Thursday, August 29, 2019

Un paseo (la brigadilla del amanecer de Jordi Gracia)


MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ

El escritor Miguel Sánchez-Ostiz, visto por Sciammarella.

Una excelente caricatura para ilustrar un artículo publicado en Babelia, firmado por Jordi Gracia, que destila bilis y mala idea a cada párrafo, falta de decoro académico, despliegue de prejuicios y sobre todo, mentiras. Hacía tiempo que no veía tantas ganas de fastidiar y de dar rejón con paternalismos de sandiosico y psicologismos de barbecho, aprovechándose de un viejo trato personal despeñado, amén de prejuicios y antipatías de cotarro.

Podía haberlo dejado pasar, pero esta vez me ha parecido demasiado abusivo lo publicado. Lo que ha escrito Jordi Gracia es una canallada y él lo sabe, disfraza un ataque personal de crítica literaria. Tiene guasa. Pobre diablo, de adulador sin recato a perdonavidas y  a zafio puntillero  de papel impreso. Menudo carrerón.

ITEM MÁS (en general): si a mí se me acusa de insultar, difamar o de «meterme con» alguien, lo mínimo que se puede hacer es señalar la página, el párrafo, la línea o la página informática de la que no hay quien no haya hecho pantallazo. Pero no, lo que cuenta es inventarse el agravio, buscarse palmeros y emplearse a fondo en la difamación y el descrédito. Muy honorable todo, mucho.

Jordi Gracia debe saber que acusar a alguien de conducta poco decorosa sin aportar pruebas suficientes es difamación, y si la acusación es de alguna conducta prevista en el Código Penal, es calumnia, pero eso poco importa si tienes palmeros. A Gracia esto le importa un comino, con hacer daño le basta. Lo mismo cuando dijo que una novela de ficción autobiográfica era un dietario, demostrando no haber abierto el libro, toda una manoletina de indecencia académica.

Su maestro Mainer fue igual, y puedo probarlo, cuando me acusó de meterme una vez más con Muñoz Molina en un libro en el que este no aparecía mentado ni de lejos. Como digo, puedo probarlo.

OTROSÍ DIGO. Esto que aquí publico lo traigo de Facebook, una de las redes sociales en las que participo, y en la que es del dominio público jamás, digo bien jamás, he atacado a los amiguetes del cotarro de Jordi Gracia. Por fortuna hay gente que puede que no tenga poder mediático, pero que cree en lo que digo y se atreve a apoyarme, como se ve en la captura de pantalla que adjunto.

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De VIVIRDEBUENAGANA (blog del autor), 04/08/2018

Wednesday, August 28, 2019

NADA QUE FINGIR

JORDI GRACIA

Ni del éxito ni del fracaso se redime nunca nadie porque no hay consuelo para la invisibilidad del escritor ni hay tampoco verdad en el éxito: ambas son constipaciones incontrolables de los organismos vivos, y la literatura lo es. Sánchez-Ostiz es un desconsolado habitual en sus diarios, y de su rabia nace buena parte de una salmodia adictiva y venenosa. A menudo deriva hacia la intemperancia y el insulto con nombres y apellidos y, entre rebeldías políticas e indómitas, pesa sobre todo el abatimiento privado por no figurar en otra escena literaria que la de sus propias melancolías.

Hay algo enfermizo en el autorretrato que desprenden sus potentes y dolientes cuadernos de escritura, o en sus más festivos libros de viajes. Pero soy de los que no se los salta, a pesar de la tenacidad asfixiante del síndrome del escritor silenciado. Sus neurosis son la munición y la gasolina misma que echa a andar sus libros, que han ido publicándose sin pausa, hace años ya que en editoriales de poca circulación, porque su literatura es enemiga natural del éxito mediático. No hay otra causa más enigmática ni conspiranoica que esa, y nada tiene que ver con su calidad pero sí con la policromía colérica de sus reflexiones. Sus últimas batallas novelescas han ido destinadas a la reconstrucción de un pasado de mentiras con vencedores franquistas y vilezas perpetuadas hasta el presente. Las evoca varias veces en el cuaderno Rumbo a no sé dónde, con el que desde Pamiela mantienen viva la voz de uno de los escritores más desapacibles de las letras españolas.

Contra tantas murrias como le abaten, ha tenido la buena fortuna de caer en gracia a nuevos editores, Limbo Errante, dispuestos a resucitar no ya su voz sino su obra más radical y pendenciera, Las pirañas (1993). Le pasó factura personal al escritor porque con ella se revisó a sí mismo pasando revista a los modos cochambrosos y corruptos de una ciudad, Pamplona, un entorno de poder y una sociedad retratada desde dentro en sus trapicheos. Las pirañas fue un experimento de radicalidad moral y literaria que descubrió a un escritor nuevo y valioso, ajeno a la “novela novelesca”, como la llama él, y entregado a la tauromaquia de su invocado Michel Leiris.

Lo ha seguido haciendo en sus diarios, y también en la novedad de un último poemario, Fingimientos y desarraigos. Vale como versificación de murrias que podrían ser fragmentos de sus diarios, excepto un poema, el mejor, que contiene su “biografía civil, privada, / doméstica incluso, biografía a secas”, sin la acritud depresiva, sin el rencor patente, sin las afiliaciones emocionales que pueblan tantas páginas de diarios obsesivos. Tiendo a creer que el autor se arrepentirá de muchas de ellas, aunque sin ellas la mitad de su valor desaparecería y el escritor sería otro, desleal consigo mismo. Es verdad lo que escribe en el prólogo a la edición revisada de Las pirañas, 25 años después, y sigue creyendo que “hay que jugársela” sin pensar en las consecuencias sociales ni los efectos personales de la aventura.

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De EL PAÍS, 06/08/2018

Imagen: El escritor Miguel Sánchez-Ostiz, visto por Sciammarella

Sunday, August 25, 2019

SUBLEVADOS


PABLO MENDIETA PAZ

La música no es solo sonido, también es silencio, un silencio singular, quieto, exclusivo, que de pronto, así como el crepúsculo cae lento y acaba en noche cerrada, es atrapado por una brisa que progresa en vientos huracanados que soplan al norte, hacia las cumbres fecundas. Y es entonces que todo se transforma en magia de músicas que se fusionan, que se enlazan como evocadores abrazos de silencio y sonido. Marcos Tabera los percibe, los recoge, los hace suyos con temperamento y emoción estética y los envuelve en la gente sublevada, aquella de semblantes ásperos, agrietados; gente cansada de cadenas que se equilibra en ritmo ternario y trepidante entre la encrucijada urbana y los herbazales que reposan mustios a los pies de los nevados eternos. Como si esto fuera poco, en el escenario de calles alquitranadas de la incierta y gran ciudad, el vendedor de sueños, el hacedor de nada, muy solo en la multitud -metáfora hallada- pregona remotas ilusiones sin reparar en cómo resuenan los tacos de los zapatos gastados, pares de piernas sin bitácora que van y vienen por la Plaza San Francisco; que suben y bajan los peldaños en edificios de rotos barandales por donde se desploman, con voz de agonía infinita, los sueños al vacío. Y regresan a los vecindarios sin saber de nadie, sin escuchar a nadie, como partes fragmentadas de un todo: la propia existencia.

Ahí están ellas, existencias marchitas recostadas al margen de las aguas ocultas como en invisibles barreras de juncos. De aguas eternas que, a sorbos, son bebidas por aves de rapiña mientras el lenguaje perfecto de la ejecución realza la belleza de la inspiración de dos tiempos que ensombrece la condición de arroyo semivacío. Solo un delgado hilo de agua corre por ahí. Poco a poco, va tornando en diamante cristalino que esta vez irá al corazón de la callada música que Marcos llena de acordes. Y sigue, y se remonta a un firmamento poblado de notas que van descolgándose desde la lejanía, desde una Louisiana de avenidas de asfalto y humo, de puentes y pretiles apretados, de postes de luces de neón, del blues nostálgico de puro lirismo, sin relato, expresivo de los meandros del Misisipi -adorno de líneas sinuosas y repetidas-. Compases en inequívoco patrón de estructura fluyen como desahogo espontáneo de la sensibilidad que alienta a Marcos a hermanar ese blues con el colosal ventisquero, con el quirquincho que da vida al charango. Todo ese torrente desemboca en plácido arte de forma simétrica, de vida en el pulso de la aurora que enrojece la puna, que agiganta el bravo sol. Marcos Tabera abraza ensoñaciones y domina aquel silencio, ahora todo colmado de sonidos y nostalgias temperadas de su propio mundo, de su alma de artista.

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Prólogo al álbum

Imagen: Marcos Tabera

Los 120 años de Jorge Luis Borges, el escritor que soñó con lo infinito


ENRIQUE PLANAS

Han pasado 33 años de su muerte, y su fama sigue extendiéndose. El mito de Jorge Luis Borges sobrevive a su polémica viuda María Kodama, a sus conservadoras opiniones políticas, al abuso del adjetivo “borgeano” o la repetición del tono mitológico y metafísico de sus cuentos por legiones de autores, apodados “borgesitos” que escribían sobre laberintos, tigres y espejos. Pero, sobre todo, ha sobrevivido a su estatua de sabio bibliotecario ciego, con bastón y traje. Un oráculo para la segunda mitad del siglo XX.

Ese retrato convencional oculta muchas veces al escritor nacido un 24 de agosto, hace 120 años. El autor de “Ficciones” o “El Aleph”, el artista ultraísta, el escritor que renovó la forma de hacer literatura fantástica, el género policial y el ensayista libre de cualquier actualidad periodística o política. ¿Ese Borges tiene hoy herederos?

El novelista Luis Hernán Castañeda se rebela ante el término “borgesito”, pues, según él, oculta una hipocresía: “Borges está en todas partes y en ninguna. También en uno mismo, solo hay que buscarlo. No hablo de la imitación de una fórmula, sino de una presencia más o menos palpable de arquetipos que Borges, sin haberlos creado, sí perfeccionó y destiló: la biblioteca, el laberinto”, afirma. En ese sentido, uno de sus mayores herederos, de manera muy consciente, podría ser un escritor como su paisano Ricardo Piglia, y también en los seguidores de éste.

Para el escritor y profesor universitario Jorge Valenzuela, tanto el “universo” borgeano, como el estilo de Borges son conquistas de una inteligencia fervorosamente escéptica. “Sus ficciones apelan a una enciclopedia muy ambiciosa para ser comprendidas y han sido producidas a partir de otros libros. En su obra confluyen la filosofía, la religión judía y las matemáticas, solo para citar tres fuentes importantes. Por todo esto, considero improbable, si no es por el camino de la ciencia ficción, que existan herederos de Borges”, señala.

Coincidiendo con él, la escritora Karina Pacheco señala que vivimos tiempos difíciles para los autores de caracteres borgianos, asombrosamente enciclopédicos, y a la vez metafísicos, oníricos, desbordantes de autenticidad y memoria. “Además de un don natural, se requiere de mucho tiempo y silencios”, dice. Más que autores, para ella podemos hablar de libros que trasuntan una herencia borgiana. “Sin afán de ser nuevos Borges, comparten con aquel respiros profundos de la humanidad y el universo”, afirma la autora cusqueña. En el caso de libros peruanos, ella destaca “Un único desierto” de Enrique Prochazka, o el más reciente “Fabulations” de José de Piérola, aún no traducido al castellano.

Radicada en Buenos Aires, la autora Karen Luy de Aliaga, confesa cortazariana, admite haber conectado con Borges tras descubrir “Otras inquisiciones” y releer “Ficciones”. “La influencia de Borges es infinita, él era como de otro planeta. En cada texto nos ha dejado pistas y claves de eterno descubrir”, advierte. Entre los autores argentinos que experimentan e intervienen sus cuentos para generar nuevas lecturas, ella destaca “El Aleph engordado” de Pablo Katchadjian, “Help a él” de Rodolfo Fogwill o “Erik Grieg” de Martín Kohan. ¿Se trata de herederos? La poeta y novelista prefiere citar al mismo Borges en “La flor de Coleridge”: “Quienes minuciosamente copian a un escritor, lo hacen impersonalmente, lo hacen porque confunden a ese escritor con la literatura”.

Para su colega Ricardo Sumalavia, la obra de Borges sigue propiciando distintos niveles de influencia. “El más chato, claro, es el que se ocupa de repetir (y mal) el fraseo borgeano o el que se regodea buscando más senderos a ese jardín. Pero hay quienes tratan de profundizar en sus ideas e intuiciones sobre el tiempo, el espacio y la frágil identidad del sujeto”, afirma.

El escritor Marco García Falcón apunta en ese sentido al señalar que la gran enseñanza de Borges radica en que un escritor es, ante todo, un lector. “Por ello, un heredero digno del maestro argentino aspirará a entregarnos una lectura del mundo, una lectura hipotética y parcial, que nos saque de la “realidad” para luego devolvernos a ella con una lucidez nueva. Borges nos hizo entender que la literatura no puede ser un mero reflejo de la realidad, sino la construcción de mundos posibles -alternativos- y una invitación a habitarlos. Nos inoculó la idea de que todo puede ser un misterio, de que hay un orden secreto de las cosas que no es posible capturar racionalmente, aunque sí vislumbrar a través del arte. Creo que los verdaderos borgeanos son los que conservan ese legado”, afirma.

—El Aleph no es Internet—
Publicado por primera vez en la Revista “Sur” en 1945, y recogido en el libro homónimo en 1949 editado por Losada, con el tiempo “El Aleph” se ha convertido en objeto de culto, un cuento paradigmático en la vasta biblioteca borgiana, al sintetizar las principales preocupaciones literarias del argentino: la ironía, el juego con el lenguaje y la erudición. Un culto que se fortalece en nuestros tiempos, cuando algunos consideran que Internet, Google y las redes sociales vendrían a encarnar aquella “pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor” como Borges describía la ventana luminosa desde donde su personaje, el poeta Carlos Argentino Daneri, podía atisbar todo el conocimiento bajo una escalera.

Sin embargo, para los autores consultados, nada más errado que comparar la epifanía borgiana con nuestras actuales pantallas. Para Jorge Valenzuela, el Aleph es el principio de todo y, como todo principio, se extiende al infinito. “Contiene todos los tiempos y por ende todos los espacios. Es la representación del universo en su simultaneidad desde un lugar que puede ser cualquier lugar. Frente a este prodigio, Internet es apenas una red de información, muchas veces poco confiable y envilecida por el dinero, la chismografía barata y el horror”, afirma.

En efecto, para Karina Pacheco, a pesar de que la actual tecnología parece abarcarlo todo, están bastante lejos de ofrecer o representar ese universo infinito que vislumbrado por Borges desde un minúsculo sótano. “Incluso presumiendo que aquel fuera un falso Aleph, como plantea el mismo cuento, revelaba asuntos bastante más inquietantes y radicales que un paseo por la redes”, señala.

Por su parte, García Falcón advierte que, si bien la virtualidad nos da la sensación de que la biblioteca borgiana existe y que, además, es portátil y democrática, se trata solo de una sensación. “Los circuitos de datos están predeterminados, cada vez que usamos una red social nos vigilan y nos censan, circulamos con aparente libertad por laberintos diseñados por las grandes corporaciones. Si el aleph borgeano existe ahora entre nosotros, este no se encuentra en el enorme cúmulo de información que nos ofrece la interconectividad, sino en la posibilidad de ver por encima de lo evidente en medio de esa maraña engañadora”, afirma.

Ese mismo carácter ilusorio es advertido por Ricardo Sumalavia: “Internet, google, las redes sociales, no hacen más que seguir alimentando dicha ilusión que nos hace sentir héroes cuando en realidad solo nos empuja a traicionarnos a nosotros mismos”, dice.

Luis Hernán Castañeda nos recuerda que, allá por el año 2000, otro gran escritor del Río de la Plata, el uruguayo Mario Levrero, descubría Internet y se emocionaba con sus posibilidades de información y conexión, pero temía que ese gran potencial fuera concentrado por los poderes económicos. “Es lo que ha ocurrido: antes existía una plétora de buscadores, AltaVista, Lycos, Infoseek, etc., mientras que hoy domina una sola corporación, Google. El mundo digital ilusionó a muchos con la promesa de un Aleph múltiple, cifra del universo, pero acabó como un mezquino espejo de lo que somos. Afortunadamente, las metáforas de Borges enseñan a soñar con más”, explica.

Finalmente, consultamos con el filósofo argentino Darío Sztanjnszrajber, voz autorizada en la reflexión sobre el Aleph de Borges. “Hablamos de la figura de lo irrepresentable. “El Aleph” es el sueño de poder capturar lo infinito”. La tecnología ofrecernos la máxima capacidad de información, sin embargo El Aleph no plantea una cuestión cuantitativa sino cualitativa. No busca visualizar por extensión todo lo que hay, sino de capturarlo intuitivamente en un segundo. Es como ver a Dios de frente. Algo imposible para cualquier artefacto tecnológico”, explica.

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De EL COMERCIO, 24/08/2019





Wednesday, August 21, 2019

Zorros tristes


JORGE MUZAM

Retomo letras en medio del frío polar de julio. Fragmentos de Onfray y Jonathan Franzen, poemas de Bukowski. Una novela perdida de Carlos Droguett. Nevó de madrugada en el valle de Alico. Se retuercen los aromos. Se coronan los postes. Los tordos escarban en la escasa hierba. Las impasibles vacas rumian su desayuno de alfalfa. El viento polar entume las orejas. Ralentiza emociones. Los asuntos familiares absorben. Las cuentas por pagar se multiplican. Se agotan las provisiones, se agota la leña. Es necesario superar los caminos escarchados. Bajan zorros tristes a contemplar la tragicomedia humana. Pero el egoísmo no es seductor y se regresan hacia sus bosques de lenga. A ratos me siento como un Hawthorne perseguido por mamilas mutantes clamando ser llenadas. O como un personaje de Goya esperando el fusilamiento financiero. Y eso está bien, porque es una secuencia de vida genuina, solo que a veces pienso que la hora de Joyce no llegará nunca y a Finnegans Wake solo podré visitarlo en Braille. El sol mañanero se desvanece en una bruma con aroma a hojas podridas.

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De CUADERNOS DE LA IRA (blog del autor)


BAJO EL FUEGO


ALEX AILLÓN VALVERDE

Lo que está ocurriendo en Bolivia es una tragedia de proporciones inimaginables. La dimensión de lo que estamos perdiendo y a lo que nos están condenando se diluye en los fríos números, en las frías estadísticas, aunque sean números escandalosos, aunque sean cifras de no creer. Aun así no dan la talla de lo que ocurre en realidad. La irresponsabilidad política y de unos cuantos grupos ahora se ha ensañado justamente con algo que no se puede defender, con algo que no se puede movilizar, con algo que no puede hacer partido o bloquear. Se ha ensañado con lo que es más desvalido frente a la estupidez y codicia humana: la naturaleza, la tierra, la fauna. Es decir todo lo que mantiene equilibrio en un mundo de desequilibrados, de dementes, de asquerosos mercaderes. Bajo las llamas y cenizas de la irrecuperable belleza chiquitana, no solo arde nuestro futuro, arden también nuestras almas. ¿A quién echar la culpa? Pues todos tenemos la culpa. Nuestra miseria, nuestra ignorancia, nuestro silencio, nuestra irresponsabilidad. El habernos creído todo ese discurso de humo. Todo este engaño con tufillo a Pachamama y pajpakus. ¿Y ahora nos piden que vayamos a votar? Para qué. De cualquier manera ya estamos condenados. No quieran vernos más la cara de cojudos. ¡No sean tan miserables!


Hambres extrañas y maravillosas


MAURIZIO BAGATIN

“La verdad es que cuesta aclimatarse al hambre” Juan Rulfo

Mi amigo Juan Manuel siempre sostuvo que las vacas han sido el peor invasor de América, no la enigmática vaca pensativa de Hipgnosis, en Atom Heart Mother de Pink Floyd, sino las del Far West a la John Wayne, la de Richard y Maurice McDonald (Dick y Mac), fundadores del imperio McDonald’s, las de las pampas argentinas, del churrasco brasileiro, las de las parrilladas dominicales que sustituyen hoy los platos típicos en las fiestas tradicionales. Gas invisible como un éter que hoy está envenenando el mundo. No las vacas sagradas de la India o las que debieron sustituir las madres con su líquido elemento vital, la leche, sino las que hoy penetran la virgen Amazonía y dejan huellas terriblemente agónicas.

El Doctor T. Colin Campbell y su hijo, el Dr. Thomas Colin Campbell II, dedicaron sus vidas al estudio de la nutrición humana y a sus efectos, un estudio elaboradísimo: “Mi intención era superar nuestra capacidad para producir proteínas animales, la piedra angular de lo que, según me habían enseñado, era la “buena nutrición…” dice el padre, el cual descubre los efectos de dos sustancias que legalmente están en los alimentos que a diario ingerimos… la dioxina y la aflatoxina, por ejemplo. Hiroshima mon amour.

En lo de Venecia, tal vez con el viajero Marco Polo, forse che sí forse che no, llegaron i spaghetti-palermitanos permitiendo- y de ahí surcaron todas las mesas planetarias -Totó bailó, con un puñado de spaghetti al sugo en sus manos, sobre una mesa en una mítica escena de Miseria e nobiltá-, en la misma Venecia, una macabra receta desnudó la estupidez del Capital y de los hombres que lo representan: si una terrible leyenda pretendía hacernos creer que los comunistas, como Orcos oscuros, se comían a los niños -sin indicar si eran pobres o ricos-, la historia del bechér (el carnicero, que en este caso era también el gestor de una trattoria) convierte en que sean los capitalistas los que se van comiendo los niños, y sí, esta vez, a los niños pobres. Biasio Cargnio era propietario de una trattoria, ubicada al frente de la iglesia de los santos Jeremía y Lucia, Biasio preparaba un sguazzetto fenomenal: carne blanda y caldo sabrosísimo… el local estaba siempre lleno de obreros, comerciantes y caballeros, los cuales tenían que reservar el plato típico con un día de anticipación para poder degustarlo acompañado con polenta o con pan, un buen vaso de vino y salirse satisfechos lamiéndose los bigotes. Hasta que un día… el compadre Toni entró al local y pidió un plato de sguazzetto con polenta y un buen vaso de vino, y enorme fue el estupor cuando vio nadar en el plato hondo, lo que no podía ser que la falange de un niño. Espantado y recordando que desde cuando Biasio abrió el local se oyeron muchas denuncias de desaparición de niños en aquella zona de Venecia, se fue de inmediato a denunciar el delito a la Quarantia Criminale. Biasio fue descuartizado y el lugar de la ejecución hoy se llama Ponte dei Squartai. Al respeto, Stefano Benni desde siempre ha pensado que no existen niños malos, sino niños mal cocinados…

“Satisfacer el hambre comiendo no solo elimina una sensación desagradable. Lo que comemos está “exquisito”, “delicioso” o “sabroso”. Si tenemos mucha hambre, incluso una comida sencilla nos procura cierta satisfacción” -Ian McEwan-

La segunda guerra mundial fue trágica, todas las guerras los son, pero a esta guerra trágica participó también mi padre y así, aunque en su mayoría imboscati (adjetivo que durante las guerras se endosaba a quienes, ocultándose, evitaban el frente), todos los otros siete hermanos de la populosa familia Bagatin… ellos siempre sufrieron el hambre, de manera constante junto con sus ocho hermanas buscaban algo para sencillamente llenar el buche, el pan no lo conocieron sino después de la guerra, la polenta, como desayuno, almuerzo y cena y la mayoría de las veces como plato único, fue todo su recuerdo gastronómico; en varias zonas los gatos desaparecieron en aquella época, los pájaros eran presa de francotiradores y las gallinas no tenían mucho tiempo para engordar, famosa era en mi pueblo la señora que, en plena noche, entraba en gallineros ajenos y agarraba lo que encontraba, el conocidísimo dicho: ”tres patas dos gallinas”, sigue vigente en muchos imaginarios hambrientos de todo el globo terráqueo.

Mi abuela les daba a los varones semillas de maíz y de poroto, para que fueran a sembrarlas y así meses después cosechar el fruto tan esperanzado; solamente a guerra terminada, y para ahorrarse las inclemencias de Doña Giovanna, se supo toda la verdad: de tanta hambre ni las semillas sobrevivieron a las pantagruélicas fauces de los mocosos. Hambre e ignorancia, siempre fieles compañeras de todas las tragedias humanas. Porque el hambre puede ser trágica, el hambre es trágica, es trágica en el Mito, es trágica en las barrigas vacías de los judíos en diáspora, en los intestinos de los soldados masacrándose en la Línea Maginot, entre los marineros amotinados del Potemkin, que rechazaron el infame pan lleno de gusanos; el drama logró ser magistralmente llevado al cine por el maestro Eisenstein.

Una sirena surrealista, podría tener diez años, pero por sus formas femeninas ya definidas, podría también pasar por una mujer… Aquí y allá, desgarrada o aplastada por la cocción, especialmente en los hombros y las caderas, la piel mostraba a través de las divisiones y grietas la carne tierna… Era la primera vez que veía a una niña cocinada, una niña hervida: y yo estaba en silencio, agarrado por un miedo sagrado. Todos alrededor de la mesa estaban pálidos de horror. Demasiadas veces comer y sobrevivir se vuelven verbos homónimos. La literatura es cómplice de la verdad y el arte afín a la tragedia, las palabras de Curzio Malaparte y las imágenes de Liliana Cavani son terribles acuchilladas, penetrando el alma con un estilete de pura estética. La piel es, como dijo Paul Valéry, lo más profundo.

Caminas por El Alto, salchipapas por todo lado, caminas por la zona sur de Cochabamba, salchipapas en cada esquina, caminas por el Plan 3000 de Santa Cruz y salchipapas en lugar del sonso, a toda altitud y a toda latitud, en Bolivia la salchipapa es el plato típico -y más barato- de los quioscos en los centros educativos, en los institutos tecnológicos y también en las universidades; embutidos de un cromatismo tremendamente variable, compiten a diario con las hamburguesas, y de compañeras escogieron a las papas holandesas, las que han hecho eclipsar la papa runa de muchas infancias, todo bien sumergidos en un aceite vegetal semitransparente, de soya OGM, mañana útil para el jabón más barato, mientras, para el colesterol más dañino y la obesidad galopante. Polifosfato al por mayor y soberanía alimentaria al demonio en poco más de veinte años.

“Si pueden, atrapen un ratón y deshuéselo con cuidado. Ablanden la carne golpeándola suavemente con una herramienta de madera y durante unas horas, déjela sumergida en vino o coñac, para los abstemios en agua y vinagre. Después de haberla secado, salar la rebanada y, si es posible, salpimentar. Entonces preparen un pinzimonio con hojas de salvia, hierbitas de campo y agréguelo a las lechecillas del animal, previamente desmenuzado y salteado. Preparen una masa y haga el rollo evitando que se abra enfilándole un palillo de madera. Decore la porción con una hoja de salvia grande. ¡Cocine estofado y siempre “Vivre libre, ou mourir!» Para la Comuna”.

La receta de las brochetas de ratas ilustra con una claridad despiadada la situación que surgió con el asedio de la ciudad de París en 1871, la desesperación de los resistentes obligados a alimentarse con todo lo que se podía masticar. Los parisinos llevaron las ratas a la mesa describiendo su gusto como un cruce entre el del cerdo y la perdiz. Además, los entrecortes à la bordelaise siempre han sido un clásico de la cocina gala. Los ratones de las bodegas de Burdeos, desollados y destripados, bañados en una mezcla de aceite y chalotes, fueron asados alegremente en el fuego hecho con las duelas de los viejos barriles de vino en desuso. Viva Louise Michel, muera Thiers…

“Somos una época fáustica decidida a encontrar a Dios o al Diablo antes de irnos, y la esencia ineluctable de lo auténtico es nuestra única llave para abrir la cerradura”. -Norman Mailer-

Toda acción es política, toda acción gastronómica es más política aún; ser omnívoro o ser vegano son acciones políticas, en la antigua Grecia la cocina ligada a una dieta de carne es de natura política, de un lado hay, en el sacrificio del animal, la institución de una relación privilegiada con los dioses, pero del otro lado, tal sacrificio constituye la polis. La figura central de este evento es el mageiros, personaje que cumple tres diferentes acciones: es el sacrificador (el que inmola el animal en el altar), es el carnicero (lo que parte el animal en pedazos) y es el cocinero (lo que lo cocina). La división del animal es diferente para él y lo será para quienes la recibirá, él hace una valorización distinta de las partes del animal sacrificado: la carne externa es muy diferente de los órganos internos, y entre estos últimos es necesario distinguir aún más entre las vísceras (hígado, pulmón, bazo, riñones y corazón) y las entrañas (estómago e intestino). Por otro lado, cada una de estas partes se cocina de manera diferente (asado, hervido, ahumado) y se distribuye de manera diferente entre los invitados. Degollar, carnear y cocinar son, por lo tanto, la misma práctica, que tiene como objetivo la división en fragmentos del animal y la paralela jerarquización de la sociedad. Las mejores piezas (muslo, costado, hombro, lengua) pertenecen al sacerdote, el rey y a los principales magistrados de la ciudad; el resto a veces se divide en partes iguales y se ofrece al azar. Aquí está la justificación de la aristocracia, pero también la de la democracia. Todos comen de acuerdo con su rol social y político, pero también, viceversa, el rol social se forma sobre la base del pedazo de carne que come (y que no come). Por lo tanto, el sacrificio no es la imagen estática de los hectolitros de sangre perdidos para alegrar nuestros estómagos de estólidos gourmet con enormes anteojeras. Es más bien una estructura de un sentido muy complejo, una configuración antropológica con una precisa articulación interna. El acto de matar solo tiene sentido dentro de dicha configuración: considerado en sí mismo, solo puede ser sin sentido, insignificante, absurdo, incorrecto. Todo se lleva a cabo.

Tenía que ser irlandés y tenía que ser un irlandés de lengua picante, tenía que ser Jonathan Swift en ofrecer una solución salomónica a la hambruna que sufrían los irlandeses durante las primeras décadas del 1700, la descabellada solución era que los padres pobres se coman a sus hijos, de esta manera los odiados invasores ingleses no tendrían a quien explotar; espíritu polémico y sarcasmo que muchos pueblos tuvieron que pensar antes de sucumbir: los cameruneses preferían inmolarse en lugar de caer esclavizados en algunas plantación de café o algodón de Sudamérica.

Durante la primera cruzada de 1098, durante el asedio de Antioquía, soldados, clérigos y pauperes, liderados por el orgulloso Duce Beomondo y por la voluntad de Dios, después de haber dejado atrás infamias y desastres de todo tipo, bajo los muros de una ciudad que no pudieron conquistar y sintiéndose atrapados por los dolores del hambre, no se negaron comer la carne de los habitantes de la pequeña aldea de Ma’arra. Más locura de un viaje lleno de masacres y horrores siguiendo un símbolo que, en sí mismo, recuerda la brutalidad y la muerte: el crucifijo.

El poder religioso y las difíciles digestiones de las divinidades merecen un menú aparte, se trata de sofisticadísimas decisiones culinarias, entre adoración y sacrificio, las que han hecho que un cristiano no deba comer carne el día viernes (¡pecado mortal!) y, al fin de volverse santo, ayunar. Los que no quisieron poseer aureola fueron muchos, entre ellos las más altas jerarquías eclesiásticas: el 20 de noviembre de 1549, después de que el cardenal chambelán con un martillo de plata había golpeado tres veces la santa calabaza del papa Pablo III hasta que finalmente lo declaren muerto, los cardenales se reunieron en el cum clavis más largo que se pueda recordar. Los cardenales, acostumbrados a un nivel de vida muy diferente y distantes del de los otros miserables mortales que así bien pudieron engañar, incluso en esa circunstancia, no pensaron en absoluto en apoyar su elección del sucesor del trono papal con la purificación del ayuno tanto que, como el agente de la familia Gonzaga tuvo la oportunidad de informar: «Los cardenales ahora están sujetos al régimen de un solo plato. Este curso consiste en un par de capones, un buen trozo de ternera, un poco de salame, una buena sopa y todo lo que se desee mientras estén hervidos. Esto por la mañana. Por la noche puedes tener lo que quieras mientras lo asas, además de algunos aperitivos, un plato principal, ensalada y un postre. Alguien se queja de las dificultades «. Estas porciones se calcularon para cada persona, pero casi todos los cardenales tenían un cocinero secreto en su propio personal que también preparó otros menús específicos sustanciales para ellos y…»Alguien se queja de las dificultades».

Si comes bien no mueres nunca.

Los mahometanos ayunan durante el Ramadán, y lo hacen desde el alba hasta el crepúsculo, quien no ayuna es un impío. Mientras que los taoístas piensan que morirse de hambre lleve a la más elevada forma de inmortalidad, y los jainistas creen que ayunar sea necesario solamente para purificar el alma, aunque narran que un tal Mahavira se haya dejado morir voluntariamente de hambre. Buda, el iluminado, vivió durante seis años comiendo solamente un fruto de azufaifo, un grano arroz y una semilla de sésamo cada día y luego murió ingiriendo un hongo venenoso que alguien había depositado, por error, en su cuenco de las ofrendas; según las escrituras budistas, y con el fin de no distraerse del camino hacia la iluminación, hay que evitar las cebollas: crudas alimentan la ira y cocidas alimentan las llamas de la lujuria. Los budistas no comen carne de ningún tipo como los hindúes, según los cuales lo divino está presente en todo ser vivo, adoran las vacas en cuanto creen que en sus extremidades se encuentren algunas divinidades, pero toman su leche porque no se ha necesitado matarlas para obtenerla. Los hare krishna rechazan todo tipo de hongos porque, creciendo entre la descomposición, los consideran fuente de ignorancia; para ellos también el vinagre es fuente de profunda ignorancia; todo producto lácteo es positivo y hasta el dios Krisna, para estar más cerca a este blanco alimento, quiso ser rencarnado en un humilde pastor. Los jainistas no comen zanahoria por no erradicar sus raíces secundarias, podrían alimentarse de lechuga, pero, aunque lavándolas bien, podrían esconder algunos insectos, tampoco comen en la oscuridad con el fin de no ingerir algo no deseado. No cortan las frutas que comen para no afectar las semillas y toman agua previamente hervida, de manera que los microbios que nadan en ella se hayan extinguido (¿de manera no violenta?). Los judíos (como los musulmanes) no pueden comer carne de cerdo, considerado impuro por el Viejo Testamento, y si han comido carne de res, deben esperar una hora antes de probar un queso, diversamente sería considerado un acto deshumano.

La cocina es como el amor, todo está en los preliminares.

Los rastas creen en las propiedades medicinales de las especias y de la marihuana, las consideran un don del Señor; su dios en la tierra fue Hailé Selassié, el cual para su coronación se hizo preparar una torta de una tonelada de peso: la tarea hoy sería es recuperar la receta.

Debido a que la cafeína y la teína generan trastorno intelectual y corpóreo, los seguidores del revelador y profeta Joseph Smith, de la Iglesia de Jesús Cristo de los Santos de los Últimos Días, convencido lectores del Sagrado Libro de Mormón -en la espera de la segunda llegada del Mesías- no beben nunca café, té y Coca-Cola. Mientras que los Adventistas del Séptimo Día, por los mismos motivos de los judíos, no pueden comer carne de cerdo y tampoco queso. Los rusos ortodoxos y los griegos ortodoxos, con el fin de recordar el martirio y el sufrimiento de Jesús, en los días lunes, miércoles y viernes no comen carne de cerdo, de res y ningún tipo de quesos, considerándolos alimentos no fácilmente digeribles y podrían desconcentrarlos durante las oraciones. ¿Y los días martes, jueves, sábado y domingo, no rezan y comen también para los otros días? En las farmacias venden excelentes digestivos y una Alka-Seltzer alivia hasta las jaquecas del día antes… Los últimos seguidores de Zoroastro consideran que la carne conserva la memoria de los difuntos, por lo tanto, no la ingieren durante los periodos de luto y en los días dedicados a los dioses protectores de los animales. Como su dios Zoroastro están abiertos al consumo de alcohol y de sustancias alucinógenas, que favorecen irreales visiones ultraterrenas. Por fin, los seguidores de la doctrina del Reverendo Sun Myung Moon, se ven obligados en consumir muchas gaseosas, siendo el Salvador de la Humanidad el más grande productor de bebidas sin alcohol en Corea. Además de ser dueño de la empresa Tong II, la más grande fábrica de armas del mismo país. ¡Pero, lo importante, no hay que olvidarse, es no comer carne el día viernes y mortificarse con fantasiosas e inútiles penitencias!

Fray Bernardino de Sahagún, en su Historia general de la cosas de la Nueva España, relata el caso de la antropofagia entre los aztecas. A Moctezuma se le enviaba un pozole con muslo de algún prisionero sacrificado durante la fiesta dedicada a Xipe Tótec, dios de la primavera y que representaba el comienzo de la época de lluvias. Como símbolo de la abundancia en la vegetación, tal dios vestía la piel de una víctima humana. Al pedir un pozole, en el famoso restaurante El pozole de Moctezuma de la Ciudad de México, después de veinticinco años de ausencia de la región más transparente, me aseguré que el pozole esta vez sea vegetariano, pero solamente porque era de noche, y era ya muy tarde para cambiar de menú.

¿Qué les habrá pasado por la mente de Roberto y Natale, simples pero incisivos intérpretes de «Il tempo si é fermato», el primer documental de Ermanno Olmi, mientras comparten ese plato de polenta (¿habrá sido preparada con el maíz spinato de Gandino?)? La memoria habrá fluido libremente en los recuerdos… ese maíz que siempre ha sido el alimento, a menudo único y diario, en un imaginario colectivo para nosotros, en el norte de Italia, donde el maíz siempre ha sido cómplice de una articulación de actividades no solo agrícolas: ¿quién de niño no jugó, huyendo en carreras atrevidas, para esconderse entre hileras de maíz todavía verde, y quienes no tuvieron sus primeras aproximaciones amorosas, de pie tal vez, y envueltos en hojas frescas y con la picazón enervante, y en agosto o septiembre no ha penetrado furtivamente en algún campo de mazorcas para sustraer algunas y luego hacerlas pasar por las brasas incandescentes del final del verano? Luego llegó la pelagra, otra vez la ignorancia, al desconocer las raíces profundas de un alimento que llegó desde lejos, junto a la papa y al tomate, dando inicio a la globalización agrícola y de los sabores sobre las mesas… sin el desconocido proceso de nixtamalización (La palabra nixtamal proviene del náhuatl nextli :»cenizas de cal», y tamalli :»masa de maíz cocido”), la falta de niacina o triptófano en la alimentación generaron la pelagra, al consumir el maíz como único cereal, sin el complemento de otras fuentes que sean ricas en vitamina B₃.

Somos lo que comemos, argumentó un filósofo alemán, y quienes más de nosotros polentones del norte de Italia, puede argumentar que está hecho de maíz, de maíz recogido por manos agrietadas y callosas, desenvuelto con humilde paciencia, en compañía de ancianos y de niños, de mujeres laboriosas, y dejado secar en el soler, desnudado de su chala, para luego volverlo harina blanca o amarilla con esos dientes metálicos del caballo de madera que «nunca se movía», precioso polvo, hermoso como el oro, blanco, amarillo, áspero, fino, hasta que como una lluvia no descendía hacia la cagliera colgada en la chimenea siempre encendida…

Somos nosotros también, pero sobre todo nosotros, los polentones, los que se han convertido en hombres de maíz… cuando el 15 de octubre de 1492, Cristóbal Colón, al acercarse a la isla Ferrandina, hoy Long Island en las Bahamas, descubre la primera cosa nova, o sea el mahiz, que inicialmente fue confundido con el panizo y nos convierte en futuros cómplices del mayor trastorno alimentario que vivió Europa, gracias también a las otras dos cosas nuevas, el tomate y la papa. La globalización alimentaria comienza y nunca se detendrá.

En mi zona de origen, el Friuli-Venezia-Giulia, hubo una hibridación de la polenta con otro producto que viajó con casi todos los migrantes de la tierra: el frijol, y así la polenta se va preparando con el agua de cocción de los frijoles, y con la adición de los mismos al final. Es un recurso antiguo que servía para no desperdiciar nada y dar un sabor extra cuando la polenta era el único plato. Somos hombres de maíz que también hemos vivido en la completa ignorancia de no saber (y a menudo poder) acompañar el buen plato de polenta con algunos compañeros, legumbres u otros ingredientes que nos hubieran evitado la pelagra.

Quizás todos estos recuerdos no hayan fluido en la mente de Roberto o en Navidad, pero ciertamente al saborear esa polenta (cocinada en media hora), habrá entrado en los cuerpos también gran parte de esta historia que hemos compartido durante más de quinientos años.

La tradición en la cocina no existe, existen los pueblos.

Cuba es conocida por su revolución, el ron, sus hermosísimas mujeres, el toque del son cubano, la prosa de José Lezama Lima y por su plato popular, la ropa vieja, nos cuenta el jazzista Omar Sosa que una vez que conozcas el alma de la comida de un lugar, su estilo, la actitud con la que se combinan los ingredientes, puedes hacer lo que desees: por la preparación de una pasta al sugo, es suficiente conocer las bases -el salteado, el tiempo de cocción, la importancia del agua, la calidad de los productos y el equilibrio entre los ingredientes- y está hecho. Es como en las jam sesión de jazz: si quieres hacer punk necesitaras de un bajo eléctrico. Si haces jazz usaras el contrabajo. Y así sucesivamente.

La Poesía es más allá. Adentro y afuera del plato. En la semilla…“…il tuono del chicco / che si apre sottoterra…”, escribió el poeta Antonio Santori.

El caos es el único orden, es la partidura sobre la cual se orquesta el mundo…

Leí todo esto y me lastimé, ahora lo escribo, para lastimarlos. Buena lectura y, luego, buen provecho: Clysterium donare, postea seignare, ensuita purgare.

Bibliografía
T. Colin Campbell, Thomas Colin Campbell II, The China study, Macro Edizioni, Cesena, 2013
Marco Polo, Il Milione, Bur, Milano, 2003
Gary Jennings, Il viaggiatore, Bur, Milano, 1996
Rino De Michele & altri autori, Les cuisiniers dangereux, Edizioni La Fiaccola, Noto/SR, 2011
Curzio Malaparte, La pelle, Adelphi, Milano, 2010
Nello Martin, Pestanaie & berebech, Tipografia Mascherin, Zoppola, 2003
Erich Maria Remarque, Sin novedad en el frente, Editorial La oveja negra, Bogotá, 1984
Revista ApARTe n°9, Venezia, diciembre 2003
Marcel Detienne, Jean-Pierre Vernant, La cucina del sacrificio in terra greca, Bollati Boringhieri, Torino, 2012
Jonathan Swift, Una humilde propuesta…y otros escritos, Alianza Editorial, Madrid, 2005
Don Pasta, Artusi remix, Mondadori, Milano, 2014
Molière, El enfermo imaginario, Editorial No Books, Digital

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Imagen: Escena de The Cook, The Thief, His Wife and Her Lover