Tuesday, February 9, 2010

Una conversación interminable con un lector impenitente/LITERATURA


Así tituló el crítico e investigador cubano Ernesto Sierra su exposición en torno a la obra de William Ospina durante la segunda jornada de la Semana de Autor, evento que se inició este martes con la presencia del escritor colombiano.
Sierra se adentró en algunos de los volúmenes de la copiosa obra de Ospina en los que el poeta y ensayista dialoga y cruza estilos, sistemas de ideas sobre historia y sociedad.
Los nuevos centros de la esfera es para el ensayista cubano una continuidad de su libro Es tarde para el hombre de 1994. En este último Ospina se interroga “¿Qué le queda al hombre al final del milenio que no sea reencontrar el genuino sentido de lo sagrado y lo bello? ¿Qué significado poseen hoy la enfermedad, la muerte, la naturaleza y el tiempo libre desprovistos de la profundidad de la mirada mítica? ¿Es tarde para el hombre?”
Por su parte, el poeta y novelista Jesús David Curbelo enfocó su intervención en las dos ramas de la ensayística de Ospina, una literaria y otra más social. Sin embargo, llamó la atención sobre el mestizaje de la prosa del colombiano en tanto interrelaciona temáticas nunca excluyentes. Son, afirma Curbelo, “vasos comunicantes que relacionan al Hombre y el Universo y al Hombre en el Universo”.
Se siente atraído por la mirada novedosa que Ospina propone sobre autores clásicos, revisitados por la crítica. Ejemplos son Esos extraños prófugos de Occidente, de 1994, y La decadencia de los dragones, del 2002.
No descuida Jesús David en su alocución la idea del mestizaje cultural, las marcas de autonomía que señala la escritura de Ospina unida a la preocupación por el problema colombiano. De ahí su admiración por el poeta Juan de Castellanos, Estanislao Zuleta o Aurelio Arturo y las sucesivas novelas en torno a la conquista: Ursúa y  El país de la canela.
En el ámbito del ensayo más marcadamente social, se reafirman y enfatizan estos intereses. ¿Dónde está la franja amarilla? pone en evidencia un activo y punzante diálogo con la sociedad civil colombiana e intenta alzarse por encima del simulacro político. Pero esa preocupación nacional, según Curbelo, va alcanzando una trascendencia continental. Para él, el autor desmonta el archiconocido complejo de inferioridad que, como recalca el escritor cubano, aún padecemos.
Juan Nicolás Padrón, ensayista e investigador de la Casa de las Américas, centró su visión en el universo poético, en lo que él considera “la poesía de la otra Historia”.
Padrón advierte que esa fusión de estilos, preocupaciones y temáticas, rasgo recurrente en la producción total de Ospina, está sedimentada en la profundidad con la cual el colombiano hurga en la Historia. “ de que (la Historia) le sirva para comprender el presente. Su obra se resiste a la tradicional clasificación por géneros, e incluso resulta imposible circunscribir al autor a la ya desusada expresión de “literato” o autor literario, pues se trata de un mensajero del tiempo, un severo crítico de la modernidad americana, que debía partir de otra Historia para comenzar de nuevo su reconstrucción verdadera; y como la historia americana se inició como canto y mito, ha sido la poesía el lenguaje de esa iniciación”.
Al concluir el panel, Ospina agradeció a los expositores sus respectivas lecturas sobre su producción literaria. “Uno cree que está solo cuando escribe – dijo – y mucho después sabemos que estábamos conversando con otros”.
Un coterráneo le preguntó cuáles creía él que serían las estrategias más eficaces para contrarrestar o solucionar la situación crítica que atraviesa Colombia. El asistente partía de su lectura de ¿Dónde está la franja amarilla? y de su experiencia de vida.
Según el autor de Ursúa, los problemas de Colombia no son estrictamente políticos ni la solución tampoco, a no ser que se piense la política de otra forma. “Son problemas de gran complejidad cultural, debe buscarse las soluciones a la luz de esa complejidad”.
Añadió, “me he esforzado por interrogar nuestra memoria compartida, de los pueblos tradicionalmente renegados, de los mitos borrados. Colombia vive una singularidad dramática: es un país que se reconoce poco en su territorio. La diversidad no ha encontrado una interpretación que proponga un proyecto coherente. No se comporta como nación”.
Para Ospina Colombia debería ser el país con una mayor vocación continental debido a su ubicación geográfica, sin embargo, según el poeta, su país ha asumido una condición de “insularidad” y negación al diálogo con sus vecinos e incluso con su propia historia.
Una de sus mayores preocupaciones con respecto a la situación colombiana radica en la incertidumbre de reconocer dónde están los protagonistas del cambio y dónde está el proceso cultural que va a crear a nuevos ciudadanos que permitirán que Colombia no esté a merced de los vientos y del espíritu colonizador.
Tomando como imagen la esfera nuevamente, según Ospina Colombia es una figura anómala de la geometría porque siempre ha buscado su centro afuera. No ha logrado situar ese centro en ella misma, sino que gravita alrededor de otros centros culturales y políticos, explicó.
El ensayista ve esa transformación solo posible en el campo del arte, la filosofía y la literatura y no precisamente en la política, entendida en su sentido más llano. Colombia necesita, planteó, la devolución del equilibrio filosófico y moral para que pueda adelantar con normalidad en su proceso histórico.
Sin embargo, según la mirada de Ospina, Colombia está transformándose y lo ha estado haciendo a través de la literatura. La obra de García Márquez ha significado, en este sentido, un cambio de actitud de la visión del país sobre sí mismo.
La tarde concluyó con una lectura de poesía en la cual el narrador recorrió varios títulos de su cuantiosa producción. Poemas aparecidos en su primer libro Hilo de arena, de 1986, La luna del dragón, de 1992, El país del viento, de 1992, ¿Con quién habla Virgina caminando hacia el agua?, de 1995 fueron escuchados por la voz de su autor.
El día de hoy abre con el panel “La narrativa en Ospina” con la presencia del escritor cubano Eugenio Marrón quien disertará en torno a las “Maneras de navegar con William Ospina”, se hará lectura del texto “La fórmula elemental de contar: atrapar, retener y cautivar”, que el ensayista colombiano Hugo Niño preparó para el encuentro. La sesión continúa con la intervención “Voces” del crítico Alberto Quiroga, de la revista colombiana Número.
Seguidamente, William Ospina compartirá con el público sobre su(s) poética(s).
Mañana concluye la Semana de Autor con la presentación de El país de la canela, libro que mereciera el Premio Rómulo Gallegos 2009.

Imagen: Semana de Casa de las Américas con William Ospina, Cuba, 2009
 
 

El sexo censurado del cine argentino/CINE


Todo empezó por casualidad durante las reuniones previas a entrevista que el escritor y crítico de cine Diego Curubeto le realizaba a Isabel Sarli para el Canal 4 de la televisión inglesa. Uno de esos días vio en un rincón de la casa de la diva una pila de latas de película que nunca habían estado allí. Eran cortes que la censura había hecho a las películas de Armando Bó durante 23 años. “Me volví loco”, resumió Curubeto, director de “Carne sobre carne”, el filme que montó con aquel material y que luego de su paso por distintos festivales finalmente se exhibe en la sala del Malba, en Buenos Aires.
“Le pregunté: «¿Qué es eso Isabel?». Y me dice «Ah, yo estaba triste porque es algo que había dejado Armando y no sabía si tirarlo, son cosas que él rescataba de la censura». Ahí me volví loco. Y me dijo que había bastante. Y yo sé que «bastante» en la casa de Isabel puede ser una tonelada”. Así relató Curubeto el inicio de un proyecto que demandó cinco años de trabajo con un equipo que también integraron Fernando Martín Peña y Octavio Faviano, entre otros.
Fueron necesarios tres camiones para trasladar unas novecientas latas, de las cuales quedó un material “en bruto” utilizable de veinte horas. El resultado es una película de 95 minutos, en material fílmico. La mayor parte, 45 minutos, la constituyen las tomas prohibidas y el resto son escenas de ficción y animación, con material que abarca desde 1958 hasta 1981, con película en blanco y negro, color, súper 8, cinemascope, 16 milímetros, Agfa, Eastman.
“Es el mayor metraje de material salvado de la censura en cualquier país del mundo en cualquier época”, explicó Curubeto y añadió: “La película trabaja sobre la historia de Isabel Sarli y Armando Bó, sobre el cine de Armando Bó y sobre el fenómeno de la censura en la Argentina”.
El crítico, que además debuta en el rol de director con este filme, dijo que mirando esas escenas “uno aprende pecados nuevos” y añadió: “Hay cosas muy fuertes, de hecho la película es prohibida para menores de 16. Pero lo más interesante es entender cómo trabaja la censura y ese es el escándalo desde el punto de vista cinéfilo”.
En cuanto a las escenas de sexo señaló: “Hay cosas que nunca vi en mi vida. A Armando le cortaban las películas acá, mientras que en otros países le pedían más sexo, lo que era para volverse loco. Luego había cosas que Isabel no quería hacer. Entonces inventaban latigazos, experimentos raros para no hacer el sexo más fuerte que a ella no le gustaba”.
Curubeto, autor de libros como “Cine de súper acción”, junto a Peña, o “Cine bizarro”, contó que su “fascinación” por las películas del dúo Sarli-Bó llegó cuando fue al estreno de “Insaciable”: “Siempre me fascinó la audacia, la manera de capturar lo más fuerte que encontraba en el cuadro. El hacía que las cosas sucedan”.
Un fenómeno como aquel hoy sería irrepetible. Para Curubeto la razón es el “factor humano”: “Tanto de Armando Bó, en cuanto a la calidad de artista totalmente audaz hasta lo demente, como de Isabel Sarli. De ella la revista Life decía que era la mujer más linda del mundo. Que era como Elizabeth Taylor, pero más voluptuosa”.
Curubeto, que estudia cine desde los 15 años, aclaró: “No me gusta el cine bizarro por sí mismo, sino como un género. Pero lo de Isabel Sarli es algo especial porque tiene que ver con el cine de culto”.

La Capital

Imagen: Isabel Sarli en uno de sus filmes

El fusilamiento de Severino Di Giovanni


por Roberto Arlt

"El 1º de febrero de 1931 fue fusilado el anarquista expropiador de origen italiano Severino Di Giovanni, quien con asaltos y atentados, logró tener  en jaque a la policía del país durante seis años. Tras despedirse de su familia, Di Giovanni fue ejecutado en el patio de la penitenciaría de la calle Las Heras ante varios testigos, entre los que se encontraba el escritor Roberto Arlt, quien en un artículo –transcripto a continuación- narró los últimos momentos de vida del anarquista". Fuente: ARLT, Roberto, Obras completas, Buenos Aires, Omeba, 1981, en PIGNA, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina 3, Buenos Aires, Planeta, 2006.

“El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quién sabe! El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate. Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar. Ha formado el blanco pelotón fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Éste grita: “Venda no”.
”Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas?
— Pelotón, firme. Apunten.
La voz del reo estalla metálica, vibrante:
— ¡Viva la anarquía!
— ¡Fuego!
”Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia.
”Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero martillea a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.
”Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez, de Última Hora, Enrique González Tuñón, de Crítica y Gómez de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la Penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:
— Está prohibido reírse.
— Está prohibido concurrir con zapatos de baile”.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar  

Imagen: Anarquistas II: Mártires y Vindicadores/Documental de Leonardo Fernández

Wednesday, January 20, 2010

Ay, Dolly Lola Lolita


por Gregorio Martínez

Hace 50 años, Vladimir Nabokov publicó Lolita, la novela que incorporó a la literatura y a la realidad a la inquietante y seductora niña del mismo nombre.
Qué coincidencia, en 1955, hace 50 años, cuando apareció Lolita por primera vez, la novela cumbre de Vladimir Nabokov (1899-1977), en ese momento también alcanzó altísima popularidad el son cubano Avemaría Lola, cantado por el che Carlos Argentino con el tronar de la inolvidable Sonora Matancera.
Aun en la escritura parecía que ambas expresiones artísticas se remedaban. ¿Dónde había aprendido el escritor ruso ese hipocorístico tan hispánico, Lola, que trastrueca el nombre Dolores? Dolores Ibarruri, La Pasionaria, que en la guerra civil española lanzó por radio la arenga: ¡No pasarán! Dolores del Río, la actriz mexicana que fue estrella en Hollywood antes que naciera Salma Hayek. Lola Flores, La Faraona. Lola Thorne, nuestra poeta. Y simplemente Lola, la rica puta más memorable del burdel de Nasca.
Vladimir Vladimirovich Nabokov, hijo de aristócrata familia rusa que la revolución bolchevique arrojó al exilio, empieza su novela con estas líneas que vierto aquí, literales del inglés, lengua que Nabokov asumió recién después de 1950, justo para escribir Lolita: "Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta. LO-LI-TA".
Cursi a primera vista y porno light, sin una mínima palabra obscena en todo el libro. Ni siquiera coño (cunt). Ni la menor comparación con el porno duro, diabólico, del Marques de Sade. ¿Acaso, dueño de singular pericia retórica, Nabokov había manejado la inmundicia con guantes de seda, aferrado a la idea de que aun en la perversidad existen maneras aristocráticas? Bueno, Nabokov deliraba con ser Marcel Proust. En este aspecto contó con la alabanza de quien entonces era el pontífice de la crítica literaria en Estados Unidos, el talentoso Edmund Wilson.
Similar cursilería afecta a la ponderada expertez de Nabokov como lepidopterólogo. Sofisticado especialista en el artificio para capturar y coleccionar lindas mariposas que ayer nomás fueron horribles gusanos. Creía que Proust, por mariposón, podría haber sido un erudito en mariposas. Nabokov no era biólogo. Solo un pretendido esteta de mariposas muertas. Algo semejante a las bellas palabras con las cuales el narrador protagonista de Lolita, el chivo viejo Humbert Humbert, nos va relatando su mañosa perversidad, su condición de pedófilo consumado.
Por cierto, Lolita fue publicada la primera vez por Olympia Editions de París. Según Nabokov, ninguna editorial de Estados Unidos quiso correr el riesgo de requisa o cárcel. Quizás todo fue puro teatro para crear el mito de lo prohibido. Estaba imitando la penuria de Ulises, la novela de James Joyce, que sí sufrió un acoso terrible. Olympia era una editorial francesa de baja estofa que publicaba pornografía ligera. Tan desconocida que cuando le pregunté, en París, al poeta charapa José Carlos Rodríguez, este me contestó con una carcajada: "La única Olympia que conozco es una puta que recala por Le Petit Bateau, o sea El Botecito".
Alguien alegará que Humbert Humbert amaba la ternura juvenil, la rosa en botón, tal como lo ha establecido cierta crítica literaria. No. Eso es mixtificar un discurso narrativo cuyo contenido es claro. Humbert Humbert era un crudo pedófilo, según la textualidad de la novela. El alter ego de Nabokov no resulta muy distinto al autor de Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll, otro aristócrata lascivo que fotografiaba a su sobrinita Alicia y escribía sólo para ella. Si el mundo tiene una imagen menos sórdida de Lolita, esto se debe al filme que Stanley Kubrick hizo en 1962.
Mientras tanto, el son cubano resuena: "Lola, ay Lolita, Lola/ conmigo vas a acabar". Canción y novela, pese a que ya existían en París la Unesco y el Congreso por la Libertad de la Cultura, fueron condenadas y prohibidas por la España de Francisco Franco. Debo decirlo, el Congreso por la Libertad de la Cultura fue gestado por Michael Josselson, el secreto fundador de la CIA en 1947. En ambas expresiones artísticas, Lolita y el son cubano, los doctos comisionados de la cultura entrevieron blasfemia y explícita loa al acto copulatorio: "A ti que te gusta mucho/ y a mí que me vuelve loco/ te pusiste liqui liqui/ para romperme, Lolita, el coco".
Algún estudio literario, no tan tedioso como la desconstrucción derridiana, podría advertir que entre los fenómenos culturales diferentes, escritura y tambarria en este caso, siempre existen nexos y substratos comunes. De ahí que en el mismo periodo florecía también el meneo incitante de las Dolly Sisters, las rubias gemelas del Caribe que llegaron a Nasca enviadas por Satanás, según la homilía del párroco Eduardo Varea. Justamente Nabokov nos lleva por el mismo camino en las líneas finales del primer parágrafo de Lolita: "She was Dolly. She was Dolores".
Nabokov tiene un notable mérito. Fue el temprano inventor de la novela light. Pero en lascivia, que de eso se trata, Lolita resulta un cuento de hadas frente a los Trópicos del pernicioso Henry Miller, su coetáneo, para no hablar de otros depravados gloriosos. Aun Caperucita roja, en la versión original recogida por Charles Perrault, no la de los tramposos hermanos Grimm, es un festín de concupiscencia.
Eso de que Nabokov era un estilista en inglés suena a embuste. Gracias a que en su infancia tuvo institutrices rigurosas, Nabokov hablaba alemán, inglés, francés y conocía bien el italiano, el castellano, mas siempre escribió en ruso. Lolita fue un libro compuesto de acuerdo con las exigencias del mercado. Su escritura es simple. A tal punto que las distintas traducciones al castellano coinciden palabra por palabra. Basta cotejar la edición Anagrama, Barcelona, 2001, traducida por Francesc Roca, con el texto de Edivisión, México, 1992, traducción de Enrique Tejedor. Hasta en el caso de "My sin, my soul", ambos dicen: "Pecado mío, alma mía". No caen en la literalidad de traducir: "Mi pecado, mi alma". Todo lo contrario a lo que ocurre en la traducción de la novela Ana Karenina de Leon Tolstoi. He revisado seis versiones en castellano y cada una varía en la frase inicial.
Pero al margen de cualquier mérito, una sospecha última, con datos concretos, ensombrece a Lolita. El 19 de marzo del 2004, un estudioso de la literatura alemana, Michael Maar, publicó en el prestigioso diario Frankfuster Allgemeine Zeitung, un artículo titulado "¿Qué sabía Nabokov?" En dicho artículo, Michael Maar muestra que en 1916 Heinz von Lichberg dio a la luz un cuento de 18 páginas, "Die verfluchte Gioconda" ("La Gioconda maldita"), que contiene la historia que Nabokov desarrolló en su novela. Es más, la tentadora chiquilla se llama Lolita y la acción ocurre en Alicante, España.
Heinz von Lichberg murió en 1952 y, entonces, ya era un autor olvidado. Michael Maar escuchó la anécdota sobre el cuento de boca del escritor berlinés Rainer Schelling. Un día decidió ubicar el cuento. Su sorpresa fue tremenda. Ahí estaba toda la historia y aun el nombre Lolita. Ahora se sabe, Nabokov no solo conoció a Heinz von Lichberg, lo increíble es que formaron parte del mismo grupo de intelectuales en Berlín, entre 1922 y 1937.
Cuando Lolita empezó a publicarse en Estados Unidos, Nabokov contó muchas veces cómo se había originado la novela, temeroso de que se pensara que era su propia experiencia. En la explicacion que aparece como epílogo en algunas ediciones, el autor declara que la primera versión de la novela tenía 30 páginas y transcurría en París, donde la había escrito en 1939. Jamás se refirió al cuento del ignorado Heinz von Lichberg. ¿Por qué tendió Nabokov un manto de silencio sobre "La Gioconda maldita"? Quién sabe. Pero tiene atenuante. Los buenos plagios, que superan al original, merecen el perdón de Dios.

NOTA: Gracias al escritor Manuel Vargas tuve el gusto de leer esta columna de Gregorio Martínez, que aparte de lo que pensemos de Nabokov es literatura per se. CFC

Imagen: Afiche de "Lolita", de Adrian Lyne, 1998

Tuesday, January 19, 2010

“El 2009 fue un año fructífero para la literatura boliviana"


Adolfo Cáceres Romero

Este fue un año fructífero para las letras nacionales, sobre
todo si se tiene en cuenta la serie de eventos culturales,
como: las ferias del libro de La Paz, Santa Cruz de la
Sierra y Cochabamba; los foros, seminarios, presentación de
obras y certámenes literarios, que se dan en dichas
ciudades; este año además hubo un encuentro internacional de
escritores en Tarija, con una notable presencia de
escritores argentinos y chilenos, manifestó el escritor,
Adolfo Cáceres Romero al ser consultado sobre su opinión
respecto a la literatura el año 2009.?
Resaltó que, luego del Foro de la Crítica Nacional,
auspiciado por el Centro Pedagógico y Cultural Simón I.
Patiño, a través de su Centro de Literatura Boliviana, se
presentó al Viceministerio de Educación una lista de 15
novelas, con miras a seleccionar las 10 mejores novelas
bolivianas; propósito nada fácil por el procedimiento con el
que se procura la cualificación de las mejores novelas
bolivianas. Lo que se advirtió es que esos críticos
respondían a criterios de selección de grupos y generaciones
que desconocen la múltiple variedad de la narrativa actual,
ignorando la obra de los novelistas que se hallan fuera del
país, de ahí que no salían de lo consabido, repitiendo
nombres y títulos de la primera mitad del siglo XX.?
La narrativa muestra una significativa renovación?
Según Cáceres, la narrativa de 2009 muestra una
significativa renovación en cuanto a la visión de la
realidad boliviana. Dos novelistas son los que llamaron la
atención de la crítica y de los lectores, a mediados de
dicho año: Claudio Ferrufino Coqueugniot, que ganó la 50
versión del Premio Casa de las Américas de Cuba, con su
novela “El Exilio Voluntario”, que fue publicada por la
Editorial “El País”, de Santa Cruz; Edmundo Paz Soldán con
“Los vivos y los muertos”, novela que llama “non fiction”,
por estar centrada en la vida de unos adolecentes
norteamericanos. Asimismo, Eduardo Scott Moreno ganó por
segunda vez el Premio Nacional de Novela, con “He de morir
de cosas así”.?
Ramón Rocha y Ariel Gamboa, presentan su guión
cinematográfico novelado con el título de “Iskay”. Amalia
Decker publica en Alfaguara su tercera novela: “Yo la reina
de sus sueños”. Gaby Vallejo Canedo es autora de “Tatuaje
Mayor”, novela juvenil. “El vuelo de la esfinge”, de Rosse
Marie Caballero.?
?
Producción de cuentos y poesía?
En el ámbito de los cuentos, Cáceres destacó obras como
“Diario”, cuentos de Maximiliano Barrientos y “Angulo
muerto”, el segundo libro de cuentos de Miguel Esquirol
Ríos.?
Agregó que con Gente Común, comienza la producción de
Shariel Baptista, joven narradora, con “Confesiones de esta
vida, la otra y la de más allá”; también Rosse Marie
Caballero presenta “Los vagidos del gato”, cuentos
publicados por La Hoguera. “Las batallas del pan” es una
antología de Yerba Mala Cartonera, que reúne la obra de 14
cuentistas. Iván Prado Sejas es el autor de “Los sueños del
Padre”, cuentos de terrícolas, terrimarcianos y marcianos.
Escritores Unidos y la Editorial Kipus publicaron “Pétalos
de sangre” de Gonzalo Montero Lara; “Cuentos de siempre”, de
Jenny Mouzón Oporto. ?
Refiriéndose a la poesía dijo que es notable la antología
“Cambio climático”, que selecciona la producción dispersa de
la novísima poesía boliviana, editada por el Espacio Simón
I. Patiño de La Paz.?
“Carlos Rimassa, pintor y hombre de teatro, con “Perfil de
tiempo” nos brinda su segundo poemario. “Bajaron las nubes”,
de Norma Mayorga; “Estaciones”, de Jorge Ayala Zelada,
señaló.?
En ocasión del Festival Nacional de Teatro “Bertolt Brecht”,
David Mondacca presentó en la Feria del Libro de Cochabamba
su drama “Amores que matan”; Mauricio Rodríguez Medrano ganó
el Premio “Adolfo Costa du Rels” del IV Concurso de
Escritura Dramática, que auspicia la Oficialía de Cultura de
La Paz, con “Las muertes de San Andrés”, pieza teatral en
tres actos, de carácter policial. Finalmente, una obra digna
de destacar es “Memorias razonadas de un escritor perplejo”,
de H.C.F. Mansilla.

del Diario Opinión (Cochabamba-Bolivia)

Imagen: Bolsa de coca/Curahuara de Carangas, prov. Sajama, dpto. Oruro/llama y oveja/aymara/c. 1900

Wednesday, December 30, 2009

Brazil takes off/ECONOMIA


Nov 12th 2009
From The Economist print edition
Now the risk for Latin America's big success story is hubris

Rex Features
WHEN, back in 2003, economists at Goldman Sachs bracketed
Brazil with Russia, India and China as the economies that
would come to dominate the world, there was much sniping about the B in the BRIC acronym. Brazil? A country with a
growth rate as skimpy as its swimsuits, prey to any
financial crisis that was around, a place of chronic
political instability, whose infinite capacity to squander
its obvious potential was as legendary as its talent for
football and carnivals, did not seem to belong with those
emerging titans.
Now that scepticism looks misplaced. China may be leading
the world economy out of recession but Brazil is also on a
roll. It did not avoid the downturn, but was among the last
in and the first out. Its economy is growing again at an
annualised rate of 5%. It should pick up more speed over the
next few years as big new deep-sea oilfields come on stream,
and as Asian countries still hunger for food and minerals
from Brazil's vast and bountiful land. Forecasts vary, but
sometime in the decade after 2014 -rather sooner than
Goldman Sachs envisaged- Brazil is likely to become the
world's fifth-largest economy, overtaking Britain and
France. By 2025 São Paulo will be its fifth-wealthiest city,
according to PwC, a consultancy.

And, in some ways, Brazil outclasses the other BRICs. Unlike
China, it is a democracy. Unlike India, it has no
insurgents, no ethnic and religious conflicts nor hostile
neighbours. Unlike Russia, it exports more than oil and
arms, and treats foreign investors with respect. Under the
presidency of Luiz Inácio Lula da Silva, a former trade-
union leader born in poverty, its government has moved to
reduce the searing inequalities that have long disfigured
it. Indeed, when it comes to smart social policy and
boosting consumption at home, the developing world has much
more to learn from Brazil than from China. In short, Brazil
suddenly seems to have made an entrance onto the world
stage. Its arrival was symbolically marked last month by the
award of the 2016 Olympics to Rio de Janeiro; two years
earlier, Brazil will host football's World Cup.
At last, economic sense
In fact, Brazil's emergence has been steady, not sudden. The
first steps were taken in the 1990s when, having exhausted
all other options, it settled on a sensible set of economic
policies. Inflation was tamed, and spendthrift local and
federal governments were required by law to rein in their
debts. The Central Bank was granted autonomy, charged with
keeping inflation low and ensuring that banks eschew the
adventurism that has damaged Britain and America. The
economy was thrown open to foreign trade and investment, and
many state industries were privatised.
All this helped spawn a troupe of new and ambitious
Brazilian multinationals (see our special report). Some are
formerly state-owned companies that are flourishing as a
result of being allowed to operate at arm's length from the
government. That goes for the national oil company,
Petrobras, for Vale, a mining giant, and Embraer, an
aircraft-maker. Others are private firms, like Gerdau, a
steelmaker, or JBS, soon to be the world's biggest meat
producer. Below them stands a new cohort of nimble
entrepreneurs, battle-hardened by that bad old past. Foreign
investment is pouring in, attracted by a market boosted by
falling poverty and a swelling lower-middle class. The
country has established some strong political institutions.
A free and vigorous press uncovers corruption—though there
is plenty of it, and it mostly goes unpunished.
Just as it would be a mistake to underestimate the new
Brazil, so it would be to gloss over its weaknesses. Some of
these are depressingly familiar. Government spending is
growing faster than the economy as a whole, but both private
and public sectors still invest too little, planting a
question-mark over those rosy growth forecasts. Too much
public money is going on the wrong things. The federal
government’s payroll has increased by 13% since September
2008. Social-security and pension spending rose by 7% over
the same period although the population is relatively young.
Despite recent improvements, education and infrastructure
still lag behind China's or South Korea's (as a big power
cut this week reminded Brazilians). In some parts of Brazil,
violent crime is still rampant.
National champions and national handicaps
There are new problems on the horizon, just beyond those oil
platforms offshore. The real has gained almost 50% against
the dollar since early December. That boosts Brazilians’
living standards by making imports cheaper. But it makes
life hard for exporters. The government last month imposed a
tax on short-term capital inflows. But that is unlikely to
stop the currency's appreciation, especially once the oil
starts pumping.
Lula's instinctive response to this dilemma is industrial
policy. The government will require oil-industry supplies-
from pipes to ships- to be produced locally. It is bossing
Vale into building a big new steelworks. It is true that
public policy helped to create Brazil's industrial base. But
privatisation and openness whipped this into shape.
Meanwhile, the government is doing nothing to dismantle many
of the obstacles to doing business—notably the baroque
rules on everything from paying taxes to employing people.
Dilma Rousseff, Lula's candidate in next October's
presidential election, insists that no reform of the archaic
labour law is needed (see article).
And perhaps that is the biggest danger facing Brazil:
hubris. Lula is right to say that his country deserves
respect, just as he deserves much of the adulation he
enjoys. But he has also been a lucky president, reaping the
rewards of the commodity boom and operating from the solid
platform for growth erected by his predecessor, Fernando
Henrique Cardoso. Maintaining Brazil's improved performance
in a world suffering harder times means that Lula's
successor will have to tackle some of the problems that he
has felt able to ignore. So the outcome of the election may
determine the speed with which Brazil advances in the post-
Lula era. Nevertheless, the country's course seems to be
set. Its take-off is all the more admirable because it has
been achieved through reform and democratic consensus-
building. If only China could say the same..

Imagen: Ira Korman/Serpent, 2004

Tuesday, December 29, 2009

EUSTAQUIO MÉNDEZ Y LA GUERRA GAUCHA


Margarita Isabel GONZÁLEZ


1. De lo que pasó en el Alto Perú, Bolivia, siendo Tarija de la jurisdicción de Salta hasta 1825

Según el historiador boliviano Edgar Ávila Echazú, el proceso emancipador denominado “Guerra de la Independencia. Revolución Libertadora del poder colonial español”, se originó por causas políticas sociales: el abuso de los administradores coloniales, su prepotencia discriminadora y la escasa atención a los problemas nacidos de un estancamiento del progreso económico, así como también el oscurantismo cultural empañado por la iglesia, más la segregación de las masas indígenas que se convirtió en la justificación de los levantamientos y rebeldías, este cuadro se empaña aún más con la inhumana explotación de la mano de obra mitaya minera (trabajo rudo y sacrificado).
Ese mundo de complicidades, abusos y sobornos fue el sustrato movedizo de la inestabilidad social y las consecuencias trastornos políticos-económicos que tenían que fluir, teniendo como protagonistas precisamente a los criollos y mestizos ricos de Charcas y Potosí.
Pues a la guerra de batallas campales, sucedió una de guerrillas, escaramuzas, sorpresas y asaltos de grupos que tan pronto aparecían como desaparecían, pero que mantenían una lucha tenaz y constante, sin tregua ni descanso. Imposible detallar todas las acciones, es el decir de Humberto Vázquez Machicado (catedrático de la universidad mayor de San Andrés de Chuquisaca) “las acciones eran a diario, por todas partes, obligando a los realistas a vivir siempre alertas y en combate permanente. Capitaneaba esos grupos de acciones hombres de ciertos carismas y liderazgos, denominados caudillos, quienes luchaban en nombre de la Patria”.
Fue trágica la suerte de muchos de ellos, sea en los recios combates en los cuales no se daba ni se pedía cuartel. Sea por enfermedades como consecuencias de las privaciones de esa vida de guerrillas, la mayor parte de estos personajes murieron antes de ver realizados sus sueños de una Patria libre.
Toda una tierra que vivió ruido de lanzas y gritos de guerra, habla de un pueblo que se levantó en armas para luchar con un gran valor, dice la “Historia de Tarija”, escrita por Ávila Echazú, que venció con heroísmo sin igual, que grabó con letras de fuego en el libro de la historia, nombres tanto de hombres, mujeres y niños de la gran nación Americana, como Martín Miguel Güemes, José Antonio Sucre, Simón Bolívar, Álvarez de Arenales, Francisco de Uriondo, Eustaquio Méndez, entre otros.


2. Tarijeños y salteños hermanados en la lucha por la Independencia americana

Conocido es el aporte que hizo Tarija con hombres, víveres, dinero, monturas a los cuatro ejércitos auxiliares del Perú. Este territorio tuvo una serie de líderes, que a la par de Francisco de Uriondo, Eustaquio Méndez, Pedro Antonio Flores entre otros, tendrán contactos muy cercanos con próceres argentinos como Martín Miguel de Güemes y Manuel Belgrano, pues llevaron a cabo una política contestataria contra las tropas realistas, que de manera permanente asediaban a Tarija, que se convierte en una especie de bisagra por su ubicación estratégica.
Esta realidad, sin dudas, demuestra que la comunicación que hubo entre Salta y Tarija, siempre fue muy fluida. La comunicación epistolar entre Güemes, Belgrano, Francisco de Uriondo y otros jefes locales tarijeños era factible por una serie de razones, entre ellas, los pueblos de Tarija y Salta han estado muy ligados por las mismas ansias de libertad, por compartir historia y cultura. En Tarija las acciones estuvieron bajo los objetivos de la estrategia güemesiana, cuando no a instancias de las espontáneas y no bien ordenadas tácticas de los jefes locales, que en lo esencial trataban de emboscar y desgastar a los regimientos realistas.
Precisamente, en esos tiempos José Ignacio Mendieta comandante en esa jurisdicción y Manuel Rojas, uno de los organizadores de los entonces temidos “Dragones Infernales”, con la ayuda táctica de Eustaquio Méndez y José María Avilés, lograron vencer a los soldados realistas.
En la “Abra del Gallinazo”, en la misma región de Tolomoza, Méndez unió sus fuerzas a las de Lamadrid. Defendían los alrededores de Tarija las unidades de Ramírez. Pero el ya famoso “Moto Manco Méndez” desplegándose desde las inmediaciones de Concepción, ganó los terrenos de la Tablada, al tiempo que Lamadrid, con Avilés y Uriondo, que se habían unido, se acantonaban en las vecindades de la Loma de San Juan y desde allá, exigieron rendirse a las tropas de Ramírez que se encontraron en Tarija.
Ramírez contestó en una arenga a sus soldados “Vamos a desparpajar a esos gauchos” y cruzó el río para enfrentarse con los jinetes de Méndez, que a todo esto bajaban por la Cuesta de la Tablada. Con una irreprimible carga de caballería Méndez rechazó a Ramírez, quien se retiró a la ciudad, mientras Lamadrid había ocupado el barrio de San Roque, donde volvió a intimar rendición a Ramírez. El 15 de abril de 1817 se enfrentaron ambos bandos a orillas del río Guadalquivir. Los gauchos, chapacos de Méndez, Uriondo y Avilés impidieron a los realistas avanzar por las riberas del río, al mismo tiempo que el propio Méndez con sus jinetes y Lamadrid iban venciendo a las tropas de Ramírez.
El héroe de la Tablada, José Eustaquio Méndez, fue hijo de dos descendientes directos de españoles: Juan Méndez y María Arenas, quienes eran campesinos adinerados de San Lorenzo, nació en Carachimayo el 19 de septiembre de 1784, pasó su infancia y adolescencia en las fincas paternas, acaso sin recibir más educación que la común de esos tiempos en los poblados de Tarija; la impartida por algún sacerdote.
No sabemos si por natural inquietud aventurera, o por reveses de fortuna familiar, emigró muy joven a tierras del Río de la Plata. Allá debió correr la suerte de los “mozos perdidos” que eran hijos de estancieros criollos o de campesinos empobrecidos; estos son los llamados “gauchos” peones trashumantes de las haciendas, gente a caballo, diestros en todos los manejos ganaderos, que requerían muchas veces de coraje suicida, donde se supone Eustaquio Méndez perdió una mano en una pialada, donde se le enredó el lazo en la muñeca, quedando la mano pendiente de un tendón, y en un acto de arrojo desesperado, tomó el cuchillo y se cortó la misma, adquiriendo así el apodo de “el manco o moto Méndez”.
El hecho de estar al lado de los desamparados y en contra de las injusticias de los corregidores españoles, no solo debió despertarle en aquellos años la conciencia social, de la libertad y el derecho, la igualdad y el respeto, sino que afirmaría esos principios por haber sufrido en carne propia los abusos del poder.
Al retornar a su tierra, se relacionó con la familia Echazú, haciéndose muy amigo de don Felipe, hijo de don Mariano Antonio. Tal como lo demuestra una carta que Méndez mandó a redactar en 1825, donde pedía la restitución de Felipe como Alcalde de Tarija, al ser depuesto éste por el coronel O’ Connor, también fue compadre de don Bernardo Trigo, es decir, ambos patricios tarijeños.
Lo cierto es que el que ya popular “Moto Méndez” tanto por sus hazañas de valiente jinete gaucho, jovial bebedor y gran enamorado, como por su bondad e ingenuidad, a la vez que por su ancestral sabiduría campesina, logró un gran ascendiente entre los chapacos de San Lorenzo y Tarija, especialmente en los ánimos de los campesinos empobrecidos por las onerosas tributaciones exigidas por las autoridades españolas, en los primeros años del siglo XIX.
En las regiones de San Lorenzo y en todo el valle central, ya en 1813 Eustaquio Méndez era reconocido como el jefe indiscutible de las montoneras que organizó después del triunfo de Suipacha y de la derrota del primer Ejército Auxiliar del Río de la Plata. Se sabe que participó en la refriega de Río de las Piedras, antes de la Batalla de Tucumán, donde se cree también que combatió al lado de Pedro Antonio Flores y Francisco de Uriondo.
Desde 1814 luchó obedeciendo las instrucciones de Uriondo y Güemes, especialmente apoyando las acciones de Uriondo por el Valle de la Concepción, sin descuidar la zona de San Lorenzo. Después del triunfo de “La Tablada”, Méndez y Manuel de Uriondo, hermano de Francisco Uriondo, se dedicaron a reclutar nuevos contingentes para la lucha que, se recrudecería con mayor ímpetu por parte de los españoles.
Uno de los batallones realistas sorprendió en “Mojos” en julio de 1817 a Manuel Rojas, pero éste logró huir ante la superioridad de los enemigos y Mariano Ricafourt (jefe realista) en persona, derrotó a lo jinetes de Uriondo y Méndez el 2 de agosto en Chocloca y el 5 en Santa Ana. A pesar de esos desastres Eustaquio Méndez, había reconstituido sus montoneras, con las que se replegó fuera del alcance de las tropas de Ricafourt.
Sin embargo, esa situación desesperada les infundió a los gauchos chapacos un nuevo vigor casi suicida: considerando sus jefes que, ante el triunfo de San Martín en Chile y el inmediato retorno de La Serna a Tupiza, era la ocasión propicia de intentar otro accionar parecido al de la toma de Tarija en abril, y a la vez de colaborar con los planes de Güemes; de diseminar la retaguardia de La Serna y neutralizar a Olañeta, finalidad que se había fortalecido con los contingentes del entonces lugarteniente de Güemes, José María Pérez de Urdininea.
Ante estos acontecimientos, el coronel realista Vigil pudo permanecer más o menos tranquilo en Tarija, luego de semejante ofensiva contra las partidas rioplatenses y Tarijeñas. No obstante, a principios de noviembre de 1818, el huidizo Eustaquio Méndez, con un sigilo digno de las mejores tácticas, puso cerca a la villa con un considerable contingente. En esa ocasión Méndez jugo una de sus más eficaces cartas. El sitio fue tan efectivo que las partidas realistas no podían asomarse ni siquiera por las barrancas.
Anoticiado de La Serna de tan embarazosa situación para sus vanguardias, invitó a Eustaquio Méndez a parlamentar en su cuartel de Tupiza, ofreciéndole el despacho de coronel del ejército realista y una pensión. Según el acta de la conferencia entre La Serna y Méndez dada a conocer por el general García Camba en sus memorias, Méndez tuvo un heroico desplante, pues le dijo al comandante español que a “Méndez no se lo compra con dinero pese a estar herido”. Sin embargo, dándose cuenta de su situación, ya que no podía continuar con el cerco, sino a riesgo de sacrificar a toda su gente, propuso levantar el sitio a Tarija a condición de que se anulen los tributos de guerra impuestos por los realistas a los campesinos tarijeños y que no se persiga a los jinetes chapacos.
La Serna aceptó esas condiciones de Méndez enalteciendo su honor militar. Según don Tomas O´ Connor d´ Arlach ese compromiso fue respetado hasta incluso después de lograda la Independencia, o mejor dicho finiquitada la anexión de Tarija a Bolivia.
Por su parte el virrey Pezuela, después de la ocupación de Chile por San Martín, en 1819, ordenó el retiro paulatino de las más importantes fracciones del ejército realista del Alto Perú, medida que hacia 1820, va quedando bajo el mando del Gral. Olañeta con su Cuartel Gral. en Tupiza.
Es interesante reflexionar sobre la siguiente situación. Es todo un tema, que según el historiador Ávila Echazú, no se explicó con la debida documentación o bien no se le dio la importancia que merecía, o todo estuvo envuelto en las nubes de un miope patriotismo. Se trata precisamente del retiro de algunos jefes locales por convenios con los comandantes españoles, a fin de establecer una especie de coyuntural armisticio que dejara en suspenso todo lo obrado, es decir, un “statu quo” favorable a los intereses de ambos bandos en contienda.
El ex comandante español García Camba que actuó bajo las órdenes de La Serna en el Alto Perú, dice que Eustaquio Méndez, capituló ante el general en 1818. El mismo Eustaquio Méndez en una carta de junio de 1826 al gobernador Gordaliza de Tarija, confirma tal capitulación, haciendo hincapié bajo qué condiciones lo hizo, además de informar que estaba herido de bala en el pecho, sin municiones, sin auxilio, sin recursos y a las barbas del enemigo.
También debemos saber que en Tarija se organizó un brillante escuadrón de voluntarios tarijeños que se incorporaron al ejército de Olañeta. Ahora bien ¿Estuvo Eustaquio Méndez en ese regimiento de voluntarios tarijeños? ¿Estuvo en el ejército de Olañeta?
La historiadora Cristina Minutulo de Orsi, al hacer una reseña de los acontecimientos de enero a marzo de 1825, dice: En esos días la figura del coronel Eustaquio Méndez cobra importancia, pues regresa a Tarija después de haberse mezclado en la guerra doméstica que mantenía Pezuela y La Serna, guerra que en el Alto Perú dirimían Olañeta y Valdés. Méndez como partidario de Olañeta recorre el país, después de participar en varios encuentros bélicos, regresa a su tierra que se encontraba conflictuada a raíz de la actividad desplegada por el general José María Pérez de Urdininea, que se había apartado de las órdenes del gobierno de Salta.
Lo cierto es que hasta el día de hoy, no se conoce o al menos nosotros no conocemos detalles documentales de las actividades de Eustaquio Méndez desde fines de 1818 hasta marzo de 1825 que libera Tarija. Al respecto se tejieron muchas leyendas y diversas opiniones, pero la historia escrita puede proporcionar soportes a esas leyendas o cultos, pero no se confunde con ésta, no se rige por sus pautas, por eso no siempre las demandas del culto o leyenda pueden ser satisfechas por la oferta de la investigación.
Continuando con las investigaciones del historiador Ávila Echazú, “En un oficio al Gral. Sucre, en el que da cuenta de la reposición de don Felipe Echazú en el gobierno de Tarija, Méndez se refiere a una veloz expedición que entre ambos hicieron, estando ya de gobernador, en auxilio de las divisiones patriotas contra el tirano Olañeta”.
Ahora bien, no queda sino atenerse a esos testimonios y a los documentos que lo refrendan, los cuales de ninguna manera deslucen al héroe chapaco, podemos decir según Ávila Echazú que se trató de jugadas tácticas de Méndez, una vez que se desligó del compromiso de 1818 con La Serna. “Hoy José Eustaquio Méndez es reconocido en Bolivia, especialmente en Tarija, como un gran héroe de la Independencia de la madre Patria Española”.


FUENTES CONSULTADAS
BIBLIOGRAFÍA

ACTA LA REPUBLIQUETA DE TARIJA EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA. Primer Congreso Argentino: “Gral. M. M. de Güemes”. Tarija, Bolivia.
ÁVILA ECHAZÚ, Edgar: “Historia de Tarija”. Tarija, Bolivia, 1997.
VÁZQUEZ MACHICADO, Humberto; MESA, José; MESA, Teresa GISBERT de: “Manual de Historia Boliviana”.

Imagen: Batalla de La Tablada