Friday, January 13, 2023

El calendario


MAURIZIO BAGATIN

 

Inicia con Jano bifronte, no sabemos si historiador o profeta, y nos quedamos con la ambigüedad en su mirada. ¿Una sonrisa o un guiño? Vendrán luego las máscaras del carnaval, fantasía y esperanza. ¿Las dos caras de la misma moneda? Febrero tal vez lo dirá.

 

Son vidas que veo y que son manchas de leopardos, infancias marcadas y el gen que no ahorra a nadie. El calendario no tiene pausas, deja huellas hasta en el asfalto, firmes sentencias y absoluciones; retrata el clima, cuida la semilla en la tierra, el apacible animal, y la cosecha del fruto.

 

El calendario es héroe y es villano. Conserva la memoria necesaria al poder, el calendario es hegemónico. Los ancianos en una plaza van comprando el almanaque Bristol, detrás de una puerta los campesinos cuelgan el Schiesón Trevisán, el chinampero mira las fases lunares de este año en el Calendario Galván.

 

La tierra da vuelta alrededor del sol. Unos tras otros, vividos, arrastrados, gozados, sufridos, los días borran el calendario. Quedan afuera todos los pequeños detalles que la Historia no escribirá nunca: una hoja aun verde que abandona el árbol, la ausencia del canto del gallo en una triste mañana de invierno, la ventana cerrada desde donde unas sonrisas buscan el sol.

 

Son nombres colgados a una pared, santos cristianos. Lunar y solar, gregoriano. El asombro de Pigafetta en haber circunnavegado la tierra siempre en dirección Oeste, en su marcha giratoria, y haberle arrebatado un día.

 

Son nombres de emperadores y divinidades, nuestro diario vivir dictado por Numa Pompilio y Julio Cesar; un día se hizo al revolucionario, mirando solamente el movimiento del sol. Una nueva orden del tiempo: vendimiario, germinal, brumario y ventor sus meses, muerte a la religión y ciclo a siembras y cosechas del mundo agrícola. Al año tercero murió, Napoleón tenía otros cálculos.

 

Nunca un tiempo biológico que siga el pathos del hombre, las emociones, los cansancios, un reloj de arena que resista al olvido y en su fisura deje entrar una nueva luz.

13 de enero 2023

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De PLUMAS LATINOAMERICANAS, 13/01/2023 

Thursday, January 12, 2023

Necedades


ELIANA SUÁREZ


“Solo lo humano sabe ser verdaderamente ajeno./

El resto son bosques mixtos, trabajo de topos y viento.”

Wislawa Szymborska


Decís, quizá porque te lo han dicho mil veces, que el aire que respiramos es de aquí hasta allí y que cada centímetro cúbico tiene dueño. Pero mirá, esta piel trigueña tiene millones de razones para, cuando la roces, estallar en sensaciones.

Si no hay vela que ilumine el espacio. Si no hay posibilidad alguna de distinguir los colores y si solo vos y yo y un plano sin delimitar existimos ahora como un solo ser, con voces y ritmos de respiración diferentes, habitando un vacío lleno de historias y me contás que solo duele vivir, entonces…

Entonces qué importa si es a la derecha o a la izquierda si nunca el afán será la libertad. Vení, acá y más acá del miedo a quedarte vacío.  Cerca del lugar donde emergen guerras inútiles y armas para la muerte, justo sobre el límite de la estupidez.

Ahí donde, portando luces, cuatro mujeres de largos vestidos de colores diversos se acercan y llenan la oscuridad de nuestras pupilas rotas. Ecos de pasos en la escalera y un manojo de llaves que preanuncia la cercanía del último día en la historia de la humanidad.

No te vayas. Corré como niña que intenta atrapar un ave en vuelo y estirá los brazos arañando el agua caída del cielo. Porque allí, a tu lado, una madre amamanta a su niño con flores de azahar, de cardo y de agapanto. La ceguera te confunde, ¿verdad? Alguien narró una historia: si los atravesás con un puñal, ambos sangrarán aguijones y tu piel se volverá púrpura.

Estado de oscuridad: aún no hay luz ni soles que lo remedien. Mas hay luna al final de un túnel de pinos y, en el tronco de un árbol, una herida supura semillas. 

¿Ves? De nada sirven tus cercos y murallas. Caminás en círculos y tropezás con la misma piedra. Y no entendés de aquel laberinto ni de aquella rayuela ni de un hombre que se volvió insecto. Partiéndote la cara al medio y ahogándote torpemente en silencios turbios, estás perdido y desnudo ante un desierto de palabras.

11/01/2023 

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Imagen: Bohumil Kubista, 1912

Sunday, January 8, 2023

era Berlín (revisited)


PABLO CEREZAL

 

Bowie ha nacido, un año más, y tú has parido el silencio cerrando, ya no recuerdo cuándo, la puerta de este hogar en que se ha desvestido tantas veces nuestro amor, para solaz de los relojes y escándalo de las vecinas. Entre ambos habéis inaugurado una nueva temporada de huecos sin más nombre que el de ese dolor que me aúlla contrariando a los doctores que no saben recetarle farmacias porque le desconocen el nombre. Me entrego a una escucha compulsiva de «Heroes» y el hogar que ya no es naufraga en azul. No sé si lloro por ti, por Bowie, o por aquel día que fuimos héroes en Berlín, hace ya casi dos ciclos de calendario.

¿Recuerdas?

Berlín era un desastre de memorias bolcheviques, melancolías de saldo y carnaval de página en blanco. Berlín era una ciudad que me robabas para mejor mostrármela. Berlín era una partitura inconclusa entre las manos de un mendigo invidente, y sus calles llovían inviernos de esos que ya no se recuerdan. Egon Schiele desnudaba hembras de nieve contra los muros del pasado, tú te hacías hembra en mi tráquea tallándole tu nombre a mis labios, y la ciudad balbuceaba acordes como recién escrita por Döblin.

Tú me llegabas desde un oriente de salitre y verano. Yo te soñaba desde un occidente crudo hecho pedazos.

Los rostros ciudadanos te hurtaban la mirada bajo antifaces de historia repetida, y espolvoreaba tu piel toda una constelación de migas de pan negro de certezas que aún no se han rendido. Tu voz era un vendaval de dicciones certeras que desvestía a los muros de todas sus vergüenzas. Me narrabas, enfervorecida, cómo fue, cómo  durante tanto tiempo, cómo se hizo posible aquella ciudad hecha a destiempo... y yo solo sabía responderte acribillando el muro de la distancia con la avanzadilla torpe de mis falanges ya casi cuerdas con que tañerte las entrañas. Y contra tal muro estos puños ensangrentados cada vez que no amasan la hogaza con que tu vientre se desayuna las mañanas. Porque la ciudad comenzaba a recriminar nuestra ausencia, esta errónea manera de no dejarnos naufragar en ella, esta ráfaga de salvas tristes cantada desde la trinchera. Trinchera de hormigón, oleaje incierto, dudas, pánico y silencio llorado, a lo Blade Runner, contra todas las lluvias del invierno. La duda como una bala silbándome el tímpano y silenciándome el entendimiento mientras tarareo and the shame was on the other side oh we can beat them forever and ever.

Me recostaste contra las paredes de Schöneberg sorprendiendo a las esquinas con besos que venían buscando guarida desde el inicio de los tiempos. El encefalograma plano del turismo espolvoreaba retazos de vida alienígena bajo el alcantarillado y tu voz era una advertencia de incendio reclamando el crepitar de mis manos. Mientras yo recordaba el portal de la vivienda que habitase Bowie tú eras una premonición de milagros desordenándome el cabello. And we kissed as though nothing could fall se adelantó mi memoria. Después me llevaste de paseo mientras sierpes de luz me reptaban las pupilas y tu voz escandalizaba el poema mudo de todos los charcos. Así me paseaste por Berlín, como quien pasea un crucigrama de sorpresa, futuro, aeropuertos, altura, música y mareas. Ignoraste Checkpoint Charlie pero yo no ignoro que allí me atraganté de tus labios reescribiendo los libros de historia y dando inicio a la que rebanaría mi piel para reescribirme la memoria. Porque hablabas y yo caminaba y hasta el silencio susurraba I will be king and you will be queen mientras nos preparábamos para derrocar, con revueltas de arrullo y saliva, la monarquía del tiempo. Después Neukölln en mi febril dactilografía, delicias turcas de Estambul y una fiebre de centígrados videntes empañando tu dicción de colores políglotas. Y habitaciones de hotel en que nuestros cuerpos ejercían reinado de sudor, mordisco y melodía una y otra vez repetida y siempre nueva en cada embestida. Esquirlas de cerveza mendigando fados por las esquinas, aromas de vino mexicano ejercitando gimnasias pasivas y un batallón de letras ansioso por fusilarnos las pupilas. Mi sexo tallando en tu vientre estigmas como altamiras ante los que se habrían de asombrar todos los viandantes de esta capital del ruido que por timidez, costumbre o pasado nunca hace acto de presencia. Tus cabellos galopándome la vida. Una orquídea en mi garganta y tus labios silenciando al servil séquito de nuestro reinado disfuncional. 

Era Berlín y era ya y era futuro y nos besamos just for one day que sería un eterno, ojalá, proyectando contra las paredes de cada habitación vacía cópulas chinescas y regalando a los espejos instantes como fotografías que después surcan los cielos para recordarme qué cosa es la vida.

Bowie le canta a Berlín sin dejar de pasearlo, y Berlín, hoy, como Bowie, es pasearte la voz cual funambulista que, más que el murmullo del público, lo que teme es el silencio.

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De POSTALES DESDE EL HAFA (blog del autor), 08/01/2023

Wednesday, January 4, 2023

Lucian Freud mastica en el sótano con las ratas


DIEGO MEDRANO

 

Estamos en el centenario del pintor Lucian Freud y aquí nadie se entera, las hojas volanderas consultan cada vez menos los calendarios zaragozanos, y lo que eran decesos y natalicios como ritmos y rodajes de las respiraciones culturales, ay, se van perdiendo, igual que el polo a caballo. Lucian Freud frente a su contrafigura, Francis Bacon, podría explicar sin tartamudos todo el siglo XX artístico y parte del XXI. Los agoreros, los profetas, las luminarias, ay, qué risa, aquellos que señalaban hace 50 años cómo la Figuración, en mayúsculas, estaba muerta, hoy no saben dónde meterse. Pobres, pobres, pobres.

Vamos con los tópicos: ¿retratista? Sí, vale. Admitido. ¿Los “dolorosos desnudos humanos”? Ni hablar. ¿Figurativo? Por supuesto, y bien alto, para sordas universales, algunas igualitas a sus “dolorosos desnudos humanos”. Basta ya de todo ese empeño de triturar a los figurativos, para poner en alto la vanguardia, la abstracción, el cubismo, el Tápies de turno. En los años 50 Freud pinta figuración y busca desesperadamente un estilo que viene de Otto Dix y todos los caricaturistas borrachos alemanes, mucho Grosz, mucho Egon Schiele, y mucha carne (sin ningún “dolor” en contra de la tesis de Berger) sino al natural, fresca y en racimo, donde el gancho todavía supura sangre (caso de Bacon) o desparramada en el sofá como una morsa (Freud) espera a cualquier “chubby boy” para la faena.

 

Freud es un lírico, un pintor de ambiente, un pintor a la manera de la Escuela de París, sin el menor conflicto, y esa otra festividad que traen las ruinas, la melancolía lánguida, saudade de interiores silenciosos como un bombón de roca cuyo ruido bajo la piel lo une todo, y cuyo sabor crece desde el primer mordisco. ¿Mórbido? No, al tópico general, el ojo mira en libertad y sin bridas.

El aislamiento hizo al monstruo: ese huir de flashes, entrevistas, micrófonos y demás pérdidas de tiempo, concentrado solo en su trabajo, eremita y ermitaño de su mundo, levantó el mito. Lo que tiene bemoles es que en su lucha contra el abstracto él mismo lo padece, porque su pintura es fragmentaria, su pincelada mínima tiene mucho de puzle y geometría, levantando en la panorámica o vista general todo lo contrario. Mucho más Berlín que Londres, mucho más París que Londres, y mucho más grabado que óleo en el taller primero de todo lo suyo, donde empasta y empieza una yuxtaposición muy loca y lúbrica de colores neutros junto a todos los personajes que pueblan su círculo hasta llegar a la poética radioactiva: “Pinto gente, no por lo que quisieran ser, sino por lo que son”. Ahí todas las gordas como focas en el festín carnívoro donde el ballenato aúlla, goza, gime.

 

Por los corrillos de bares, pintas de cerveza, gente muy cetrina, en los pubs ingleses, le venían a llamar follaviejas, follaburras, follabestias. Ello, sí, contrasta con su rostro apuesto, su delgadez, su belleza extranjera, su pelo revuelto o con flequillo, su gusto exquisito por las camisas, los jerséis lisos o los abrigos cruzados de buen paño. El homenaje que le hizo a Cèzanne llegó a pagarse a 7.4 millones de dólares americanos. Así él fue el primero en ver cómo todo el Impresionismo clásico venía de un vagabundo que andaba por los caminos comiendo hierba, ajeno al frío y con recetas para todo aquel que se acercara destemplado: “Dos cuescos y una bufa te dejan la cama como una estufa”. Mirada de halcón, mirada de felino, diálogo eterno con el pasado, levedad en el vuelo.

Llegan a España las publicaciones sobre Freud a gotas: así lo hizo el catálogo de Sebastian Smee (2009), así lo hicieron los dos tochos en estuche Martin Gayford (2018), así lo hizo el libro que preparó su amigo David Dawson con quinientas obras muy seleccionadas, y así también puede conseguirse el de William Feaver para Tate o el catálogo, auténtico joyón, de museo Thyssen-Bornemisza. Sigue sin traducirse The lives of Lucian Freud (Bloomsbury) de su amigo Feaver, la biografía en tapa dura que el creador merece, enorme y magnética. Estamos en España, antes deberán pasar por la imprenta Conchita Velasco y Paco Martínez Soria, versión revival, y más moralismo de hormigonera, donde la etiqueta roja ya designa a la botella, muy peligrosa, muy desviada, muy compleja. La pintura siempre antes que la obra y todas las ópticas. Un cuadro al año. Muchas manías como ratas alrededor suyo. Una disciplina de albañil: de ocho a una, y de seis de la tarde a medianoche. Siete décadas, siete días a la semana, incluida Navidad. Puro Anson.

 

Todos sus cuadros son fantasmagorías: hay un inicio en el dibujo, en el bosquejo, pero también algo espectral que va dirigiendo aquel en la precisa y difusa dirección de la tortura, principal adelgazante. No es un barroco, en contra de muchos, sino todo un renacentista, un conceptualista de libro. Busca información, trabaja como un periodista pero no como aquellos mariachis que seguían a López Portillo en el Palace con la salmodia repetitiva: “No podemos escribir, nos falta inspiración”; “Ya podemos escribir, tenemos inspiración” (tras un fajo gordo). El último paisajista célebre: desnudo, vida, llama.

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De EL IMPARCIAL, 14/12/2022

Imagen: Retrato de Lucian Freud por Francis Bacon, 1964

 

Wednesday, December 21, 2022

La calle innominada del progreso


MAURIZIO BAGATIN 


El olor a bosta hoy es sustituido por el olor a neumáticos viejos. La chacra es una recicladora. Una mujer con la carretilla llena de alfalfa avanza, una mirada hacia el Tunari pincelado con una repentina nevada y otra mirada al frente: un improvisado buffet de abogado -se atienden lo civil y lo penal, transferencias, todos tipos de trámites, fotocopias- una carpintería de aluminio y la tiendita de barrio de siempre. Símbolos de la tempestad del progreso.

El árbol de la esquina ha sido eliminado para dar luz a una tienda de abarrotes.

Los terrenos de hoy representan lo que la Reforma agraria fue ayer. Un minifundio que desde entonces se hizo cada día más un profundo divide et impera cesariano. No descubrimos nada. Las parcelas fértiles vienen vorazmente devoradas por el sueño de un buen vivir cementado.

“Una señora junto a sus tres hijitas ofrece almuerzos completos, sentadas las tres en una sillas de madera mal cortada esperan los albañiles que pronto vendrán, se sentaran en las mismas sillas e irán comiendo la sopa de corbatitas, el segundo que hoy es pollo con arroz -mañana será pollo con fideo- y el postre, una gelatina royal de color verde miedo, tomaran un refresco de membrillo y retornaran a la construcción del frente. Nadie le contó que las ollas de aluminio donde cocinó es donde empieza nuestra digestión. Nadie le dijo que el material con el cual están hechas, el óxido de etileno, es cancerígeno. A nadie le importa que nuestras formas de comer, la nuclearización de la comida, el conocer los ingredientes, la preparación, son tan importantes y complejos, difíciles, como criar a sus tres hijas. Su marido es uno de los albañiles que hoy comieron ahí, o está en España enviando remesa cada mes, en Buenos Aires asfixiado por el pánico de una fiesta que no siente suya, camino al Chapare con su camión usado y comprado en cómodas cuotas y que terminará de pagar en el 2027”

Al llegar al vivero apareció un gran letrero anunciando que el lote está en venta. Nadie sabe nada y todo se sabe. No menos de cien dólares el metro cuadrado deben querer, está a dos cuadras de una avenida y ya está aprobado el plan municipal para el asfaltado de la calle innominada. Pronto habrá una farmacia, tal vez un gimnasio, la señora con sus tres hijas en la noche servirá sillpancho o anticuchos, el hijo del bicicletero abrirá su taller mecánico y su hermana una peluquería.

Cambiarán los olores y faltarán los perfumes, el olor de aceite del frito sustituirá al perfume del jazmín, el perfume de la laca para cabellos se encimará al olor de la lluvia en septiembre. El poste de luz será de cemento, el molle mirado mal por el policía que irá a vivir al cuarto piso del departamento frente a él. Tendrá más vida la luz de los neones que la fogata de San Juan. Pasaremos por aquí adentro de unos meses y nos equivocaremos de calle, la calle tendrá un nombre absurdo y lo único que faltará será el letrero que anunciaba la venta del lote.

Diciembre 2022

Foto: Lote en venta 

Sunday, December 18, 2022

Pierre Mac Orlan


MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ

 

Me la regaló Pierre Guibert, de la hostería La Moderne, en Saint-Cyr-sur-Morin, hace unos cuarenta años, después de una visita ritual a la casa de Pierre Mac Orlan que he contado en algún lado. Guibert nos puso, tras un almuerzo invernal y contundente, además de bastantes copas de marc de Champagne, varias cintas magnetofónicas con entrevistas o encuentros con Mac Orlan en un ambiente de pipas, guitarras y acordeón: Juliette Greco, Germaine Montero, Brassens, Brel, Melville, Lacassin... Retuve aquella frase que me parece definitiva: «J'écris pour me defendre» (escribo para defenderme) ¿De qué? En su caso de la miseria, de su vida juvenil en un Montmartre 1900, las trincheras de PGM y los malos recuerdos de origen diverso que le acosaron de por vida. La vida brava tenía un lado siniestro. Un día no volví por el valle del Petit Morin (Verdelot allá queda y Coulommiers también), pero he seguido leyendo y reuniendo la obra de Mac Orlan por muchos anatemas inquisitoriales que le hayan caído encima.

 

Thursday, December 1, 2022

Miguel Sánchez Ostiz regresa a tientas entre la niebla


DIEGO MEDRANO

 

Tuvo todos los premios (Herralde, De la Crítica…) en ese tiempo vivo donde significaban algo, sus libros fueron flor de cuño y estigma contra pusilánimes (Las pirañas, No existe tal lugar, La caja china, Peatón de Madrid, La nave de Baco), la proximidad de barateros, buhoneros, borrachones y bebedores le salvó de cualquier integración posible. Miguel Sánchez Ostiz es leyenda y vuelve como tal: Ahora o nunca (Editorial Renacimiento). Sus libros huelen a quemado, a barra mojada, a copas dejadas a la hosca, a humo de pajas, a “vita pericolosa”, a niebla herida. Su lenguaje nervioso no tiene rival posible.

Ahora o nunca destila días pasados (2016) pero el hechicero siempre fue escritor sin género. Diario nuevo más que nuevo diario, cambio de vida, el invierno y la paciencia, jamás prisionero del rencor ni moralidad por cuatro perras. Las pirañas iban de eso: una vida moral, una escritura moral, entre tanta risotada y puro encendido, entre tanto pijodandi y boom del ladrillo, entre tanto arrimado a las letras con vocación de medro. El escritor sigue igual: huele a distancia las borrascas, los temblores y las camorras, ajeno a gomosos y jamás en la tinta del aburrimiento, todo lo contrario, tajo y sajo.

 

Duerme a brincos, el pulso en ocasiones como para robar panderetas, evita la pomada y la cara de los compinches ocasionales, no entra en la derrota por el lenguaje de las excusas, huye de los pegados al ladrido y el mordisco, huye de la parroquia devota y entregada, pronto se baja el bañador frente a las olas salvajes: “Escribir para mí mismo, todo lo demás es tontería, es decir, es una estupidez andar buscando un lector a estas alturas, el que venga, bienvenido, al otro no lo conozco”.

Huye de toda puesta en escena y brinda, Viña Tondonia en alto, por jitos, andobas y mangutas, cada cual en su nadería, pose y balbuceo; cada cual en su jeremiada, sin lo que más importa: urgencia de escritura. Es duro como el pedernal y escribe con sangre por las paredes de la cueva alucinada: “Entre escribir para publicar y escribir para escribir, por el hecho mismo de hacerlo, hay una distancia que no se recorre jamás. No buscar lectores, si vienen, bien, si no, mala suerte, el trabajo está hecho y el gozo vivido y cobrado”.

 

Huye de los afectos vinosos, de los días foscos, de las riadas habituales a base del concierto eterno de petardos. Al sacudirse la barba fluvial donde cantan los grillos, escapan erudiciones fules, mentideros escachafamas, compadreos baratos, los hampones literarios siempre pobres y de vareta: “Insatisfecho para siempre y cada día que pasa más desaparecido”. Su voz es un lujo, apetito eterno del idioma, dignidad obrera (la del obrero de las letras), tan en desuso o mancillada: “La verdad es que siempre me ha gustado más estar dentro que fuera: la cabaña, la cueva, la buhardilla, el cuarto apartado, la casa solitaria. Vivir en una burbuja, ser para el ensueño”.

No escribe por venganza ni exceso de trago ni evitar el empujón: “Concibo mis novelas como un rompecabezas que se ha ido uniendo como una galería de espejos quebrados, una galería de feria”. Pesa no encontrar editor pero tonifica respirar hondo ajeno al desprecio y el insulto. Escribe fuera de la bolsa y el cotarro, dale que te pego, ajeno al desahogo del diario letrinesco, sin charlatanes ni sacamuelas cerca, así aúlla por entero sobre la colina blanca: “Ética nueva: para que yo disfrute o haga mis negocios, tú tienes que joderte y si te quejas eres un cabrón. En el manual del progre figura el aguantar los abusos del prójimo mientras este sea de tu clase o de tu cuerda”; “No hay tiempo para hacer de papamoscas”, “No te abraces a las resacas de prestigio”.

 

El maestro escribe desde el frío, ajeno al puesto y la bicoca, ya de vuelta de todo, sin legañas en el alma, sin derribos ni poetas, ajeno a desmemoria y cuchilladas traperas. La tumba arde abierta: “Estoy pagando caro el haberme vuelto de Madrid, el meterme en Baztan y el publicar donde he publicado desde 2002, y lo que he publicado, claro”. El maestro no oye a la zahúrda de mamarrachos, los buenos puros, las mejores copas, la timba de guapetones y tramposos: “La escritura es mi único asidero, una forma de combatir este tiempo negro”. La niebla es a veces teatro para sombras: “Qué siniestro es ver cómo se te han ido quedando las ganas por el camino, sobre todo las ganas”; “Ando entre la furia y la depresión profunda”. La escritura es una bala sin tiempo.

Sienta la cabeza Sánchez Ostiz para gritar más fuerte: “No es fácil sobreponerse a diario a la pregunta de qué valor tiene lo que haces, a la vez de comprobar que el tiempo corre en tu contra, y que es ahora o nunca y resulta nunca”. Ahora o nunca: “Ese canguelo que está detrás de todos mis trabajos”. Ahora o nunca: “La vida ya fue, dijo Tabucchi. Aplausos. Incondicionales. No se te ocurra decirlo a ti en el concierto de los listos y los acomodados porque con suerte solo te abuchearán… Pero tú sigue, dale que te pego, porque entre otras cosas, no te queda otra”. Miguel Sánchez Ostiz: sabio de la tribu, gigante de las letras, escritor sublime, mejor persona.

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De EL IMPARCIAL, 30/11/2022