Monday, April 1, 2019

Isla Correyero: angustia, venganza, desesperación


MANUEL LLORENTE

Ya no esnifa, apenas bebe y sólo fuma, pero siguen 'ahí' los matrimonios fallidos, su amor lésbico y aquella vida al límite. En la antología 'Mi bien' está todo ello y su actual mirada hacia las "pequeñas cosas".

"Canto lo bello y lo perfecto. Bebo, fumo y esnifo (...) Soy perversa y cruel y me bañan las lágrimas a solas (...) Me gustan los licores y las sedas (...) No obedezco leyes ni partidos".

Es la carta de presentación de Isla Correyero. Mi retrato a lápiz (1984). De aquello queda todo menos la cocaína, dice la poeta de (ya) 1957. "Apenas bebo, no esnifo, pero aún tengo arrebatos de amor con todos". Con todos quiere decir con todos. Porque a esta mujer no se le ponía nada por delante en los 80 y 90. Y todo lo contaba. Su biografía está en sus versos, muy dolorosos, muy entusiastas, muy extremos... Una desmesura constante.

Todo esto viene a cuento porque la editorial Visor publica ahora Mi bien, una extensa antología de sus versos con un estudio minucioso de quien muy bien la conoce, el también poeta Juan Antonio González Iglesias. Los versos de Isla Correyero alcanzan así hoy, todos juntos, una hechura, una cohesión que da un brío claro a los nueve libros contenidos.

Pero no todos, dentro de su intensidad, suenan igual. Aquel desenfreno ha dado paso a una nueva época vital y literaria. Un punto de inflexión que asoma en el último poema, Luz de agosto bajo el nogal: "Lejos de toda pasión demasiado grande/ sólo mis sentidos se centran en la admiración y belleza de las pequeñas cosas". Lo escribió en agosto de 2017, ya con su madre enferma, internada. La lleva siempre encima, la tiene presente en forma de un reloj Omega que ha heredado, un reloj de oro breve al que se le ha roto la cadena de seguridad y con las manecillas dormidas a las seis y media.

"Mis aventuras escandalizan a los necios y con el dedo me gusta tocar los labios de la noche", escribió. Y vaya si escandalizaban. El poema Coño azul armó un buen revuelo ("Mi coño es negro como carbón evaporado./ Pero se vuelve azul/ a la luz de la tele y de la luna"). Isla Correyero no se arrepiente de él, pero ya no le gusta. No relee éste ni otros poemas, lo escrito escrito está. Vuelve a sus clásicos: a Claudio Rodríguez, a Quevedo, a Gonzalo Rojas, a Juan Gelman, a Antonio Gamoneda. "La poesía va y viene, según nuestro ritmo. La poesía es para leerla en voz alta. Es una pasión enorme que siempre me ha acompañado", dice con sosiego.

Y sale al paso cuestionando cierta poesía joven "que circula por internet y que abusa de palabras soeces para querer ser moderna. Aparecen palabras como joder, follar o coño, pero de forma despectiva. Sólo lo hacen para llamar la atención. O por desinformación. Para escribir poesía hay que haber leído mucho. El lenguaje debe ser muy amplio, pero debe adecuarse a su objetivo. El poema debe tener una armonía», precisa la escritora.

Isla Correyero tuvo un primer matrimonio que apenas duró siete meses, luego encontró el amor de una compañera de trabajo que la alivió durante dos años, y se volvió a casar, y volvió a tener mala suerte. Tiene dos hijos. Y fue enfermera y en el hospital vio de todo. Y todo esto lo cuenta con detalle en Cráter, Ámbar (libro inédito), Lianas, Crímenes, Diario de una enfermera, Amor tirano, Divorcio... "He sufrido muchísimo, hasta malos tratos. Y también he sido una mujer muy libre. Ámbar, el libro inédito, no lo publiqué en su momento por respeto a la familia, porque ya tenía hijos y era una época todavía...". Era 1984. Cuando escribió "Bajan los tordos a beber aceite/ de mi vaso de plata y cobre, bravos". Y "deslízate en mi cuerpo como en agua".

Pero la voz de Isla Correyero es más reconocible en versos como "Los que probamos las exóticas sustancias y vivimos en el cine y en la noche./ Todos nosotros./ Los desterrados ahora de aquel grupo./ Los olvidados, los oscuros, los ausentes./ Los abandonados y los destruidos" (Todos nosotros). "Yo vengo de perder una batalla/ de la vida/ y otra más y otra más/ y otra. Pero mi espíritu está indemne" (Cinta de Moebius). Y alcanza un grado mayor en el libro Diario de una enfermera, escrito durante su trabajo en el Ramón y Cajal. "Hay muy poca esperanza en este libro", decía el pasado lunes en una cafetería junto a la madrileña Plaza de Castilla al final de la mañana. Y tanto. Dos ejemplos: "Me han elegido para entrar en la muerte de una niña". "Las doce campanadas resuenan en la UVI como un tono alterado de medallas estáticas./ Después de la última uva dorada de este año daremos a los padres del cadáver la noticia terrible".

Allí vio de todo y eso le valió para escribir guiones para la serie de Televisión Española Quinta planta, con Antonio Mercero, que no llegó a puerto alguno. Ella dice que por censura, porque si bien defiende la sanidad pública española "también tiene sus problemillas y eso lo conté".

- ¿Y por qué empezó a escribir?
- Por rebeldía.

Silencio.

- Yo no tengo entrada en el mundo de las mujeres, no me dan bola. Y siendo feminista como soy. Quizá porque vieron en mí alguien libre tanto en la vida como en la poesía. Ahora me fijo más en los hombres mayores, esos que tienen un universo. Me gustan esos hombres tan sensibles que empiezan a llorar.
- ¿Y hacia dónde va hoy Isla Correyero?
- Yo he ido, nunca me he buscado.


Poema: 'Clase de baile'
Tenga la goma de mi body un roto
por donde el dedo de tu amor me palpe,
tiente mi vientre tierno y estirado
sin que resista mi destino el talle.
Páseme el viento del amor tan dentro,
tan inmoral y tan furtivo pase
que una tormenta de piano quepa
entre mi body y el plié del aire.

Del libro inédito Ambar (1984)

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De EL MUNDO.es, 16/10/2018

Fotografía: Carlos García Pozo


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