Sunday, January 30, 2022

Borraremos todas las palabras


MAURIZIO BAGATIN

 

Borraremos todas las palabras y quedará un texto. Será el tejido de aquella frazada tan grande, la vida, el tejer de las noches que no veían aun el dilúculo in fraganti, el lento movimiento de los palillos frente a un licor -el Bourbon en una prosa de un amigo, la grappa esperándolo- mientras hilos y sonrisas y algunas lágrimas derramaban las frases sin tiempo. Celan y Pavese sabrán.

Hay alondras y murciélagos, amores difíciles que llevó a la narración Italo Calvino, a él y a otros viandantes de la casa del ser, hasta que nuestro mundo iba acabándose con L’albero degli zoccoli (El árbol de los zuecos).

El arcoíris o el tramonto en una ciudad imaginaria del sur son felices misterios de los cuales un ser humano no puede aún desvelar la verdad.

Siguen tejiendo y ya es el alba. Bajo un cielo gris y en búsqueda del sol y del viento…

28 enero 2022

Imagen: El arcoíris de ayer en Cochabamba 


Sueños


HUÁSCAR SANDOVAL BAUER

 

Hace un tiempo que no escribo, estoy como adormecido, sumido en un letargo muy cercano a la beatitud, pero sin la certeza de la redención. Con una resignación sin fe o una espera sin esperanza.

Me siento en la terraza de casa, tomo café y fumo-ahora que el calor nos dio un respiro-contemplo el atardecer y sueño. Sueño que camino con Claudio, tras las huellas de Babel, por las calles de Odessa. Busco a Tolstoi, el conde, no el místico, ese vendría después. Imagino a los alucinados jinetes que cargaron contra la muerte en un valle de sombras interminable, en Balaklava. En Sebastopol, encuentro al conde…

Paseo con Mauricio por la martirizada África, y encuentro las quimeras negras en Katanga y los apocalípticos caballos en Biafra. Navego rio arriba por el misterioso Congo, directo al “corazón de las tinieblas”. El horror lo impregna todo, hasta el alma. La muerte clama por Leopoldo y los belgas. Busco oro en el Transvaal y un cielo protector en el Sahara. Quiero encontrar a Francia en Argelia, pero ya no está, se fue con más pena que gloria.

Soy testigo de cómo un Taipan ingles construye un imperio en Hong Kong, la bahía mejor protegida del mar de la China. Botín de la primera narco-guerra: la pérfida Albión lo hizo de nuevo. Después serian derrotados por “un faquir semidesnudo”, como lo calificó Churchill. Pero esa es otra historia.

Vi como un Shogun exigía la lealtad eterna de sus guerreros en un sanguinario ritual, no exento de belleza. Muchos años después un excéntrico escritor repetiría el ritual, para mayor gloria del emperador, provocando el horror del mundo “civilizado”.

En fin, soñar no cuesta nada, lo malo es tener que despertar para volver a soñar, eso fatiga un poco…

Yacuiba, 28 de enero, 2022

 


Wednesday, January 26, 2022

Ingenuidad


DANIEL AVERANGA MONTIEL

 

Una de mis primeras ferias de inicios de año fue en Villa Dolores. Salimos con mi madre, solos ella y yo, a las 8 de esa noche; mis hermanos mayores estaban pasando el fin de semana con mis abuelos (vivían cerca del estanque), mis hermanos menores aún no nacían y mi padre, tan oportuno sin notarlo, estaba durmiendo su borrachera, auspiciada horas atrás por sus hermanos y algunos amigos.

Recuerdo que tiramos algunas pelotas a paneles donde estaba una bruja mal dibujada que, tan grotesca como cúbica, tenía en la parte del rostro un hoyo en forma de estrella y, más al fondo, en esa cavidad en forma de estrella, el rostro deforme esperaba que diéramos en el blanco. Metí solo dos de las cinco pelotas en ese hoyo y me regalaron una pipoca como premio consuelo.

Los otros kioscos ofrecían api con pasteles empalidecidos por azúcar molida, que en ese tiempo no tenían de fondo a películas de estreno para acompañar, solo y sino canciones de los Bukis o de José Luis Perales. Ilusiones de felicidad vestidas de recuerdos gratis de algo que no vivimos, en tanto se escuchaba Llega Navidad / y yo sin ti / en esta soledad / recuerdo el día que te perdí... o Sí, sí, sí, / te quiero con el corazón / tú serás para mí / y yo tu amor...

Más allá de los espacios de venta de recipientes de barro petrificado, había un par de toldos más reservados para las parejas que querían beber y bailar Iberia o Maroyu, porque era necesario, puestos alejados de la vista de las familias constituidas, alejados de cualquier ojo curioso pero en mal, para la juventud, y Pasito Tun Tun o Primera experiencia eran la prioridad para disfrutar. Terreno visto de lejos nomás por mi madre, mientras me compraba una manzana acaramelada y luego anticuchos, sentados al lado de otras personas, sin miedo a contagios u otras cosas.

Al norte de la plazuela aún no llegaba el espectáculo de la mujer que se convertía en gorila, en esa oportunidad lo máximo de atractivo eran los autos chocones... (Más de veinticinco años después, como si estuviera programado, almorzaría sobre uno de los banquitos sobrevivientes de la plaza, sujetando con cuidado un tupper tibio y viendo los mismos autos chocones siendo refaccionados, esto a eso de las tres de la tarde, acompañado de alguien que decía que me amaba y a quien fallé, como todos los que somos amados fallamos a nuestras parejas: nadie que ama y quiere el bien del otro queda impune)... Ya eran casi las diez cuando mi madre me dijo que diéramos una vuelta más antes de volver, yo estuve de acuerdo. No había otra opción. Los juegos, los puestos, estarían hasta las 10:30 y luego cerrarían.

El último paseo por la feria fue para ver los carteles de los kioscos con suerte sin blanca, con tiros a muñecos viejos vestidos a la fuerza con nuevas prendas destinadas a Ken wawalones, y ahí contemplé por primera vez a Iron Maiden y a Eddie, su bicho medio punk y medio Laura Bozo, levantando un hacha ensangrentada con un fondo pleno de la Luna llena anunciando algo... O esos pósteres con una Gloria Trevi vestida de hembra revolucionaria, con cinturones de proyectiles haciendo cruz sobre sus hermosas tetas (en ese tiempo me producía un rubor acelerado verla así, como un charro sexual, ahora me produce algo de pena)...

Esa noche, todo lleno de manzana acaramelada y anticuchos, me metí en cama dispuesto a dormir muy bien, mi padre seguía roncando y mi madre lo arropó más.

Ese tiempo ella estaba embarazada de Paola, todavía no se le notaba, pero ya estaba cuidándose mucho.

Se acercó a mi cama, se sentó en el borde, contemplando a su hijo, un mocoso negrillo respondón, con problemas en las encías por no lavarse seguido y con cicatrices en los nudillos y en los reveses de las manos por herirse casi siempre cuando jugaba con piedras, me dijo buenas noches y me besó en el mentón.

Fue a dormir con mi padre y yo me sumergí, tan raudo e inconsciente, en un pozo de brea tibia, lleno de esperanzas por vivir tan bonito como esa noche.

Nada mejoró desde aquel día.

Por eso siempre que puedo voy con mis hijos a ese tipo de ferias, para recuperar lo perdido luego de esa noche en la que me dormí esperando que todo fuera bello al otro día, esa sensación como la que nace cuando uno se enamora por primera vez y abraza a quien fallará y dañará irremediablemente...

Somos seres de costumbres. 

Seúl, São Paulo – Gabriel Mamani Magne


JORGE ISURY CRUZ
(Madrid)

 

De aquí en adelante, todo lo que me ocurrirá será una tibia imitación de todas las primeras veces que hice algo

Gregorio Reynolds (1882-1948), ante todo poeta, escribía de forma meditativa y hasta pesimista:

La vida, el infinito aburrimiento,

la vida, tan nada y tan cruel,

es copa de amargura en cuyo borde

hay un poco de miel.1

Es a esa poca miel al borde de la copa de la amargura a la que se aferran los protagonistas de Seúl, São Paulo (Editorial 3600, 2019), esa miel lampiña, mezclada con la fiesta, la comida, la música, las mujeres, las primeras veces, con las calles oscuras de El Alto, los libros que quedan por leer, con esa juventud que sueña con ver el mar, sea boliviano o no, y dejar atrás el pasado convulso que se heredan de los padres, como el de los protagonistas, en una continua disputa con su propia historia y la de su país, añorando un sueño irresoluble. El Alto, una ciudad a más de 4000 m.s.n.m. que, en las páginas de Gabriel, hace de las suyas y deja de verse con los ojos de la élite paceña para bajar a nuestra vista. En las 150 páginas, no solo se muestran los casi «cholets», el frío, la oscuridad, también la música K-pop, música chicha, la industria textil, el facebook, whatsapp, warcraft, el futbol, los trabajos precarios y los deseos experimentales de ser adolescentes.

Leyendo novelas de jóvenes como Gabriel, me doy cuenta que Bolivia es un mito, llena de simbología, quizá esotérica y oculta para los que la vemos desde lejos e intentamos conocerla más, con un bagaje que resulta casi imposible concebir del todo. El libro lo abre un verso de Blanca Wiethüchter (1947-2004): «ese cuerpo desde El Alto o Llojeta / ese cuerpo definitivamente en tu deseo«, porque Seúl, São Paulo es una transformación del cuerpo, un cambio de colores, olores, sabores, fronteras y deseos, la búsqueda de una identidad que por más que queremos no llega. Ese cuerpo que se esculpe de una bolivianidad que hasta los bolivianos desconocemos cuál es. «¿Sería que Bolivia empezaba a florecer en su cuerpo, junto con el acné y esos pelos finitos que crecían en su barbilla?«

Seúl, São Paulo es una novela breve y divertida en donde el humor hace su aparición, a veces como un hierro ardiente en su desdicha boliviana. Notable es la manera de contar lo clásico pero con vistas a la novedad: la inmigración que va y viene, la otredad, el cambio y transformación corporal, la cultura pop globalizada. La adolescencia como fuente de deseo y como búsqueda de uno mismo, huérfanos que se aferran a drogas blandas y música K-Pop. Alejada de argumentos complejos, que se deja leer fácilmente, pero con un trasfondo complicado de donde surgen preguntas y respuestas más complejas todavía.

Dos primos adolescentes, cuya familia está desperdigada por la geografía: Brasil, Chile, Argentina, que llegan a su destino como tantos bolivianos a trabajar en un taller de costuras a cambio de migajas, cumplen el servicio premilitar en la ciudad de El Alto, en su particular «Leoncio Prado», con una variedad cultural, racial y social. La experiencia en el colegio no siempre son positivas, también algunas profundamente negativas, pero que hacen entender mucho mejor lo que es la vida, siendo para nadie un camino de rosas, pues estas llevan espinas y obstáculos, conflictos e injusticias, convirtiéndose en el ámbito del ser humano. Un colegio con sus oficiales, suboficiales, compañías, y primeros amores, un lugar a donde uno entra siendo humano y sale convertido en animal de carga, dice el narrador. Dos jóvenes, uno nacido en Bolivia, y otro en Brasil, criado allí hasta que empezó a parecerse a un boliviano, una dualidad que se va distanciando poco a poco, a pesar de tener cosas en común. Alejados al nacer, se convierten en el reflejo del otro, comparten el apellido Pacsi, el barrio, la cama, la edad, pero a medida que leemos, los caminos de bifurcan para que cada uno busque su fortuna.

La escritura de Gabriel parece fácil, no da rodeos en ser contemporánea, pero reflexiona cada una de sus frases. Tayson tan perdido en el camino, a quien «querían meterle la patria a palazos»«que era un paria, ni boliviano ni brasuco: que se había bajado del bus del patriotismo a mitad del camino y que jamás odiaría a los chilenos ni se sentiría con la autoridad de decir sou brasileiro, porra, a gente tem cinco copas», acepta su realidad con mas incertidumbres que certezas, como un joven más de este mundo. Silvia Rivera Cusicanqui (1949) dice que Bolivia está llena de complejos2, como Tayson, que nace con la piel más clara que los demás de la familia, cuya infancia fue una batalla constante entre la lengua de sus padres y la lengua de su pasaporte.

Hay consecuencias al ser boliviano y está implícito en la escritura, entender Bolivia desde lo intercultural, habitarla al mismo tiempo que se intenta interpretarla. Bolivia vive en el espejismo del mestizaje, que se construyó a partir de categorizaciones. Los personajes son sacados de la realidad, y los sentimos de aquí. Literatura de sentidos que dejan poso, como cuando leemos un buen poema. Sin caer en la simplicidad, Gabriel intenta construir la identidad tanto nacional como masculina, ahí donde las hormonas salen a relucir y donde lo nacional está diluido. La migración con una familia que se fue, se quedan y los que se irán. Los bolivianos migrantes dentro de su propio país, una Bolivia no se conoce a sí misma.

Mucho ha cambiado el país que peleó, pelea y peleará consigo misma. También ha cambiado su literatura que, ni a mejor ni a peor, se hace más dilatada y prolongada. Libros como el de Gabriel demuestran que la literatura boliviana tuvo y tiene gran potencial, aunque algunos se empeñan en solapar. Bolivia, cuya «historia, incluso la historia reciente, nos llega como un soplido» narra el libro. Bolivia, la hija predilecta del Libertador; Bolivia, el intento fallido de no ser Bolivia.

Una vez Miguel Sánchez-Óstiz, escritor, me dijo, «Vienes de un país fantástico, hay que volver. ¡Jallalla Bolivia!»

Gabriel Mamani Magne, la solapa del libro dice: escritor, editor y traductor, nació en La Paz en 1987. Publicó la novela para niños Tan cerca de la luna, además de numerosos textos breves, entre los que destaca «Por ahora soy el invierno». Estudió derecho en la UMSA, aunque nunca ejerció -ni ejercerá- la abogacía. Hizo una maestría en Literatura Comparada en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Ganador, de numerosos premios nacionales, aseguro que es una de las plumas con más proyección dentro de las fronteras de Bolivia y espero que muy pronto fuera. Cuando apareció la lista GRANTA con los 25 escritores y escritoras menores de 35 años más prometedores en lengua española, no me vi sorprendido al no encontrar a nadie de nacionalidad boliviana, y lo que más me indignó fue el no sorprenderme. Le pregunté a la escritora Giovanna Rivero por los escritores o escritoras jóvenes que debería leer, el primero que me mencionó fue a Gabriel, y la segunda Natalia Chávez, y fue así que llegué a este libro. Merecedora del XX Premio Nacional de Novela 2019 en Bolivia, imprime su nombre junto a otros laureados como Guillermo Ruíz Plaza, Camila Urioste, Magela Baudoin, Edmundo Paz-Soldán o Claudio Ferrufino-Coqueugniot, quien dijo de esta novela: «Hay excelente producción tristemente todavía anónima hasta en el contexto latinoamericano, pero Seúl, São Paulo ha despertado cálidas sensaciones de que se viene algo nuevo, de que el país despierta para aceptarse como lo que siempre ha negado ser»3. Ahora le toca volar y abrirse paso. Celebro, al igual que muchos, la aparición de Seúl, São Paulo, al igual que su última novela, El rehén (Dum Dum editora, 2021), que espera impaciente en la estantería.

To be or not to be bolivian, that is the question.

  1. Francovich, Guillermo. «El pensamiento boliviano en el Siglo XX«. Ciudad de México. Fondo de Cultura económica, 1956.
  2. Rivera Cusicanqui, Silvia. «Un mundo ch’ixi es posible. Ensayos desde un presente en crisis«. Buenos Aires. Tinta Limón, 2018
  3. Ferrufino Coqueugniot, Claudio. Hilos de vida. Lectura de Seúl, São Paulo en Palabra Abierta. Revista y casa de editora de cultura universal. Disponible en: https://palabrabierta.com/hilos-de-vida-lectura-de-seul-sao-paulo-de-gabriel-mamani-magne/

_____

De NAVAJA DE PAPEL, 22/01/2022

Tuesday, January 25, 2022

Traslado de tristezas


MAURIZIO BAGATIN

 

Cuento o imagino contar los pasos que un hombre hace cada día. Las huellas sobre el polvo, las manchas que nuestra entropía forma y, de repente, se lleva. Las mías también.

Mi generación será la última en llevarse los libros hasta su tumba. Los que vinieron después llevaran todo compactado. Un mp5 para la eternidad.

Un blues, un plato de pasta y un vino, que son fortalezas como el paraíso que soñó Borges. Un día de lluvia no es un día para trasladarse, es un día para hacer al amor, como siempre bien me decía mi padre; desayunar a la hora que te parece mejor, mirar el verde que hace años no veía así, oler profundamente el aroma a café fuerte y negro, mirando la nube que sale de la moka y se confunde con las gotas de lluvia de la ventana aún cerrada.

Trasladar tristezas no es para los domingos, aunque el sol desaparezca y el solo Robert Johnson te siga enseñando cómo en un día triste como hoy puedes siempre vender tu alma al diablo.

Movemos el polvo mientras queda vacío el estante y la casa; un avión se llevará otra parte de nosotros en días. Queda el misterio y la belleza de la vida, la sonrisa de los niños, el cielo intentando despejarse, la memoria que si no es olvido es el intento de modificar el pasado.

23 enero 2020

Imagen: André Derain, Retrato de Matisse, 1905 

Corea, de Pablo Cerezal


EMILIO LOSADA

 

Porque “Hay un hambre de intemperie en las rodillas del tiempo, y marca el compás de tus labios un reloj que huele a macho incapaz de conservar su especie”. Porque “… contigo siempre pierdo. Desde que te conocí me supe perdido por siempre”. Porque “Huele a saliva tu vientre, me sabe a polifonía tu madrugada y entre los lirios en que bordan acequias tus labios me derramo sin pretender ningún mañana”. Porque “Le separo las nalgas a Corea para mejor explicarme la perfección imperfecta de la vida que me resta”. Por las maravillosas páginas 38 y 39 (¡qué hijo de puta!). Porque “Sabe tu savia a sabiduría breve y entre tus labios se vocaliza el fin de la especie”. Por la página 72. Brutal. Porque “Eres el incendio de todos los hogares, y en tu vientre aúllan niños calcinados con nombres que yo aprendo a bautizar despacio”. Porque “Y es que podría escribirte durante lo que me resta de vida. Porque escribirte es, aún, habitarte, y sé que pronto me cerrarás la puerta de todas tus habitaciones”. Porque “Caminamos hacia su buhardilla despacio, como calibrando cada paso, como esparciendo migas de pan sobre el asfalto, sabedores de que uno de los dos deberá tomar el camino de vuelta”. Porque “Corea solo desea abandonar la fiesta y yo ya solo puedo ejercer de excusa perfecta”. Porque uno podría transcribir aquí Corea de cabo a rabo y sería el más poéticamente justo de los piratas. Por la incorrección con clase, entreverada y sumaria a la vez; por la desaforada histeria y la maldad bien entendida. Porque follar bien y sucio es el más satisfactorio de los actos terrenales posibles, qué coño. Por el final… Qué pasada de final, leñe. Porque no es necesario encabalgar para hacer poesía (que hay que decirlo todo). Y porque, hablando de poesía e histeria, la guinda a esta grandiosa tropelía la coloca, como la que no quiere la cosa, la número uno en la encomienda: la divina Julia Roig. En fin, ahí es nada.

https://versatileseditorial.es/.../diario-de-corea-pablo...

 

Friday, January 21, 2022

Fever, de Claudio Ferrufino-Coqueugniot


FERNANDO ITURRALDE

 

La editorial 3600 ha emprendido un proyecto fundamental: se trata de una edición de las obras “completas” de algunos autores bolivianos contemporáneos. El proyecto es sin duda encomiable desde varios puntos de vista, pero nos conformaremos con alabar la decisión de publicar de forma ordenada y catalogada la obra del ganador del premio Casa de las Américas en novela, don Claudio Ferrufino-Coqueugniot (de aquí en adelante Ferrufino). Con esos antecedentes, podemos comenzar nuestra lectura del libro. El que nos convoca en esta reseña es el volumen 14 de la obra del escritor cochabambino nacido en 1960 y radicado en Colorado, Estados Unidos. El resto de la colección ya incluye Muerta ciudad viva y El exilio voluntario, dos novelas fundamentales para la literatura boliviana y que merecían una reedición que las hiciera más accesibles, la colección también incluye una serie de escritos tempranos, sobre todo cuentos, en Virginianos, además del volumen del que nos ocupamos aquí, titulado Fever. 

Los editores y el autor, junto a un prologuista (Jorge Muzam) y una contratapa de Maurizio Bagatin, nos invitan a disfrutar de esta colección de “(notas, artículos, borradores, cuentos) 2001-2019”. Lo años igual son una invitación importante: Ferrufino destila una de las mejores prosas latinoamericanas en todos y cada uno de ellos. Su premio Casa de las Américas es sin duda una indicación de ello, recibido el año 2009. A dos años de esta condecoración, los textos que leemos en Fever son una continuación de ese mundo cronístico al que el estilo del autor nos tiene habituados a sus lectores asiduos. El libro que tenemos en manos está dividido en tres secciones: la primera contiene aproximadamente 61 textos cortos, mientras que la segunda está compuesta de tan solo cinco cuentos y la última de cuatro notas.

El premio nacional de novela, habrá que recordarlo, le es entregado a nuestro autor en 2011 por Diario secreto (Alfaguara, 2012). Por lo tanto, tenemos aquí una colección de escritos que fueron surgiendo en la etapa posterior a estos momentos de reconocimiento y premiación. Para esta época, el autor había experimentado mucho con la narrativa y la consagración regional significa un momento importante de reflexión para adquirir una nueva perspectiva. Esto es algo de lo que somos testigos en este volumen. Además, esta firma le permite apadrinar a otros escritores a los que reseña y comenta con rigor, amabilidad y admiración. En ese sentido, Ferrufino también forja una línea de lecturas o un canon de la literatura boliviana que él lee y aprecia. Aunque la primera sección no lleva un título, podemos asumir que se trata de artículos (muchos de ellos publicados en el blog “Le coq en fer”), que se distinguen de los textos que están al final del libro y a los que designa como “Notas”: mientras que en la primera sección hay textos de ocasión (en una suerte de diario o de columna periodística que se publica de manera iterativa), en la última hay notas pedidas por medios o por algún evento (la cronología de estas resulta algo curiosa: se va de dos notas publicadas en 2012 y 2013 a otras dos publicadas en 2018 y 2019).

El libro ofrece un material valiosísimo para quienes deseamos investigar más sobre el proceso de la obra de Ferrufino. El estilo es siempre el mismo: fuerte, marcado, con todos esos rasgos de una masculinidad que se quiere poner en evidencia. Pero también podemos notar las vetas de investigación por las que transita Ferrufino: desde la cuestión de la migración que es un tema privilegiado en la época posterior a El exilio, a una recuperación de una raigambre eslava, de Europa del este, tanto en la “ancestralidad” cultural, como en el gusto estético y en cierto llamado espiritual. A pesar de que estos dos parecen los rasgos más sobresalientes cuando leemos la primera parte del libro de corrido, lo que más satisfacción genera del volumen es la inclusión de unos cuentos cortos (cinco en total) en medio de las dos otras secciones.

La sección de cuentos es corta, pero su lectura no tiene mayor desperdicio: el mejor Ferrufino es el que no teme usar su tono cronístico y periodístico para confabular unas ficciones que nos dejan siempre al vilo de la incógnita, ¿se tratan o no de ficciones? ¿Se tratan o no de escritos autobiográficos? Quizás con Ferrufino no sea necesario delimitar tan rigurosamente esas dos funciones de la escritura pues, si ese fuera el caso, estaríamos cuestionando la misma división del libro. No queremos llegar a ese nivel de relativismo, solo digamos que la riqueza de la escritura del autor no da tregua ni en la parte de las notas, ni en la de los cuentos, ni en toda la primera parte, que es sumamente grata de leer. La escritura de Ferrufino tiene rasgos de la literatura contemporánea norteamericana en prosa y uno desearía calificarla con una palabra de la jerga popular norteamericana, sobre todo afroamericana (población que el autor admira, sin duda): es una escritura “real”, en ese particular sentido que los norteamericanos le dan a los que perciben como auténtico, sin gestos vacíos, ni de presunción, ni de manierismo excesivo.

El principal aspecto negativo del libro sea quizás su fragilidad. Estos textos deberían ser pensados para un uso académico, es decir, para un tipo de manipulación bastante torpe que requiere mantener el libro abierto para copiar citas o doblarlo para leerlo para poder escanear un texto suelto que se usará en clases. Lamentablemente esto no es posible de hacer con mucha facilidad, pues el libro tiende a “derrumbarse”.

A modo de conclusión, no nos queda sino que resaltar la relevancia e importancia de este tipo de emprendimientos para el desarrollo de los estudios de la literatura boliviana. Ferrufino tiene una de las obras de ficción más interesante y mejor lograda de nuestra literatura contemporánea y merece ser estudiada con cuidado y en detalle. Recomendamos la lectura de este volumen a los interesados en la obra de Ferrufino, en su trayectoria, en el proceso de creación de su ficción y en la combinación creativa que realiza de aquella con elementos autobiográficos. El libro es también recomendable a los lectores que quieren comenzar a conocer a este autor sin pasar primero por sus novelas.  

_____

De EL ZORRO ANTONIO, Revista de la Carrera de Literatura UMSA, Número 15, septiembre 2021