito Tercero y Cuarto, respectivamente, en el penal de Puente Grande, Jalisco.
Una de esas órdenes de captura es con fines de extradición a Estados Unidos, donde tiene cuentas pendientes con la justicia. En ese país se le acusa de varios delitos relacionados con la delincuencia organizada, así como de privación ilegal de la libertad, secuestro, enriquecimiento inexplicable y lavado de dinero, según confirmó el reportero en la SIEDO.
Casi de manera simultánea, el 21 de mayo otro escándalo sacudió al país: el secuestro de Diego Fernández de Cevallos. Al principio la PGR guardó silencio, sobre todo ante las versiones de que tras el plagio del exsenador panista estaba el cártel de Sinaloa y que la organización intentaba forzar al gobierno para que entregara a Coronel.
Los días posteriores, inmersa en una maraña de versiones encontradas, la PGR aclaró que Coronel no estaba detenido, pero que sí realizó varios operativos para capturarlo. Hoy, a dos meses, se desconocen los pormenores de la supuesta detención de Coronel y del plagio de Fernández de Cevallos, quien, según sus captores, aún está vivo, como informó La Jornada el jueves 15.
Sobre este punto, el investigador Edgardo Buscaglia, del Instituto Tecnológico Autónomo de México, comenta que en México el crimen organizado es tan poderoso que existe la posibilidad de que el narco fuerce al gobierno a soltar capos a cambio de la liberación de políticos secuestrados.
–¿Podría ser el caso de Diego Fernández de Cevallos? –se le inquiere.
–No lo sé, pero en un país donde las redes criminales mantienen secuestrados a los hombres del poder político y han feudalizado amplios territorios, todo es posible.

(*)Este reportaje se publicó en la edición 1759 de la revista Proceso, 18 de julio 2010

Imagen: Fernando Botero sobre la violencia en Colombia
Imagen 2: Alegoría de la muerte, Tomás Mondragón, 1856