Saturday, December 29, 2018

Entrevista a Ibelisse Guardia Ferragutti


DANIEL AVERANGA MONTIEL[1]

La artista boliviana Ibelisse Guardia Ferragutti es, para nosotros los bolivianos, un pendiente a explorar, apreciar y valorar. Bastó con ver sus obras, algunas de sus performances y parte de su recorrido, para preparar esta entrevista que, si bien fue elaborada con la premura del descubrimiento de un portento de versatilidad, trata de aproximarnos a ella.

Daniel Averanga Montiel (DAM): Para comenzar, déjame decirte que es un honor que hayas aceptado ser parte de esta entrevista, esto después de realizar una exploración pormenorizada de tu múltiple obra artística por la red. Comencemos con las preguntas: ¿Qué crees que apareció primero en tu carrera artística, el impulso de crear o la necesidad de expresarte al mundo?


Ibelisse Guardia Ferragutti (IGF): Esas dos cosas van de la mano en mi caso. Empezó por querer crear, obviamente, y en vez de querer expresarme fue más una necesidad de que, lo que fuere que haya creado, se comunique con los que ven mi trabajo, desde un lenguaje lo más universal posible, más allá de los condicionamientos culturales. Por eso, cuando encontré la Escuela de Mimo en Amsterdam, que de mimo (pantomima) no tiene nada —porque es más una escuela de performance, teatro y búsqueda de lenguaje artístico personal—, este descubrimiento me cayó como anillo al dedo, porque me permitió explorar miles de lenguajes”; pero desde un centro de creación no psicológico, sino más físico y fenomenológico. Esto me permitió entrar a un espacio de investigación que toca formas de “expresión” o de comunicación que todo el mundo puede entender, porque son principios que todos comprendemos en nuestra condición imaginativa.

DAM: ¿Crees que estudiar piano clásico determinóde alguna manera, tus otros oficios artísticos? 

IGF: ¡Sí, totalmente! La base del conocimiento y del ejercicio musical me han dado tantas herramientas. Empecé de muy chica y para mí era duro estudiar y, digamos, no ir a jugar al patio. Pero ya hace años que agradezco mucho tener esa base, porque hoy en día todo va más allá de las notas o de la nomenclatura pianista. Es un sentido musical que lo he “internalizado”, por decirlo así, pues se traduce en todo lo que hago, sea visual, teatral, textual o físicamente.

DAM: Déjame decirte que posees una versatilidad artística impresionante: arte visual, actuación en los ámbitos audiovisual y teatral, música, danza y docencia, entre otras manifestaciones... ¿a qué se debe esta explosión creativa? ¿Qué te llevó a incursionar en cada una de estas disciplinas?

IGF: Ja ja ja... ¡No sé, la verdad! Por un lado, se me acaba la paciencia disciplinaria bastante rápido. Por ejemplo: Hubo una etapa que hacía tanto teatro físico y actuaba como trescientas veces al año y aunque era hermoso, también era agotador. Después de un tiempo haciendo eso ya me entraba de nuevo la picazón por descubrir o explorar desde otras perspectivas y puntos de entrada. He tenido mucha influencia de músicos de jazz aquí en Holanda, que son músicos de todo el mundo. Y una cosa que me encanta de ellos es que se llevan a su artista cargado en sí mismo y en el tiempo: Si ves a Juanito, por ejemplo, hoy en día tocando, en diez años su arte crecerá y cambiará para bien, porque él es el que se desarrolla también. Todo es una disciplina más directa de conciertos y de un ejercicio arduo. Así, quise cambiar como el centro de mi creación hacia mí misma y dejar a las disciplinas para que sean como lo que son: un medio y no un fin. Fue una liberación total porque ya no había una ambición por dominar una disciplina, aunque las disciplinas están ahi nomás para que uno las visite, dependiendo de lo que quieres hacer. Y si tuve la suerte de trabajar con varios artistas muy grandes que me enseñaron a encontrar esa poesía, de tejer en completo respeto e igualdad entre medios. Es decir, no poner lo visual o lo sonoro en una jerarquía, más bien tratarlos como iguales. Y hoy en día ya no las veo como diferentes disciplinas. Casi no me puedo imaginar cómo era ver disciplinas como mundos tan separados. Otro ejemplo es lo del arte visual, un buen día unos amigos me preguntaron sobre hacer una performance para una exposición, y como yo siempre entro con la pregunta básica de unir el escultor con el músico, hice una performance tan simple, pero también de alguna manera tan compleja, que desde entonces me han invitado a un montón de museos para seguirla haciendo.

La verdad yo ni me esperaba verme o considerarme una artista visual. Lo que pasa es que todas estas disciplinas están, desde este punto de vista fenomenológico, muy cercanas. Yo por querer entrar en una concentración o foco que me permita usar lo físico, musical y escultural, he hecho una obra que es considerada ahora “Arte Visual”. Es curioso cómo funciona todo al final; pero al mismo tiempo sí me encanta trabajar para espacios de artes visuales, porque ya se tiene una expectativa completamente diferente que ir a ver una obra en el teatro, en una sala de conciertos o en un espacio público. O sea, me encanta mucho jugar con la expectativa del espacio en el que haces el trabajo, y creo que por eso exploro mucho, porque quiero jugar y porque me parece muy importante seguirme sorprendiendo y descubriendo constantemente.

DAM: ¿Tienes algunas influencias directas en cuanto a lo teatral?

IGF: La verdad yo nunca me esperaba hacer teatro, ja ja ja, es como que a mí todo me llega y yo voy diciendo: ¡Si, lo hago! De chiquita me acuerdo que me encantaba el Teatro de los Andes por su tremendo surrealismo y me acuerdo mucho por cómo usaban música también. Me fascinaba; sin embargo, yo no me veía, digamos, haciendo eso. ¡Yo quería bailar!

Pero no se dio, es más, se me empujó al mundo del teatro físico, donde correspondientemente me empezaron a influir ciertos grupos que fui descubriendo naturalmente: DV8, Pina Bausch, Anne Teresa de Keersmaeker y ya una vez en Holanda otros grupos se me abrieron como un torbellino de nuevas cosas: Royal de Luxe, Wim Vandekeybus, Sidi Larbi, Christof Marthaler, Theatre de la Complecite y muchos más. Y ya incluidos mis contemporáneos de hoy en día, hay varios a los que tengo una gran admiración: Bambie, Nicole Beutler, de Warme Winkel, Schweigman&, Davy Pieters, entre otros. Quizá más que influencias, son como una gran inspiración para mí, porque estamos en constante diálogo sobre nuestros oficios y su relevancia en general. Y eso me motiva y me da perspectivas.

DAM: Realizaste performances y actuaciones en varios países de Europa, Asia, América, etc., ¿cómo se siente aquello? ¿Pensaste alguna vez llegar tan lejos, como pocos bolivianos hicieron, en tanto al oficio artístico?

IGF: No, jamás pensé que iba a poder viajar tanto, ni menos vivir de artista. Era un sueño lejano. Así como yaaaaaaa” ¡a lo paceño!; pero, aunque suena requeté-cliché, he trabajado como descocida y eso se ha como que desdoblado naturalmente en una serie de oportunidades bien interesantes, como viajar y conocer tantos diferentes rincones del mundo. Una manera de verlo tal vez seria pensar desde el punto de vista del privilegio, de que soy privilegiada, pero la verdad es que yo no me siento así. Yo tenía desde el principio de mis quehaceres artísticos tantas ganas de desarrollarme, aprender, crecer, caer y volver a entender, que fui a buscar todo eso de la manera más ardua posible. ¡Y no ha sido nada fácil, uy! Ha sido un camino muy duro. Pero me latía siempre ese fuego interior de la curiosidad y de seguir aprendiendo. Es más, lo sigo teniendo. Ahora que soy docente en la escuela donde yo vine a estudiar, sigo aprendiendo de mis alumnos y de todo lo que se me presente. Tal vez eso ha sido, sin tenerlo muy consciente, una actitud que me ha abierto muchas puertas. Me acuerdo de un viaje que hice a Jordania para actuar una linda pieza de una coreógrafa con quien trabajo mucho (Nicole Beutler) y de repente me veo en un salón, donde no entendía a nadie o lo que estaba pasando. Todo el mundo, muchos hombres en el salón, estaban consternados, como si hubieran recibido una mala noticia. Yo: ni idea de lo que estaba pasando. Dos minutos más tarde, yo estaba dándole la mano a la Reina de Jordania, porque el festival en el que estábamos era super importante, lo que tampoco tenía idea. Y ganamos el premio de mejor pieza ese año. ¡Espectacular!, y bueno, cosas así que van pasando. Capítulos interesantes a pesar de lo surreal de por cómo suceden. Lo más bello de ir a un país con tu arte, es inmediatamente una entrada de conexión, controversia, charlas, fiestas y todo lo que viene al conectarse desde un lenguaje que va más allá de cualquier interés, que el puro intercambio humano. Como cuando estuve en Irán y nos dieron un guía que nos llevó específicamente a ciertos lugares de Teherán. Era obvio que el gobierno le dijo al guía adónde llevarnos o no, y nosotros nos escapábamos del guía, para ir a charlar con la gente en las calles o en el Bazaar (que es más complejo que La cancha [se refiere a La Cancha, en Cochabamba]). Yo quería hablar, por ejemplo, con los tejedores de alfombras persas, o de repente vernos en una fiesta secreta con otros artistas, con cerveza casera porque el alcohol es prohibido en ese país. Y que nos preguntaran sobre sexualidad o libertad artística y que con ellos —dentro de todas las diferencias de nuestras situaciones sociales— tuviéramos una conexión tan bella. Sentir cómo un país como el Japón conviva tan de mano a mano con lo ancestral y lo hiper moderno/contemporáneo. Sí, la verdad jamás pensé que esto del viajar me hubiera enseñado tanto sobre humildad, apertura, compasión y curiosidad. Y me ha concedido muchísima inspiración para seguir practicando este oficio que también, como todos sabemos, trae tantas incertidumbres. Pero vale la pena. No lo cambiaría por nada.


DAM: En cuanto al ámbito musical, ¿cómo fue tu experiencia musical junto a la agrupación denominada Tuthola?

IGF: Fue una época muy linda, con mi gran amigo Jochem comenzamos este proyecto, desde la necesidad de entrarle a la música otra vez. Y entre los dos buscamos hacer arreglos musicales que combinaran sonidos electrónicos con instrumentos más usuales como la guitarra, la batería y el teclado. De ahí surgió ver cómo podíamos hacer arreglos como a esa canción hermosa de la Luzmila Carpio: “Al cautiverio”. Nuestro objetivo no era manipular esa canción en ninguna forma, pero experimentar esa esencia tan nostálgica con un sonido más electrónico. Hemos tocado con esa banda muchísimo, hasta hicimos una gira en Japón en cierto momento. Y en cierto momento nuestros caminos nos llamaron a otras cosas. Tal vez algún día volvamos a unirnos.

Con esta banda y con muchas otras como The JOB y la orquesta o k a p i, he tenido colaboraciones muy gratas; entre todos queremos salir de nuestras zonas más conocidas, tomar riesgos, formular nuevas preguntas y plantear propuestas. Obviamente ya todo se ha hecho en la historia del arte, ¡pero en este momento particular y con estas personas no! Y con esa constelación de alineamientos nos llenamos de garras y le echamos. Ha sido una aventura genial.

DAM: ¿Por qué te consideras “un fantasma boliviano”?

IGF: No me considero “de inicio” un “fantasma boliviano”, pero es como que soy un poco. Más en el sentido de que, aunque en Bolivia he construido una base fuerte y fundamental artística en el Instituto Eduardo Laredo, y después con grupos como Vidanza y bastantes otras colaboraciones, es como que sentí que había como un límite para mí en ese entonces. Como que mi sed por un espacio infinito de creación no podía satisfacerse del todo allá. Los ejemplos obvios son: No había una escuela de arte superior para lo que me interesaba, no había medios económicos ni de mi familia ni del gobierno que me apoyaran en poder ir al fondo y tampoco había una hermandad absoluta donde sintiera que nos quisiéramos ver crecer unos a los otros. Supongo que donde hay poco, todos peleamos por las migajas, y por un lado me daba flojera de estar peleando por lo básico, por otro mis ansias eran muy grandes de poder ver de todo, quería entrarle como a la boca del dragón. Y después de haber pasado por algunos estudios en São Paulo, Brasil, que también eran carísimos, encontré la Escuela en Amsterdam y que, aunque no me lo creas, era las más barata, porque el gobierno subsidia el estudio mucho más; fue en términos prácticos y de contenido artístico que me convenía muchísimo irme a estudiar allá.

Y ahí es que entré sí o sí al concepto de “fantasma boliviano”, porque simplemente no estoy ahí, y porque tampoco he hecho mucho esfuerzo de propagar lo que hago en Bolivia.  Lo poco que hice, lo hice mediante un taller en el Laredo hace tiempo y en el Martadero, ambos en Cochabamba, combinando vacaciones familiares, ¡y todo resultó lindo!

Fantasma... ja ja ja, bueno porque no se me ve activa allá, pero tampoco me hago ver, ¿verdad? Por otro lado, siento que yo he estado ejercitando mi arte en territorios bastante experimentales, que podrían ser un reto en Bolivia (sin generalizar). Y como me he ido porque yo quería experimentar y aprender los límites de lo imposible y lo he hecho, tampoco pretendo querer retar las tradiciones profundamente arraigadas.

¡Pero me encantaría desfantasmizarme y ver si hay opciones para colaboraciones, a ver si se alinea algo algún momento!

DAM: ¿En cuatro años como docente de la Escuela Superior de Artes de Amsterdam, qué conclusiones has obtenido sobre el arte en general para el mundo?

IGF: Pucha, ya desde mi educación Laredista lo vi, lo sigo viendo y lo seguiré viendo como algo fundamental para todos. Muchos de mis compañeros del Laredo no han estudiado arte, pero son unos capos en lo que sea que hagan. Y yo pienso que esa sensibilidad y vulnerabilidad que el arte ofrece en educación es fundamental para construir individuos que se conozcan a sí mismos, que piensen de manera creativa en lo que sea que hagan, que no se crean el cuento de que todo está explicado por la ciencia y más bien se conecten con estados de consciencia y percepción diferentes.

Y el arte es un medio tan enriquecedor en todo sentido, no es un lujo es nuestra herencia humana nomás. Dime de una persona que no le guste la música, aunque no sea tu gusto ese tipo de música o estés totalmente en desacuerdo con la filosofía o el concepto musical.  ¡Imagínate un truffi sin música!; sí, yo sé que la información de música folklórica o popular tiene otra función en la comunidad. No estoy para nada queriendo mezclar estos diferentes tipos de experiencias; pero de alguna manera tienen conexión en el sentido de que sí queremos entrar en cualquier tipo de comunión entre nosotros a través de la música o la danza.

Yo pienso que está inherente en todos nosotros. Querernos conectar con cosas bellas, que nos hagan bien, sean esas cosas sonoras, visuales en diferentes espacios o tiempos.

Y enseñar en la Escuela ha sido muy bello, por un lado, me he dado cuenta lo importante que es abrir esas alas a la imaginación sin límites, para después crear límites que puedan re-crear espacios donde se puedan hacer comunicativos estos mundos personales. Por otro lado, no pienso que todos tenemos que hacer arte para vivir una vida más rica pero que una vida es mucho más enriquecida con arte.


DAM: ¿Cómo definirías tu trabajo artístico hasta el día de hoy? 

IGF: Mi trabajo se definiría por ser multifacético. Trabajo como actriz, creadora, compositora, música, performance, profesora, cantante, bailarina y todos estos medios se unen en una intención. Unir el escultor y el músico, el actor y el cantante, el performancer y el compositor, siendo la intención que estos medios dancen como en una sintonía en servicio a lo que tiene que ser dicho, porque son el “medio” y no el fin. Me considero una artista en continuo proceso: nuevos nacimientos y ciclos de descubrimiento son bienvenidos. Mi trabajo artístico se define también en gran parte al co-existir en colaboración con otros artistas. Con mi trabajo trato de entrar a un pulso de concentración tan fuerte que es como llegar a un cero, punto de llegada y un punto de partida. Un lugar donde con suerte se invita a un entendimiento o experiencia profunda de nuestra condición humana, aquí en este mundo tan pasajero. Con empatía, simpatía, humor, con lo absurdo, lo poético y lo espiritual. Todo esto da paso a una experiencia que puede ser interpretada muy personalmente, haciéndolo intrínsecamente política, sin necesidad de darle palo a lo obvio, pues eso ya es, ya está.


DAM: ¿Tienes planes futuros para volver a Bolivia y compartirnos tu arte?

IGF: No concretos, pero hay sueños. Y hay varios de mis colegas que les encantaría apoyarme y hacer proyectos por allá. Hasta pensamos con algunos ir en patota con grupos de teatro, danza y música. No solo para compartir lo que hacemos, pero para organizar talleres y encuentros. Pero todavía son sueños. No me he puesto a analizar cuáles serían las consecuencias prácticas de tal emprendimiento. Por el momento es un gusto de poder compartir aquí un poquito de lo que hago. ¡Mil Gracias!

Diciembre, 2018




[1] Escritor, entrevistador de medio tiempo.

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