Friday, January 18, 2019

URBS AETERNA…Amor a Roma (el palíndromo necesario)


MAURIZIO BAGATIN

Porque el Poeta es el farol adentro de una ciudad, de una urbe, de una villa, como un Diógenes incansable, es el artista que rechaza los aspectos modernos - como sostuvo Andy Warhol, como lo prevé Marc Augé - un étranger con la lupa escrutando todos los ángulos de toda perspectiva, un artista que reconoce la Ciudad eterna en un paseo que parece pasoliniano, como Napoleón «Desde lo alto de estas pirámides…».                                                                                       Pathos que narra los siglos de historia de la Urbs Aeterna, la puerta de África, la ciudad de la cual sus amantes, sus habitantes - propio los romanos - no pueden desprenderse, nunca, afuera de ella serían muertos, Roma es la única cosa que cuenta: amor a Roma, aeternum.

Los sonetos son el capricho del poeta, son el quedarse todas las novecientos noventa y nueve noches esperando la amada y, para no deshacerse del encanto, retirarse la noche antes de la mil… ni un Séneca filosofando, un Pescarella épico o un Trilussa sátiro, y tampoco un Belli popular, Julián Isaías es el amante nocturno, es el pasionario diurno, luz de la historia inmortal de la Urbs Aeterna, como Gregorovius es otro ciudadano honorario de Roma.

De la traducción y de la traductora: …implica un cierto cegamiento, decía Gadamer de la traducción, y que mejor sueño, que mejor poesía, como un Homero y un Borges enceguecidos, Marcela, tu traducción (que no es traición, como quería el Belli) para quedarse, inmortales aeternum en el sueño, en la poesía.
Cochabamba (Bolivia), 10 de junio de 2018




O Ministério da Saúde adverte: para vivir bem é só ligar o foda-se!


KAREN CURI

Já quis chutar o balde, o saco, macumba, pedra, barata, latinha, castelo de areia, gente chata. E chutei. Já quis sambar na avenida, no bloco de rua, na gafieira, agarradinha, sozinha, na cara da sociedade. E sambei. Já liguei bêbada no meio da madrugada para dizer “eu te amo”, cedinho para dar “bom dia” e mais tarde para falar “me esquece”. Liguei para a minha melhor amiga na época em que as pessoas usavam o telefone para fazer chamada. Falamos sobre nada com coisa nenhuma e nunca fui tão compreendida! Liguei o som nas alturas, o chuveiro bem quente, os pontos cruz, o fio vermelho no verde. Liguei a TV só por ligar, o rádio para não me deprimir com a solidão, o ferro de passar roupa e me esqueci de desligar. Liguei o abajur e deixei aceso até de manhã. Liguei o foda-se também. Várias vezes.

Já bati a porta do carro, a porta de casa, o telefone na cara. Já bati de carro, de encontro, bati o bolo na mão e um papo agradável. Já bati boca, bati o santo, bati o olho e foi amor à primeira vista. Já surtei de ciúme, de raiva, de TPM. Já menstruei em pé no ônibus cheio, na calcinha branca, na sala de aula, na balada, na praia, na hora H. Já menstruei antecipadamente, no Réveillon, no carnaval, aniversário, feriado prolongado e depois de alguns dias de atraso — ufa! Menstruação quando chega atrasada dá um alívio danado!

Já queimei o arroz, o couro cabeludo, os pés na areia quente, o corpo até dar bolhas. Já queimei foto do ex, o meu próprio filme, e a cabeça de tanto pensar. Queimei de ódio e de vergonha. Ah, queimei. Já saí sem hora para voltar, sem juízo, sem sutiã, sem perfume, celular, chave de casa, protetor solar. Já menti para a minha mãe quando disse que nunca fui a um baile funk, para o meu pai quando jurei que nunca tinha beijado, para o meu chefe quando supostamente adoeci na quarta-feira de cinzas. Menti na primeira e na última vez. E continuo mentindo.

Já me senti feia, esquisita, desinteressante. Já me incomodei com meus peitos pequenos, mas já tive muito peito para enfrentar homem folgado, injustiça e abuso de poder. Teve quem fizesse eu me sentir pequena, mas teve também gente que fez me sentir gigante. Já tive vergonha por ser magra demais, por ter espinhas, dentes tortos e um cabelo indomável. Vergonha de dizer sim, de dizer não, de expor o que eu penso e como me sinto. Algumas vergonhas eu perdi, mas outras eu faço questão de manter, como, por exemplo, a vergonha na cara.

Já senti a dor da depilação íntima com cera quente, a dor do parto normal, da pedra nos rins, dor de dente, enxaqueca e ligamento rompido. Mas nenhuma dor se compara ao adeus de quem partiu para o novo mundo. Já fui jovem demais para morar sozinha, tomar um porre e viajar com o namorado. Já fui jovem demais para arcar com tantas responsabilidades e tomar decisões importantes. Hoje sou velha para assumir um cargo que compete a uma garota com dez anos menos que eu. Sou velha para ser imatura, ciumenta, insegura, para ainda não saber o que eu quero para a minha vida depois de ter vivido mais de três décadas.

Já fui mocinha e já fui bandida, fui muito boa sem a menor pretensão e bem má com a pior das intenções. Já fui professora, advogada, médica, arquiteta, psicóloga, poeta, astróloga, cantora e atriz. Já fui feminista, marxista, vanguardista, abolicionista, exibicionista. De todas as rimas me sobrou ser colunista. Já fui hippie e já fui punk, bossa nova e rock and roll. Já fui moderninha, patricinha, romântica, antiquada, revoltada e descolada.

Nem uma coisa, nem outra. Nem P nem G, nem branca, nem índia, negra ou parda. Ser mulher é ser tudo ao mesmo tempo. É ser bicho, fêmea, dama e meretriz. É coisa espiritual, antes mesmo de ser de nascença. Depois que nasce, a mulher vai driblando a vida no peito e na raça. Chutando, sambando, sangrando, vivendo as suas mil faces, em mil fases, de mil luas, dentro de mil vidas. E ligando o foda-se de vez em quando, porque ninguém é de ferro.

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De REVISTA BULA 

Thursday, January 17, 2019

Los herederos de Susan Sontag


JORGE CARRIÓN

“Cada época debe reinventar para sí misma su proyecto de ‘espiritualidad’”, leemos en la primera línea del primer ensayo de Estilos radicales, la continuación lógica de Contra la interpretación y una de las estrellas más brillantes de la constelación textual de Susan Sontag.

La crítica cultural, narradora, dramaturga, activista política y directora de cine reunió en Styles of Radical Will —publicado hace exactamente cuarenta años— algunos de sus textos icónicos de los años 60 y 70. En él conviven reflexiones y análisis sobre la pornografía, las relaciones entre el teatro y el cine, la obra de Cioran, Bergman o Godard; y Viaje a Hanói, una las crónicas más desafiantes de la historia de la literatura de viajes, porque en ella la autora constata que es incapaz de entender Vietnam del Norte, mientras que los miles de escritores viajeros que la precedieron alimentaron la ilusión de que comprendían las realidades que visitaban.

A los quince años de su muerte y tras la publicación de sus diarios íntimos, tiene todo el sentido preguntarse por el legado de Susan Sontag, por sus herederos: ¿qué escritores están en estos momentos siguiendo ese camino ecléctico, combinando la obra creativa con la reflexiva y analítica? ¿Quién cree como ella en la literatura y las artes visuales como vasos comunicantes? ¿Quién investiga, como lo hizo la autora de Sobre la fotografía, tanto en el arte más hermético y sofisticado como en el más transparente y popular?

Muchos, por suerte. Hace diez años todavía resultaba extraño que un escritor publicara reseñas de series de televisión o analizara videoclips, pero en un tiempo récord se ha normalizado el análisis crítico de cualquier parcela mediática y cultural.

No hay más que abrir cualquier libro de Eloy Fernández Porta —quien ha ganado el premio Anagrama de Ensayo y el Ciudad de Barcelona— para constatar que, a la hora de pensar un fenómeno sociológico, se ha vuelto indispensable la lectura comparada del mayor número posible de textos producidos en lenguajes distintos.

Así, Emociónese así. Anatomía de la alegría (con publicidad encubierta) o En la confidencia. Tratado de la verdad musitada alternan la exégesis de campañas publicitarias, obras de arte contemporáneo, cómics, teleseries, películas, obras de teatro o novelas, para entender el mercado de las emociones en el siglo XXI.

Como los de Sontag, los libros de Fernández Porta son laboratorios en que se suceden los experimentos hipnóticos. Pero si en la autora de En América todavía se conserva un cierto respeto por los géneros, en los del autor de Afterpop los límites han dejado de estar claros. La poesía, la crónica autobiográfica o incluso la ficción especulativa ocupan espacios significativos de unos libros de ensayo que a menudo parten de Ovidio o de Shakespeare para acabar en la filosofía política o en la sociología de las emociones, tras atravesar el pornoterrorismo, la cocina étnica o el canal FOX.

La pasión cinematográfica de Sontag no pudo conocer el cortocircuito digital; pero en sus últimos años de vida se enamoró de internet, hasta el punto de disponer diversos ordenadores con conexión telefónica en su casa de Nueva York, para poder consultarlos en cualquier momento. Otro de los grandes escritores de nuestra época, Teju Cole —en cambio— se ha formado como fotógrafo en plena transición entre el arte de la luz y el de las imágenes digitales, entre la fotografía y la posfotografía. Y, como Sontag, ha tendido puentes entre la crítica cultural, la creación literaria y las artes visuales.

Sobre todo en sus dos últimos libros. Blind Spot pone en diálogo sus propias fotografías con textos breves que participan del ensayo, la crónica y la poesía. Y en varios de los textos reunidos en Cosas conocidas y extrañas analiza brillantemente cómo Google ha cambiado nuestra relación cotidiana con las imágenes y cómo una zona interesantísima del arte y de la fotografía actuales trabaja precisamente con las herramientas que proporciona el buscador.

Esa investigación la comparte Cole con Alessandro Baricco, autor de un libro fundamental para introducirse en las metamorfosis de nuestra época, Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación, quien acaba de publicar en Italia The Game, su posible segunda parte (doce años más tarde).

Se trata de una inteligente reconstrucción de la digitalización del mundo desde el videojuego Space Invaders (1978) hasta Amazon: cómo a través de estrategias informáticas y lúdicas se ha ido construyendo una nueva estructura ontológica y mitológica, que Baricco explica tanto en su ensayo creativo como con mapas conceptuales (firmados por 100Km Studio).

Entre la generación de Sontag (que nació en 1933) y la de Cole (1975) se encuentra la de Siri Hustvedt —quien no por casualidad escribe el prólogo de Blind Spot— y Chris Kraus (ambas de 1955). Novelistas y críticas culturales, pensadoras narrativas y anfibias, Husvedt es también una gran ensayista sobre ciencia, mientras que Kraus ha dirigido varias películas y es una reconocida crítica de arte contemporáneo.

Sus novelas —como Amo a Dick o Sopor— y sus libros de no ficción —como Video Green— comparten una galaxia de personajes desorientados en un horizonte de instituciones artísticas a la deriva. Instrumentalizado por el mercado y por los programas de posgrado de las universidades, tras la caída del Muro de Berlín de la que habla Sopor, el arte ha perdido la fuerza política que tanto defendió Sontag, quien sí se sentía cómoda en el incómodo rol de “intelectual”.

Tal vez sea ésa la diferencia principal entre la autora de La enfermedad y sus metáforas y los escritores que han seguido —consciente o inconscientemente— su camino transgenérico, su fe en el ensayismo creativo y en las narrativas que piensan, su apertura a todas las expresiones artísticas contemporáneas. En el siglo XXI el compromiso político de los escritores difícilmente sale fuera de los límites de sus textos.

Hace pocos meses se cumplió el vigésimo quinto aniversario de la representación, dirigida por Sontag, de Esperando a Godot en un Sarajevo asediado por francotiradores. También estaba allí Juan Goytisolo, otro maestro de la literatura experimental, otro intelectual comprometido. Aunque sus gestos —para bien o para mal— tuvieran fecha de caducidad, sus obras abiertas y estimulantes siguen generando el futuro en que leemos y vivimos.

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De THE NEW YORK TIMES en español, 13/01/2019

Imagen: Susan Sontag/Chester Higgins Jr./The New York Times 

Wednesday, January 16, 2019

Rosa tan maravillosa


ELINA MALAMUD

Rudi Thurner es mi amigo alemán. Cuando Rudi se queda pensativo, sostenido por sus pantalones –que lleva calados por arriba de la cintura– se balancea hacia adelante como un judío en la sinagoga, murmurando melodías para adentro, con los labios cerrados y apretados, como si rezara. Tomaba conmigo clases privadas de español y, como era un alumno avanzado, las dedicábamos a la lectura concienzuda de viñetas de humoristas locales, jocosamente gauchescos. Fue toda una experiencia cultural y laboriosa, para ambos. Un día entré a la sala donde Rudi me esperaba, lista para que fuéramos al cine y lo encontré parado, en su pose típica, con las manos en los bolsillos. La vista se le perdía más allá de la ventana, en unas nubes oscuras y amenazadoras. Entonces, sin apartar los ojos del cedrón y las glicinas que se recortaban afuera, sobre el negro de las nubes, dejó escapar su comentario, lento, reflexivo y de amplitud cósmica: “... qué lo parió...”, dijo, tan ajustado a la escena, apropiado, perfecto. Parece que juntos habíamos construido su aprehensión tan cabal de lo nacional y popular.

Además de que siempre que lo visitamos en Berlín, nos despide con una bolsa llena de golosinas para el viaje, dulzor de su esencia, Rudi me es un amigo práctico. No sólo es historiador sino que financió su carrera universitaria manejando un taxi, así que, cuando recorremos juntos su ciudad, él se complace en descubrirme y explicarme los rincones más exóticos, o significativos, y yo en robarle información.

Un día me anunció que, al regreso de no me acuerdo dónde, me llevaría a un sitio particular de Berlín y no me olvido la cierta mezcla de circunspección y morosidad reverencial con que me abrió la puerta del auto, me llevó hasta la orilla del canal Landwehr y me mostró una placa baja, sobria y luctuosa, llena de letras oscuras, que parecía estar perdiéndose al borde de la vereda para escurrirse hacia el agua del canal. Hasta acá trajeron el cuerpo de Rosa Luxemburgo cuando la asesinaron, y lo tiraron al canal –me dijo, y nos quedamos un rato mirando el agua. La encontraron cuatro meses después, muerta con su vestido mojado, navegando la dialéctica de la historia; y dicen que todavía llevaba los guantes puestos. La voltereta indecorosa de su cuerpo, cayendo despatarrado con un sórdido splash, en el medio de la noche, fue la primera imagen que tuve en mi vida de Rosa Luxemburgo.

Siempre junto al recuerdo de Rosa Luxemburgo me asalta la figura de otra mujer polaca, Maria Sklodowska, a la que el mundo, no sólo el científico, conoce con el apellido de su marido francés, Pierre Curie. Los padres de Maria Sklodowska habían participado de los levantamientos de 1863, cuando los campesinos de Lituania y Polonia se juntaron con los burgueses y con la nobleza local para recuperar las dos repúblicas, mezclando los intereses de clase propios de unos y de otros. Fueron reprimidos con una fiereza impropia del zar Alejandro II, miles fueron ejecutados y otros miles desterrados a Siberia; el pueblo quedó bajo ley marcial, se prohibió el uso oral y escrito de la lengua polaca y la familia Sklodowski fue despojada de sus bienes. Maria Sklodowska-Curie, cuando ya era una científica reconocida en Francia, se mantuvo prendida al amor de su tierra, educó a sus hijas francesas en la lengua polaca, viajó constantemente con ellas a su país y llamó polonio al primer elemento radiactivo que descubrió. Fue su forma política de reivindicar la histórica lucha de los suyos contra la autarquía de los zares de Rusia.

Rosa Luxemburgo, en cambio, dio sus primeros pasos políticos cuando todavía era estudiante secundaria en Varsovia, en la huelga decretada por el Proletariat, un partido de la izquierda polaca que pronto fue desbaratado y al poco tiempo tuvo que escapar a Suiza para no terminar en la cárcel... al menos por el momento. Sus estudios de filosofía, matemática y economía, la convirtieron en una teórica sin fisuras, apretada en un cuerpo pequeño, delicado y enfermizo que se crecía con la fuerza de su carácter, preciso e implacable, y el pensamiento inteligente que se le escapaba por los ojos o ella expresaba, indefectible, en los varios idiomas que dominaba, según la describió Trotsky en la inmensurable admiración que sentía por ella. 

En su pelea por la revolución que llevarían adelante las masas proletarias no cabía la condescendencia con los sentimientos nacionales por lo que, a diferencia de Maria Sklodowska y de muchos camaradas, no consideraba prioritaria la independencia de Polonia –larga y rica discusión que mantuvo con Lenin– ni se bancaba las componendas reformistas que denunciaba en el seno de la social democracia alemana, con razones parecidas a las que seguramente habría usado para criticar a nuestras democracias complacientes y progresistas de principios del siglo XXI.  

Cuando Rosa, Lenin y Trotsky coincidieron en los pasillos de la iglesia de Londres donde se realizó el Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, en 1907, Lenin deslizó una humorada aduciendo que sus desentendimientos con Rosa ocurrían no más porque “Rosa no habla bien el ruso”, a lo que Trotsky se apresuró a contestar que “en cambio, habla magníficamente el marxismo”, lo que distendió, en risas de todos los que se apiñaban alrededor de los tres, las tensiones de aquellas turbulentas jornadas, además de mostrar una corriente que los acercaba, a Rosa y a Trotsky, en los principios de la revolución permanente. Rosa, por su parte, aseguraba que todo estaba equivocado en su vida, por causa del torbellino de la historia y de la revolución. Que ella, en realidad, había nacido para criar gansos, recostarse en el tronco de un arce a masticar alguna hierba que le robara a las brisas de mayo o disfrutar las armonías de los conciertos de verano. 

Y entre amores y discursos, debates y cárceles, lecturas y artículos de clarificación política, temores y desafíos, en un claro del sueño de la noche, musitaría su qué lo parió personal, en voz muy baja, modelado en versión polaca, tierna, familiar, nacional y popular, nostálgica, renegando de los cansancios y los desencantos, hasta que la muerte la violentó, presentida e inesperada, y la apartó de la vida cuando su camino estaba todavía tan incompleto.

* Escritora y periodista.

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De PÁGINA 12, 15/01/2019 

Tuesday, January 15, 2019

Henfil – carta a Elis Regina


Elis,
Tudo bem. Nenhuma pista sobre tua morte. Tipo crime perfeito. Precisa ver. Os perplexos seguem as pegadas duma tal fama assassina que devora seus filhos. Os nascidos nos anos 40 já acham que tá é passando um flautista, convocando a geração “da gente” (Ri! Ri! Ri!). Os legistas shibatam tuas vísceras à cata de comprimidos e tóxicos.

Tu despistou todo mundo.
Mas eu, eu encontrei a caixa-preta. E vou abrir:
Nós homens te matamos, mulher.
Você dobrou tua voz e venceu. Dobrou teus negócios e venceu. Dobrou tua consciência política e venceu.
Quis ser mulher livre e perdeu…

Nós homens te exigimos alta, linda e gostosa. Nós homens te espancamos a murros e pontapés uma, duas, de dez vezes. Nós homens te obrigamos a lavar roupa e cozinhar pra nos sustentar. Nós homens te forçamos a se humilhar diante do teu povo, cantando de joelhos o hino nacional. Aí, nós homens, sem perguntar, te enterramos no cemitério dos mortos-vivos do Caboco. Mamadô. Nós homens te exibimos em churrascarias. Nós homens te vestimos de azul, vermelho, branco, roxo, amarelo, preto e cortamos teu cabelo curtim feito Joana d”Arc.

E você só queria namorar nós homens.
Mas nós homens não conseguimos namorar uma mulher livre.
Perplexos, quarentões e médicos-legistas!
Podem suspender as diligências.
Tá na caixa-preta: fomos nós, homens.

Henfil Sreet
27.1.1982 

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De REVISTA PROSA VERSO E ARTE, 04/03/2017

Fotografía: Elis por Juarez Fonseca

Sunday, January 13, 2019

Décadas y siglos atrás


JORGE MUZAM

Romina preparó un kuchen de membrillo. Tiene el sabor de la ternura que se escenifica con la distancia, suavidad de tostada piel de marzo, textura de una caricia somnolienta de invierno austral. Pido a los dioses que bendigan su magia culinaria. Le aderezo una capa de miel de castaño. Mate amargo para espabilar demonios improductivos. Mi mano como un catalejo para supervisar la cumbre del Malalcura.

He madrugado para aspirar los aromas de enero, las flores húmedas del poleo, la lavanda en su apogeo. No han llegado pájaros operáticos esta mañana. Las tencas se fueron de farra. Los manzanos no acusan ni rumor de brisa. A lo lejos, los queltehues parlotean como en un bar de Joseph Roth. Ni ellos parecen entenderse.  

Abro el archivo de Joe Hisaichi, marchas nupciales de nubes grandilocuentes, anillos que se multiplican en un estanque de ranas contemplativas, hojas secas de platanero trituradas por un poeta descuidado. Cada nota es un haiku que araña el corazón, latidos de un alcanfor centenario, hologramas del Yo-Niño que aparece y desaparece en un bosque de nunca jamás.

Los periódicos no traen buenas nuevas. Solo miseria moral, tergiversaciones malintencionadas, fascistismos travestidos con mantos de pureza. No hay acápites para la generosidad humana, anexos para el lado de la condición humana que sigue resistiendo a la inmundicia de la historia.

El sol se alza pegándole codazos a las nubes. Es hora de iluminar el valle de Alico, darle un manto turquesa al río Ñuble y vitaminizar los durazneros que se aprestan a la maduración. 

Vuelvo atrás, décadas y siglos atrás. Un mensaje de Mozart, un poema encriptado de Joyce, un chiste elegante de Nabokov. Los mejores capítulos de la gran marcha ya fueron escritos.  

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De CUADERNOS DE LA IRA, blog del autor, 13/01/2019 

Jacques Rossi, le Français qui a fait 24 ans de goulag

SÉBASTIEN LOPOUKHINE

Jacques Rossi était le Français du goulag. Comment ce communiste sincère, agent du Komintern, qui était prêt à "se jeter du haut de la tour Eiffel si le parti le lui demandait", a-t-il fini par passer vingt-quatre ans dans les camps de Staline ? Retour sur un destin hors du commun.

Lorsqu’ils ne mouraient pas de faim, de froid ou d’épuisement, les séjours des prisonniers dans les camps étaient prolongés par des exils forcés dans d’autres régions de l’Union Soviétique. Institution à broyer les hommes, le goulag a détenu vingt millions de personnes selon l’historien Nicolas Werth. Certains ont eu la chance de revenir vivants et parmi eux, des prisonniers devenus célèbres comme Alexandre Soljenitsyne dont on s’apprête à fêter le centième anniversaire, ou Varlam Chalamov. Avec leurs œuvres devenues universelles, ils ont tenté de raconter l’expérience du goulag, cette "école négative de la vie". À côté de ces monuments, figure un Français, quasi inconnu : Jacques Rossi. Il aura passé vingt-quatre ans de sa vie dans les camps. Vingt-quatre années durant lesquelles il aura tout enduré, tout consigné et espéré pouvoir revenir un jour en France. Il est un grand témoin du XXe siècle et son histoire est extraordinaire.

Les principaux camps du Goulag entre 1923 et 1961. Photo que l'on peut voir au musée du goulag à Moscou• Crédits : Fine Art Images/Heritage Image - Getty

Né à Bourg-en-Bresse en 1909, Jacques Rossi se souvient du "plus jamais ça" qui suivit la Première Guerre mondiale. Il vit alors à Varsovie avec sa mère et son beau-père. Très jeune, il prend conscience des injustices sociales et à 17 ans, il s'inscrit au PC polonais clandestin. Jacques Rossi se sent investi d'une mission de militant révolutionnaire : renverser l'ordre bourgeois et capitaliste. Condamné à neuf mois de prison pour avoir distribué des tracts antimilitaristes et pro-bolcheviques, Jacques Rossi est approché par le Komintern à sa libération. Ses dons de polyglotte (il parle dix langues) lui permettent d'être recruté. Il adhère alors corps et âme à la Révolution prolétarienne. 

Il va sillonner l'Europe sous des identités d'emprunts, "des documents cachés dans ses chaussures", remplissant mille missions secrètes, avant d'être subitement "rappelé au village", alors qu'il se trouvait, agent clandestin, derrière la frontière espagnole. Arrivé à Moscou, il est arrêté, interrogé et torturé. Condamné pour "espionnage au profit de la France et de la Pologne", Jacques Rossi est happé par le Goulag jusqu'en 1961... Son dossier ressemble à celui de millions de goulagiens : monté de toutes pièces. Jacques Rossi ne reviendra en France qu'en 1985 avec, dans ses bagages, un manuscrit écrit en russe, Le Manuel du Goulag, qui paraît en France en 1997. En 1999, le producteur Jean-Marc Turine réalisait une série de cinq entretiens avec ce grand témoin du XXe siècle.

C'est de son enfance marquée par la Grande Guerre et le "Plus jamais ça !" qui suivit, dont s'entretenait Jacques Rossi dans le premier volet de ces entretiens. Né en France mais élevé en Pologne dans une famille bourgeoise, cet enfant plutôt chétif, épris de justice sociale, va se montrer très vite attiré par la pensée révolutionnaire.

Je me souviens de ces mots des grandes personnes, les yeux levés vers le ciel : "Plus jamais ça !". Ça m’a vraiment impressionné. Je ne savais pas que c’était vraiment la guerre, j’étais dans une famille qui était assez bien matériellement, mais j’ai retenu ces mots et je crois que c’est ainsi que je peux expliquer cet engouement pour la gauche. C’était l’idée de se mettre du côté de celui qui est maltraité, faire en sorte que les guerres ne se répètent plus. Je me souviens vaguement que les grandes personnes parlaient de cette Russie, de ce Lénine qu’on ne connaissait pas. C’était très exotique, nouveau. La justice sociale, je la connaissais déjà à 12 ou 13 ans car je lisais mon Rousseau assez tôt. Le changement entre Varsovie et la France me permettait d’apercevoir des changements, des contrastes sociaux. Dans les terres de mon beau-père polonais, une vieille paysanne venait me baiser la main ! C’était en 1920 peut-être. Je ne crois pas que ce soit encore possible aujourd’hui. C’est tout à fait normal que je devins communiste. Le parti était illégal, alors on n’adhère pas. C’est le parti qui vous regarde, de loin, de près et puis il vous propose. C’était mon cas. J’étais tout à fait fier !

Le "rappel au village" : le retour à Moscou
"Rentrez au village !" À l'écoute de son émetteur clandestin qui le relie au Komintern, alors qu'il est en mission en 1937 en Espagne, Jacques Rossi comprend tout de suite qu'il est soudainement rappelé à Moscou, sans qu'aucune raison lui soit donnée. Sa camarade Maria, qui joue le rôle de son épouse au cours de cette opération, tente de l'en dissuader. Nous sommes en pleines purges en Union Soviétique, et elles moissonnent. Mais un soldat du prolétariat ne discute pas les consignes. Sa vie bascule. Jacques Rossi relate la répression au sein du parti communiste, et nous fait part de ses convictions intimes.

Quand on vous envoie innocent dans les camps, vous retenez tout ce qui est écrit sur les billets qu’on vous a laissé voir. On a été plus de 600 expédiés lors d’une même séance. Et plus tard, lorsque que j’ai été envoyé dans les camps de Norilsk, là j’ai rencontré encore d’autres centaines et centaines qui avaient été jugés par la même session de cette commission. Si à cette époque j'avais soupçonné mon meilleur camarade de trahison, certainement je l’aurais dénoncé […]. Pourquoi la purge ? Il fallait des boucs émissaires pour expliquer pourquoi le projet ne marchait pas. On arrêtait dans toutes les sphères : les beaux-arts, l’industrie, l’agriculture… Il fallait montrer à l’opinion publique qu’il y avait des ennemis du peuple, expliquer aux Soviétiques, pourquoi, vingt ans après la victoire de la plus grande révolution mondiale, ils vivaient dans cette misère.

La déportation au goulag
Arrêté à la veille de son mariage, accusé d'espionnage, condamné sans jugement comme des millions d’autres, Jacques Rossi est déporté vers le goulag par un train spécial. "Moi, je n'étais pas victime du stalinisme parce que j'étais pour Staline !" explique Jacques Rossi qui face à cette machine monstrueuse ne peut se résoudre à y croire. Il écope d'une première condamnation à huit ans. À partir de là, il va passer par toutes les phases de la décontamination idéologique : "Mon arrestation, c’est sûrement une erreur !" pense-t-il d'abord. Puis : "Staline ne peut pas être au courant !". Douloureuse décantation, au regard du formidable espoir suscité par le communisme chez des millions d’hommes de bonne foi... Dans ce troisième entretien, Jacques Rossi revient, entre autres, sur les conditions de vie qu'il a endurées :

Appliquer la norme de travail strictement, ça veut dire vous tuer. Tuer lentement. Si vous devez faire un travail pour lequel vous n’êtes pas qualifié, ou bien pour lequel vous êtes trop faible parce que mal nourri, mal vêtu et que nous n'y parvenez pas, le lendemain, vous recevez une ration de pain un peu moindre pour vous punir. Après ça, votre rendement baisse encore, vous recevez alors une plus petite ration jusqu’à ce que vous creviez de faim. Il n’y a rien à faire, il ne peut pas y avoir de miracle. On était très mal vêtus. Les vêtements que l’on portait étaient en coton, doublé. C’est pour ça qu’en hiver, lorsqu’il faisait moins vingt à moins quarante degrés, il fallait toujours travailler, car dès que l’on s’arrêtait, on gelait. Toutes les deux heures, nous avions le droit de nous chauffer pendant cinq minutes près d’un feu.

La "libération" du camp, direction Samarkand
6 mars 1953, mort de Staline. Entre le 6 et le 9 mars, jour de ses obsèques, le Père des peuples emportera avec lui dans sa mort plus de 1500 hommes et femmes, piétinés ou étouffés victimes de scènes d’hystérie collective. Khroutchev arrive au pouvoir et le XXe congrès du Parti communiste en 1956 amorce la "déstalinisation" de la société russe. En cette période tumultueuse et incertaine Jacques Rossi a 47 ans, dont 19 passés au goulag. Il est théoriquement libéré et ramené à Moscou : "_C’était la première fois depuis depuis 1937, soit presque vingt ans auparavant, que j’étais semi-libre"_. Mais le système n'en a pas fini avec lui... Jacques Rossi est en fait "soi-disant libéré" et il faut se décider car une personne qui ne peut justifier d’un domicile fixe est "gouléguisable". Il faut choisir un lieu de résidence.

- Où vous-voulez aller ?                            
- Moscou                            
- C’est interdit                            
- Alors Leningrad                            
- C’est interdit                            
- Odessa                            
- C’est interdit                            
J’ai cité une une quinzaine de villes dont j’avais entendu parlé, mais la réponse ne variait pas. Alors pour gagner du temps, j’ai demandé poliment : Pourriez-vous me donner la liste des villes autorisées, parce que l’URSS, c’est grand.                            
- Impossible, cette liste est secrète.                            
Finalement comme j’étais orientaliste de formation, à la quarantième ou cinquantième ville, j’ai dit Samarkand. "Oui, ça va" a répondu le sergent. Située à 5000 km, ce n’est pas la ville où j’aurais voulu aller pour me rendre à Paris (rires).

La vie après le goulag, après l'URSS
"Je vais peut-être me vanter excusez-moi, mais je crois avoir résisté un peu. Je ne suis pas cassé il me semble." Au cours de cet ultime entretien Jacques Rossi, qui a 90 ans lors de l’enregistrement de cette conversation, fait le bilan de sa vie, et donne son avis sur le régime soviétique avec cet humour si particulier qui lui a permis de tenir peut-être, d’avoir le courage de renoncer à ses illusions sans nul doute.

La vie n’a jamais été interrompue. J’ai rencontré des gens qui étaient en prison et qui avaient pris l’habitude de dire, ce sont des années perdues. Je crois que si vous avez des choses dans votre cœur et dans votre tête, vous vivez tant que vous respirez. Ce n’est pas toujours commode bien sûr. Vous vous êtes gâtés, vous vivez dans le luxe du premier monde, le monde développé. Si bien que s’il vous manque quelque chose, vous êtes malheureux. J’ai appris beaucoup de choses au goulag. Tout d’abord combien on est rien. Avec tous les services dont nous disposons ici en France, santé, etc… on est convaincus de notre importance. Mais si on a l’expérience du tiers-monde, ce qui n’était pas mon cas puisque j’étais au goulag, mais ça y ressemble, on finit par comprendre que l’on est rien du tout. Du moment où on a le droit de respirer, c’est déjà quelque chose (rires). Je n’ai pas repris ma vie en sortant, c’est votre conception. Si vous avez votre contenu dans votre cœur, dans votre esprit, vous vivez toujours. L’homme est un animal comme les autres, il veut survivre.


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De FRANCE CULTURE, 27/11/2018