Wednesday, December 21, 2022

La calle innominada del progreso


MAURIZIO BAGATIN 


El olor a bosta hoy es sustituido por el olor a neumáticos viejos. La chacra es una recicladora. Una mujer con la carretilla llena de alfalfa avanza, una mirada hacia el Tunari pincelado con una repentina nevada y otra mirada al frente: un improvisado buffet de abogado -se atienden lo civil y lo penal, transferencias, todos tipos de trámites, fotocopias- una carpintería de aluminio y la tiendita de barrio de siempre. Símbolos de la tempestad del progreso.

El árbol de la esquina ha sido eliminado para dar luz a una tienda de abarrotes.

Los terrenos de hoy representan lo que la Reforma agraria fue ayer. Un minifundio que desde entonces se hizo cada día más un profundo divide et impera cesariano. No descubrimos nada. Las parcelas fértiles vienen vorazmente devoradas por el sueño de un buen vivir cementado.

“Una señora junto a sus tres hijitas ofrece almuerzos completos, sentadas las tres en una sillas de madera mal cortada esperan los albañiles que pronto vendrán, se sentaran en las mismas sillas e irán comiendo la sopa de corbatitas, el segundo que hoy es pollo con arroz -mañana será pollo con fideo- y el postre, una gelatina royal de color verde miedo, tomaran un refresco de membrillo y retornaran a la construcción del frente. Nadie le contó que las ollas de aluminio donde cocinó es donde empieza nuestra digestión. Nadie le dijo que el material con el cual están hechas, el óxido de etileno, es cancerígeno. A nadie le importa que nuestras formas de comer, la nuclearización de la comida, el conocer los ingredientes, la preparación, son tan importantes y complejos, difíciles, como criar a sus tres hijas. Su marido es uno de los albañiles que hoy comieron ahí, o está en España enviando remesa cada mes, en Buenos Aires asfixiado por el pánico de una fiesta que no siente suya, camino al Chapare con su camión usado y comprado en cómodas cuotas y que terminará de pagar en el 2027”

Al llegar al vivero apareció un gran letrero anunciando que el lote está en venta. Nadie sabe nada y todo se sabe. No menos de cien dólares el metro cuadrado deben querer, está a dos cuadras de una avenida y ya está aprobado el plan municipal para el asfaltado de la calle innominada. Pronto habrá una farmacia, tal vez un gimnasio, la señora con sus tres hijas en la noche servirá sillpancho o anticuchos, el hijo del bicicletero abrirá su taller mecánico y su hermana una peluquería.

Cambiarán los olores y faltarán los perfumes, el olor de aceite del frito sustituirá al perfume del jazmín, el perfume de la laca para cabellos se encimará al olor de la lluvia en septiembre. El poste de luz será de cemento, el molle mirado mal por el policía que irá a vivir al cuarto piso del departamento frente a él. Tendrá más vida la luz de los neones que la fogata de San Juan. Pasaremos por aquí adentro de unos meses y nos equivocaremos de calle, la calle tendrá un nombre absurdo y lo único que faltará será el letrero que anunciaba la venta del lote.

Diciembre 2022

Foto: Lote en venta 

Sunday, December 18, 2022

Pierre Mac Orlan


MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ

 

Me la regaló Pierre Guibert, de la hostería La Moderne, en Saint-Cyr-sur-Morin, hace unos cuarenta años, después de una visita ritual a la casa de Pierre Mac Orlan que he contado en algún lado. Guibert nos puso, tras un almuerzo invernal y contundente, además de bastantes copas de marc de Champagne, varias cintas magnetofónicas con entrevistas o encuentros con Mac Orlan en un ambiente de pipas, guitarras y acordeón: Juliette Greco, Germaine Montero, Brassens, Brel, Melville, Lacassin... Retuve aquella frase que me parece definitiva: «J'écris pour me defendre» (escribo para defenderme) ¿De qué? En su caso de la miseria, de su vida juvenil en un Montmartre 1900, las trincheras de PGM y los malos recuerdos de origen diverso que le acosaron de por vida. La vida brava tenía un lado siniestro. Un día no volví por el valle del Petit Morin (Verdelot allá queda y Coulommiers también), pero he seguido leyendo y reuniendo la obra de Mac Orlan por muchos anatemas inquisitoriales que le hayan caído encima.

 

Thursday, December 1, 2022

Miguel Sánchez Ostiz regresa a tientas entre la niebla


DIEGO MEDRANO

 

Tuvo todos los premios (Herralde, De la Crítica…) en ese tiempo vivo donde significaban algo, sus libros fueron flor de cuño y estigma contra pusilánimes (Las pirañas, No existe tal lugar, La caja china, Peatón de Madrid, La nave de Baco), la proximidad de barateros, buhoneros, borrachones y bebedores le salvó de cualquier integración posible. Miguel Sánchez Ostiz es leyenda y vuelve como tal: Ahora o nunca (Editorial Renacimiento). Sus libros huelen a quemado, a barra mojada, a copas dejadas a la hosca, a humo de pajas, a “vita pericolosa”, a niebla herida. Su lenguaje nervioso no tiene rival posible.

Ahora o nunca destila días pasados (2016) pero el hechicero siempre fue escritor sin género. Diario nuevo más que nuevo diario, cambio de vida, el invierno y la paciencia, jamás prisionero del rencor ni moralidad por cuatro perras. Las pirañas iban de eso: una vida moral, una escritura moral, entre tanta risotada y puro encendido, entre tanto pijodandi y boom del ladrillo, entre tanto arrimado a las letras con vocación de medro. El escritor sigue igual: huele a distancia las borrascas, los temblores y las camorras, ajeno a gomosos y jamás en la tinta del aburrimiento, todo lo contrario, tajo y sajo.

 

Duerme a brincos, el pulso en ocasiones como para robar panderetas, evita la pomada y la cara de los compinches ocasionales, no entra en la derrota por el lenguaje de las excusas, huye de los pegados al ladrido y el mordisco, huye de la parroquia devota y entregada, pronto se baja el bañador frente a las olas salvajes: “Escribir para mí mismo, todo lo demás es tontería, es decir, es una estupidez andar buscando un lector a estas alturas, el que venga, bienvenido, al otro no lo conozco”.

Huye de toda puesta en escena y brinda, Viña Tondonia en alto, por jitos, andobas y mangutas, cada cual en su nadería, pose y balbuceo; cada cual en su jeremiada, sin lo que más importa: urgencia de escritura. Es duro como el pedernal y escribe con sangre por las paredes de la cueva alucinada: “Entre escribir para publicar y escribir para escribir, por el hecho mismo de hacerlo, hay una distancia que no se recorre jamás. No buscar lectores, si vienen, bien, si no, mala suerte, el trabajo está hecho y el gozo vivido y cobrado”.

 

Huye de los afectos vinosos, de los días foscos, de las riadas habituales a base del concierto eterno de petardos. Al sacudirse la barba fluvial donde cantan los grillos, escapan erudiciones fules, mentideros escachafamas, compadreos baratos, los hampones literarios siempre pobres y de vareta: “Insatisfecho para siempre y cada día que pasa más desaparecido”. Su voz es un lujo, apetito eterno del idioma, dignidad obrera (la del obrero de las letras), tan en desuso o mancillada: “La verdad es que siempre me ha gustado más estar dentro que fuera: la cabaña, la cueva, la buhardilla, el cuarto apartado, la casa solitaria. Vivir en una burbuja, ser para el ensueño”.

No escribe por venganza ni exceso de trago ni evitar el empujón: “Concibo mis novelas como un rompecabezas que se ha ido uniendo como una galería de espejos quebrados, una galería de feria”. Pesa no encontrar editor pero tonifica respirar hondo ajeno al desprecio y el insulto. Escribe fuera de la bolsa y el cotarro, dale que te pego, ajeno al desahogo del diario letrinesco, sin charlatanes ni sacamuelas cerca, así aúlla por entero sobre la colina blanca: “Ética nueva: para que yo disfrute o haga mis negocios, tú tienes que joderte y si te quejas eres un cabrón. En el manual del progre figura el aguantar los abusos del prójimo mientras este sea de tu clase o de tu cuerda”; “No hay tiempo para hacer de papamoscas”, “No te abraces a las resacas de prestigio”.

 

El maestro escribe desde el frío, ajeno al puesto y la bicoca, ya de vuelta de todo, sin legañas en el alma, sin derribos ni poetas, ajeno a desmemoria y cuchilladas traperas. La tumba arde abierta: “Estoy pagando caro el haberme vuelto de Madrid, el meterme en Baztan y el publicar donde he publicado desde 2002, y lo que he publicado, claro”. El maestro no oye a la zahúrda de mamarrachos, los buenos puros, las mejores copas, la timba de guapetones y tramposos: “La escritura es mi único asidero, una forma de combatir este tiempo negro”. La niebla es a veces teatro para sombras: “Qué siniestro es ver cómo se te han ido quedando las ganas por el camino, sobre todo las ganas”; “Ando entre la furia y la depresión profunda”. La escritura es una bala sin tiempo.

Sienta la cabeza Sánchez Ostiz para gritar más fuerte: “No es fácil sobreponerse a diario a la pregunta de qué valor tiene lo que haces, a la vez de comprobar que el tiempo corre en tu contra, y que es ahora o nunca y resulta nunca”. Ahora o nunca: “Ese canguelo que está detrás de todos mis trabajos”. Ahora o nunca: “La vida ya fue, dijo Tabucchi. Aplausos. Incondicionales. No se te ocurra decirlo a ti en el concierto de los listos y los acomodados porque con suerte solo te abuchearán… Pero tú sigue, dale que te pego, porque entre otras cosas, no te queda otra”. Miguel Sánchez Ostiz: sabio de la tribu, gigante de las letras, escritor sublime, mejor persona.

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De EL IMPARCIAL, 30/11/2022

 

Wednesday, November 30, 2022

Polentones


MAURIZIO BAGATIN

 

…oigo algo de mi cultura.

Debíamos haberla inventada nosotros, los friulanos, la chicha. Lo compartimos en voz baja yo y Marina mientras de unas tutumas don Félix nos invitaba un rico néctar de Aramasí.

No sé cuál es la más rica, gustos son gustos y gusta lo que nos ofrece placer. La primera polenta blanca recién “brustolada” en los fierros ardientes de la estufa a leña, entraba en el tazón de leche manchado con algunas gotas de café, esta estaba preparada con el maíz Madreperla, de nuestras zonas. O la otra, recordando a Rosaura y Arlequín, en una comedia de Carlo Goldoni, cuando la poesía se adueña del hambre y la vuelve menos extrema, así describiendo la preparación de la polenta, transfigura literariamente la pobreza: “Llenaremos de agua una hermosa caldera y la colocaremos sobre las llamas. Cuando el agua comience a murmurar, tomaré un poco de ese ingrediente, en polvo tan hermoso como el oro, llamado harina amarilla; y poco a poco lo derretiré en el caldero”. Y sigue la comedia: “Luego le echaremos de mano en mano una abundante porción de mantequilla fresca, amarilla y delicada, y así abundante queso, igualmente amarillo y bien rallado”. Los venecianos comían bien, aunque tal vez solo en sus recetas o en sus comedias, polenta tres veces al día, cuando había y alguna vez con unas cuantas cebollas y un poco de queso, que la mayoría de las veces estaba en mal estado.

Un territorio está hecho de su alimentación, y de sus errores. No vamos a querer que todo sea romántico, la media luna fértil es hoy uno de los territorios más áridos del planeta. ¿Cuántas civilizaciones escogieron un mal camino eclipsando? Quien no es dinámico desaparece. Hablan de resiliencia hoy, y es un término ya muy desgastado. Somos hombres de maíz también nosotros que hemos vivido plenamente la ignorancia de no saber, y muchas veces no poder, acompañar un buen plato de polenta con unas legumbres u otros ingredientes que nos hubieran evitado la pelagra.

Éramos hijos de maíz y éramos polentones. El que un día fue teocintle llegó a Venecia con otras delicias desde el Nuevo Mundo, invadiendo Lombardía, Véneto y Friuli. Un palacio veneciano, el Palacio Giovannelli me hace recuerdo a los bergamascos, los de la polenta dura y firme como la mezcla para elevar edificios indestructibles; en Gandino han creado un presidio sobre la variedad Spinato di Gandino, un maíz que ya en el 1600 alimentaba toda la Val Seriana. Polentones un poco lo éramos también antes, polenta de mijo y de otros granos, acompañada de todo lo que el convento ofrecía. Hoy en los fogolares friulanos en el mundo aun encontramos el viaje de retorno del maíz, con la polenta, en Venezuela, en la profunda Argentina, en el sur del Brasil. Ahí parece retornar a las Confesiones de un italiano de Ippolito Nievo: “En la cocina siempre había un cesto lleno de polenta colgando de un gancho, y cuando el raspado no me satisfacía, me bastaba con levantar un brazo hacia la polenta. Martino me entendió: me hizo tostar una tajada; ¡y adiós dolencias!”.

¿Quizás porque la memoria va modificando el pasado? En una hermosa película del Maestro Ermanno Olmi, El tiempo se ha detenido, Roberto y Natale comen polenta y, poco a poco, parece ser propio este humilde plato en crear la convivialidad entre los dos. Magia del maíz.

“De la cocina salia un fuerte perfume a hongos, resaltaban el ajo, el sempiterno perejil y el aceite de oliva. Sentados alrededor de una mesa redonda Mario Soldati y Luigi Veronelli estaban degustando de un buen vino. La tertulia se desplazaba entre Pellegrino Artusi y la literatura. Manzoni y Dante, los comensales en El Gatopardo y de repente a Veronelli retornó a la mente un párrafo antiheroico de I piccoli maestri de Luigi Meneghello: “Soñábamos con el final de la guerra, con ver a las niñas con hermosos vestidos, con abrir un libro muy deseado, con bañarnos, con jugar a la pelota; pero estos palidecían ante el pensamiento de que pudiéramos inducir a nuestras familias a comprarnos medio quintal, hasta un quintal de harina de maíz, y kilos de margarina, o hasta mantequilla; y freír polenta de la mañana a la noche y comerla libremente y sobre todo despacio, y luego dormirnos, y despertar por la mañana empezar a freír y comer de nuevo”.”

Somos también nosotros hijos de maíz, nosotros polentones, desde cuando el “pata hedionda” de Cristóbal Colón al acercarse a la isla de Ferrandina, ahora Long Island en las Bahamas, descubre la primera "cosa nueva" y es el mahiz, que en un principio confundió con el panizo, el pánico, y nos convierte en futuros cómplices de la mayor convulsión alimentaria que tuvo lugar en Europa, gracias también a las otras dos novedades que llegarán al viejo continente, el tomate y la patata. La globalización alimentaria está comenzando y de ahí nunca más se detendrá.

Y fue propio en nuestra zona de origen, el Friuli, que después de mucha pelagra, se realizó una hibridación de la polenta con un otro producto que había viajado con casi todos los migrantes de la tierra: el frijol, y así se iba preparando la polenta, con el agua de cocción de los frijoles, añadiéndolos al final. Recurso antiguo que se usaba para no desperdiciar nada y dar un extra de sabor cuando la polenta era el único plato.

Quizás, no todos estos recuerdos habrán fluido en la mente de Roberto y Natale, el tiempo se detuvo, pero seguro que al saborear esa polenta (cocinada en media hora) también habrá entrado en el cuerpo gran parte de esta historia que compartimos durante más de quinientos años.

Noviembre 2022

Imagen: Meneando la polenta en Bergamo, 2013

 

 

Tuesday, November 29, 2022

Curzio Malaparte: Baile en el Kremlin y otras historias


PAULO GARCÍA CONDE

 

Cuando un autor decide bautizarse a sí mismo como Malaparte, por llevar la contraria a Napoleón, podemos esperar sin demasiada cautela que sus escritos y trabajos guarden una estrecha relación con la polémica. Con Curzio solo se trataba de aguardar y contemplar por qué derroteros le apetecería inmiscuirse para comenzar a agitar la pluma y hacer tambalear lo que con sus palabras describía y con su mirada analizaba. Malaparte fue una de esas figuras que en realidad destacan en cualquier época en que vivan (incluida la actual, que cuenta con relevantes personajes que a mayor o menor gloria se hacen todavía hueco en periódicos y papeles en blanco): de militar en las filas fascistas y de mostrar casi adoración por Mussolini, pasó a arrimarse al Partido Comunista. Por supuesto, el trayecto recorrido de un extremo a otro no solo dejó las experiencias y perspectivas singulares propias de una personalidad de esa naturaleza, sino que brindó una obra que, tanto en lo periodístico como en lo literario, dio mucho de qué hablar. Y, lo que es más importante, aportó una visión propia y a la vez concienzuda sobre la guerra, sobre las clases sociales y sobre la esencia misma del ser humano.

Tusquets recupera ahora varios de los textos inéditos en español del autor italiano. Por lo que se nos cuenta, parece ser que la obra inédita del escritor es copiosa, si bien en muchos casos se trata de trabajos inconclusos. Baile en el Kremlin y otras historias recoge varios de esos textos y relatos que no llegaron a su punto y final, pero que aun así tienen mucho que ofrecer. El primero de ellos, y que se lleva el mejor bocado del título, es un retrato extravagante sobre las extravagancias de la alta sociedad marxista que por el año 1929 bullía por Moscú. Las fastuosas veladas donde los nuevos ricos y los advenedizos se cogían del brazo, o los amplios salones de embajada que aguardaban con ansia la entrada de la bailarina del momento, la Semiónova, son el escenario que brinda a Malaparte la ocasión perfecta para hacer un perfecto recorrido por las arterias de la nobleza de una Unión Soviética cuyo derrumbe no tardó en llegar.

 

Se ve en estas líneas a distintos personajes históricos que el periodista y escritor nacido en Prato (lugar al que reserva su hueco en otros relatos del presente libro), maneja a su antojo para brindar a los lectores una visión panorámica, para poner en marcha acciones que podrán traducirse en comentarios sobre la Historia, la que de verdad ocurrió y la que, al fin y al cabo, cuenta. La figura del poeta Maiakovski, a cuyo suicidio asistimos bajo la propia piel de Malaparte; la del político Lunacharski, reconocido por su juicio a Dios por sus crímenes contra la humanidad; la descripción de diferentes madames, esposas de hombres destacados y respetados, enfatizando sus maneras y actitudes en aquellos círculos donde todo era puesto en entredicho con un tono de secretismo y bisbiseo perfectamente ensayados. Todo ello se suma a la causa de esbozar un gran cuadro, un “espejo esperpéntico” como el propio autor refiere, de una haute societé de la que él pudo rodearse, en la que él pudo tomar parte.

Los otros relatos que siguen a este abandonan esa atmósfera soviética para centrarse en sus raíces personales, en la Italia que vivió y que quiso recordar. Se muestra en ellos al Malaparte más novelesco, dando forma a historias con intención de aportar algunas reflexiones de manera subrepticia. Quizá la selección de relatos sea un tanto irregular en su calidad, algo de lo que incluso avisan los propios editores. Son éstos textos que no llegaron a publicarse, pero que tampoco pasaron por la corrección de su autor, siendo este un apartado que tenía en alta consideración dentro de su técnica y proceso creativo. No obstante, el material aportado luce en diferentes aspectos. Algunas de las historias recrean su lugar de nacimiento, la pequeña localidad de Prato, evocándolo con tintes fantásticos y misteriosos. Malaparte apuesta en varios de ellos por personajes jóvenes, que sirvan para esbozar lo que para él era una generación desligada de las anteriores. Un campo de cultivo adecuado para tocar temas como el incesto, el narcisismo, o los dilemas morales que plantea la figura de Cristo.

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De EL IMPARCIAL, 11/11/2016

 

Monday, November 28, 2022

nos hemos olvidado el incienso

 


PABLO CEREZAL


Quiero este lugar, me encanta este hueco. 

Pediré al rey que esta maravilla se llame el Bósforo de Almásy.

Ralph Fiennes a Kristin Scott Thomas, en El paciente inglés

 

Se aman los hindúes de canto contra las místicas piedras de los templos de Khajuraho. Se aman en creativo alarde de musculatura sinfónica y grave. Se aman de bies y del revés, con los labios buscando manantial de barro, o incendios, en la planta de los pies. Se aman, al fin, desmedidos de gimnástica bizarra que da bien inmortalizada en grabados, fantasías y tallas. Nosotros, sin embargo, tan poco imaginativos nos amamos, tan absortos en nosotros mismos, diciéndonoslo de frente con la boca cosida para fecundarnos bien dentro ese milagro de cíclope ambidiestro capturado como Alicia cuando cruza los espejos. Nosotros, reservando en barrica de plasma la imaginación, tallándonos poemas en los hombros y en todas las esquinas del cuello, labrando versos en nuestras pupilas cuando acunan océanos y la piel es un y verso constelado de ciervos heridos de flechas que, aunque les cerquen, nunca les aciertan. Siempre tan cercanos cuando entre otros, tan uno cuando nosotros, enredados en la espuma de este amarmarrarse dentilabial y salvaje. 

Dejamos los malabarismos hindúes para las paredes que nos miran. Las gimnasias soviéticas para estas pupilas en que abrevan los músculos henchidos de cafeína. Mis dedos en carne viva tañendo tu platisma y todas las otras guaridas que tu piel escabulló a otras pieles para descubrirlas, regias de voraz relieve, suturadas a la mía. 

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De VISLUMBRES DE EL DORADO, 14/11/2022

Fotografía: Pablo Cerezal

Wednesday, November 23, 2022

Carta a Pablo Milanés


GEOVANNYS MANSO

 

"Dale..., que Pablo te quiere conocer..." Así me dijeron. Yo había escrito unas palabras para el concierto que daría en Santa Clara, el 14 de enero de 2011 y él, Pablo Milanés, quería conocerme, para agradecerme aquel fajo de palabras que escribí con el corazón. Y allí fui, a la Plaza Ernesto Guevara, para verlo, para saludarlo, para conocerlo. No recuerdo qué me dijo, solo su abrazo, su voz tenue, a punto de subir al escenario. "Quédate", me dijo. "Para que escuches el concierto" Y eso hice. Me quedé allí aquella noche, como tantas noches y tantos amaneceres: escuchándolo, temblando, por el intransferible caudal de memoria que sus canciones nos han donado... ¿Qué me dijiste, Pablo, aquella noche? ¿Qué me dijiste...?

 

Una carta para Pablo Milanés

Querido Pablo:

Escribo estas palabras, tal vez elementales, para festejar nuestro encuentro, postergado durante tanto tiempo.

Porque tus canciones han ido modelando, con inefable sabiduría, la profunda esencia de un país.

Escribo estas palabras, porque ellas no bastarán para magnificar tu obra, tan colmada de sentidos y de cauces, de estrellas y de asombros, de lealtad y de caminos que se abren como un abrazo impostergable.

Por ti, recorrimos las calles ensangrentadas de Santiago de Chile, aquel Santiago negado a un pueblo a golpe de fusil y de metralla.

Hoy somos tu canción de pincel y de cantera, de amor y de ternura, tu canción que se yergue entre nosotros, tan ávida de Patria, tan ávida de luz, tan ávida de amigos.

Somos, Pablo, tu voz con Cuba, tu voz por Cuba, la vastedad de una obra que nos ilumina este diario vivir, y que nos has entregado, como quien entrega el alma de las cosas verdaderas.

Sé que siempre estarás a nuestro lado.

Que tus canciones forjaron un ayer y forjarán un mañana.

Que habremos de crear nuevos caminos para el hombre.

En esos caminos, sirviéndonos de abrigo, de alimento, de esperanza; convertidas en martillo; transformadas en papel, en voluntad, en eco; definidas por su sencillez, por su honradez, por su valentía; de frente, sin miedo, sin premuras, sin retraso: hallaremos tus canciones, Pablo, todas tus canciones, todos tus versos, convertidos para siempre, en la fe de un pueblo...

Geovannys Manso Sendán

Santa Clara/ 14 de enero de 2011