Sunday, August 5, 2018

Los techos de Lima


FÉLIX TERRONES

Cada mañana, en medio de la lectura, me llegan las voces de la construcción detrás de mi casa. Mientras trabajan levantando paredes, los albañiles se ríen entre ellos, se dan ánimos o se dan indicaciones. Están apurados en levantar el edificio, en medio de un paisaje de techos con cables y hierros retorcidos. Lo novedoso es escuchar sus acentos pues la mayoría, por no decir todos, son venezolanos. A ratos, me parece que no estoy en Lima, sino en Caracas o en cualquier otra ciudad como Maracaibo o Barquisimeto (la ciudad de las cinco vocales).

También he escuchado otras voces, más bien nacionales, en conversaciones, pero también en videos y programas (de esos que te dan ganas de poner en "mute" la tele). Mucha gente que se queja de la invasión de los venezolanos, la delincuencia que han traído, la necesidad de seleccionar mejor a quienes vienen e, incluso, impedirles entrar en el espacio peruano. Los bárbaros destruirán lo que con tanto esfuerzo hemos conseguido como sociedad.

Como lector de literatura, hay algo que me intriga. La literatura es un espacio sin fronteras ni aduanas. Muchas veces, los extranjeros, esa gente que se rechaza en la vida cotidiana, son quienes renuevan una tradición. En literatura alemana, por ejemplo, son los turcos, sobre todo, pero también los iraníes, húngaros, polacos e incluso japoneses quienes escriben las ficciones que mejor interrogan y cuestionan la realidad alemana actual. Si se expulsara a sus escritos de la tradición alemana, ésta perdería mucho de su originalidad y potencia. Podrá haber quien tontamente ponga en entredicho la ciudadanía de esos escritores, pero nadie refutará su aporte a la cultura alemana. Un nombre: Navid Kermani.

Qué chévere sería que la mejor novela peruana del siglo fuera escrita por un venezolano o un descendiente de venezolanos. En otras palabras, que alguien venido de otro país, otra cultura, le de forma literaria a lo que significa vivir en ese país de todas las sangres que es Perú. Sería un ladrillo más en un edificio levantado con dificultad, improvisación e infinitos aplazamientos, pero que pese a todo y milagrosamente se mantiene en pie.

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Del muro de Facebook del autor, 05/08/2018 

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