Monday, March 21, 2011

Contra la marraqueta


Manuel Vargas

Ahora que los medios no dicen que el pan subirá ni que la harina esté “pasada”, lo pongo en agenda para hablar de ese invento fallido llamado marraqueta o pan de batalla. Es justo y necesario, ya que “el pan nuestro”, suba o no suba, tiene que ser “de cada día”.

No me gusta la marraqueta. No sé por qué se llama pan, siquiera. Un pan es sencillamente redondo, sólo varía su esponjosidad. La marraqueta, en cambio, es una mezcla de empanada sin queso ni repulgue, o simplemente un pedazo de algo. Me debe ya más de una muela, otras veces me he cortado los labios con esas puntas como serruchos que no sé por qué motivo se empeñan en añadirle los panaderos.

¡Qué forma sin forma tiene! Seguro que la ha inventado alguien que no tenía idea de la forma de un pan, o tenía las manos contrahechas, qué sé yo. ¿Por qué le dicen pan de batalla? Tal vez porque es duro como la bala. Pan de hambrientos; pan de pobres. En todo caso, cuántas veces he visto que por fuera es quebradizo (crocante le llaman los delicados) y por dentro es una masa esponjosa que hay que rascar y botar, para la basura o para el perrito. La mitad de ese pan es, pues, inservible, inclusive para los que la consumen.

Eso, cuando es pan fresco. Pero cuando pasa un día de su fabricación, se vuelve como un chicle pasado, es una especie de goma que se puede apenas masticar. Sin embargo, claro, el hambriento la mastica hasta que se le cansan los maxilares y se le raspan las encías. Y tienes que seguir masticando, hasta que, si no te llenas, por lo menos estás “cansado de comer”. Ahí está la trampa. Crees que te has llenado con ese pan, y sólo te ha costado masticar esa goma desmantecada y sin el peso cabal.

No es plana ni bola esta especie, o mejor dicho este pedazo de harina blanca. ¿Por qué no es pues redondo, o de una vez largo, como un pan de verdad? Piensen un poquito: con una marraqueta no se puede hacer un sándwich de huevo por ejemplo, o de carnes frías. Porque un huevo se fríe redondo, y la carne fría se corta redonda. Ni modo que inventen un aparato para fabricar carnes frías chuecas, o un perol para freír huevos torcidos de manera que queden cabal dentro de la marraqueta.

En cambio un pan redondo, que es como tiene que ser, se acomoda a toda clase de sándwiches. Por ejemplo el ch'amillo o la sarna, que lo único que tiene de malo es su nombre. Pero es un pan: redondo, delgado, con quesito encima. Envidia de la marraqueta.

Y además, claro, es alta, gruesa, no se puede dar un mordisco decente. Y por ese motivo corres el peligro de romperte las junturas de la quijada. En fin, además de duro, es un pan blanco, es decir, dañino para la salud. ¿O han visto ustedes una marraqueta integral? No, pues. Ya no sería marraqueta. Pan blanco no es alimento: tengo de mi lado a los nutricionistas multiculturales.

Esta cosa es fundamentalmente paceña. No comprendo el amor y gusto que le tienen algunos cochabambinos; si hasta le han erigido un monumento en una de sus plazas más frecuentadas. Debe ser porque la tienen lejos, y como no los quieren a los paceños como personas, se hacen los que quieren a su marraqueta. Como si los cochalas no tuvieran, por ejemplo, el “pan de Toco”, así como los vallegrandinos sus poderosas y nutritivas ch'amas, y los orientales su infinidad de “masitas”.

(Nota con moraleja: la diatriba que usted acaba de leer no es una invención mía, sino la transcripción de las ideas de una persona que merece todo mi amor y respeto. Que esta opinión libre y soberana sirva para ejercitar nuestra tolerancia con las opiniones divergentes. Y que no sólo cada quien alabe su pan, sino también diga su verdad de vez en cuando).

Publicao en La Prensa (La Paz), 20/3/2011

Imagen: Marraqueta paceña

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