Friday, April 22, 2022

CORTE Y QUEBRADA


JULIA ROIG

 

He perdido el control

Soy la certeza de mi impulso. No hay mayor beatitud mescalínica que el gemido de un bosque. Ni mayor terror que el crujido de un océano. Me empujan las palabras. La caligrafía de tu sexo, también. ¿Epifanía o lucimiento? Aún no lo sé. Es la desconexión de la masa. No entiendo nada del Hoy. Solo materia anónima en esta circunvalación asfixiante de cuerpos en eterno colapso de amarse a sí mismos. De amarrarse a sí mismos. De morir en sí mismos. Ensimismados. Faros abandonados para siempre. Dame el cadáver de Rimbaud, quiero acariciar su córtex /luz como si fuera un gato. Y después, como el vaticinio de una mantis, hacer autopsia de los fracasos de este planeta, mientras el futuro se fuma un pitillo mirando al infinito sin habernos siquiera tocado. Y quizá pulir las consonantes de las palabras más gruesas y borrar los verbos más crueles del diccionario aunque no quede tiempo, ya sabes, el hobby de quitar la maleza nos llena de paz. Y descubrir que la piel grita verdades mientras descorcha deseos en mitad de todos los crepúsculos y los descampados.

Voy a hacer una catapulta del poema y escribir mil veces que el pasado siempre es un ciervo herido en el retrovisor.

(Pausa dramática)

Mírame a los ojos, hay tanto fulgor por extraer de mi vientre, mientras yo vaya perfilando mi propia entropía, que el caudal no tendrá freno.

Mujer pimienta negra de labios embarcadero. Con tanta fiesta salvaje en estas sienes, tú eres el nadador del matraz de mi memoria, ¿lo ves? Sube tu corazón a la copa del árbol más alto o a la cima más diabólica y grita con él, que el eco de mi carne será el adagio perfecto que nos enrede en este paisaje protegido. Esa catedral que es tu cuerpo, puro gótico flamígero.

Una amazona galopando las raíces del mundo, ese es el cuadro que estoy pintando en mi mente con las manos y la soledad del barro más triste. Con mi categórica alucinación y mi dolor provisional pretendo construir un santuario mientras me emborracho en el cabaret que son tus ojos oscuros y me hacino contigo en el sueño de un manirroto, que este continente es una errata de este mundo, con su amor de bajo consumo, catadores de insensatez, de consecuencias ambulantes, con su photofinish trucado de la memoria binaria y el pánico como salario.

¿Aún ríe tu cuerpo? Preguntaba Pavese.

Yo solo acepto la soberanía de las manos de la hembra que mece volcanes. Lo virtuoso, no lo virtual. Y un cataviento hermoso señalando la caída o el origen de todo. Y empezar a cantar aquello de podría mirar toda mi vida tu escápula respirar.

Pero ahora el suicidio de otra radiante quimera está copando la prensa desnatada.

Huyamos antes de morir. Que la vida tal vez sea un tango: con su abrazo, su caminata, y su corte y quebrada.

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De MISDESASTRESNATURALES, blog de la autora

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