Wednesday, February 8, 2023

EL RESPLANDOR DE LA VIRGEN CANDELARIA


JOSÉ ANTONIO LOAYZA PORTOCARRERO

 

Se los cuento, como me lo contó mi abuela Candelaria que nació el 2 de febrero, y me lo recontó mi madre que murió en la misma fecha años después. A ellas les debo este relato.

El encomendero don Lorenzo de Aldana, se enorgullecía de ser el señor de Paria, la primera ciudad fundada en el Alto Perú. Nació en 1508, en la ciudad española de Cáceres. Era devoto de la Virgen de la Candelaria, o de la Candela, o de la Luz, a quien juró levantarle un templo cuando se hizo a la mar de España a las Indias, porque un día de fuertes vientos las olas se encresparon y un maretazo enorme los estrelló contra los farallones de coral. Los marinos se encomendaron y juraron que si escapaban de la muerte le construirían un templo… y se salvaron.

Aldana que participó de las riquezas de Cajamarca y en el arresto de Atahualpa como hombre de mando en las filas de Francisco Pizarro, les pidió a los curas agustinos traer a Paria la imagen de la Virgen para cumplir con la promesa de construirle un templo por el milagro recibido. Los padres llegaron en 1559, siete años antes de la fundación de Oruro, y mientras se erigía el templo de Paria, Aldana vio que entre los fieles, había uno que dibujaba con pigmentos silvestres alegres glorias y divinos rostros de mártires o de querubines que parecían cánticos de fe, y viendo ello le pidió que pinte en la ermita al pie del cerro “Pie de Gallo”, el fresco de la Sagrada Imagen de la Virgen Candelaria, que desde 1760, se llamaría: Santuario de Nuestra Señora del Socavón.

El buen artista con escalera puesta pintó sobre una pared de calicanto a la Virgen, y a sus pies a Santo Domingo de Guzmán y a San Francisco de Asís. La Virgen y el niño no miraban al frente ni al cielo como otras imágenes, la Virgen miraba a la derecha y el niño a la izquierda. ¿Cuál el misterio?, la Virgen les pidió a los santos que revelen a los hombres rencorosos de la villa que el sitio que habitaban era tierra de amor, donde los cuchillos no iban solos al corazón, ni la noche era perversa ni el mañana era adverso si no había fe y voluntad para que haya canto y baile por el gozo de la creación. Enseguida cayó la nieve de copos blancos sobre los tejadillos de la villa, y la gente hasta entonces sin ojos ni voz, dejó el puñal y los perdigones de dolor, y se sintió resucitada y libre desde el faro del Conchupata hasta más más allá del gris turbio del horizonte.

¡Ay amor! Desde entonces la Virgen habita en su templo, en su bendita casa, en la inmensa giraluna de soledad silenciosa. ¡Ay frío!, tan caliente de cariño, donde el sentimiento hace tiempo bordó luceros finos y adornó la devoción de los gitanos de la villa que danzan con caretas de yeso o con escarcha de plata en los ojos llorosos, y bailan en enjambres desde la pampa al cerro, sólo para apoyarse en la barda del Socavón y mirarla empapados en llanto y sudor: Virgen del Socavón, Virgen morenita, lloraré porque así es mi alegría, quererte como bien te quiero.

Para mis tres candelarias allá en el cielo, para mi abuela, para mi madre, y para mi niña Lita Candelaria, para que sean mis tres amadas candelas, las que me den luz y buen juicio… si acaso es posible.

 

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