Monday, December 5, 2016

Trump Picks El Chapo to Run D.E.A.

ANDY BOROWITZ

NEW YORK (The Borowitz Report) (Sátira)—Just days after picking Betsy DeVos to run the Department of Education, President-elect Donald Trump has tapped another wealthy outsider by naming Joaquín Guzmán, known as “El Chapo,” to head the Drug Enforcement Administration.

In an official statement, Trump said that El Chapo’s “tremendous success in the private sector” showed that he has what it takes to “shake things up” at the D.E.A.

Trump’s appointment of the former drug lord surprised many in Washington, in no small part because acrimony between the two allegedly prompted El Chapo, in 2015, to put a hundred-million-dollar bounty on Trump’s head.

But, appearing on CNN, the Trump surrogate Kellyanne Conway said that the selection of El Chapo should surprise no one. “Mr. Trump always said that he would surround himself with the best people,” she said.

When asked why Trump had readily offered a job to El Chapo while still mulling the fate of another former adversary, Mitt Romney, Conway said, “El Chapo might not have voted for Mr. Trump, but that’s because he’s Mexican and in jail, and Mitt Romney is neither.”

The appointment of the former drug kingpin is far from a done deal, however, as associates of El Chapo report that he is “concerned” that being a member of the Trump Administration would be bad for his brand.

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De THE NEW YORKER, 28/11/2016


Bienvenido al capitalismo salvaje

WENDY GUERRA

Bajó de la Sierra Maestra con su tropa de soldados rebeldes, se veía elegante en su uniforme verde oliva, con su barba larga y su collar de semilla Santa Juana. Él y los otros hombres barbados, sus barbudos, rápidamente hicieron chic al camuflaje y las charreteras, transformando la moda desde las pasarelas de París hasta el subterráneo de Nueva York.

Pero poco tiempo después de que Fidel Castro entró en La Habana el 8 de enero de 1959, el gobierno revolucionario empezó a hacer cumplir normas estéticas. A pesar del aire despreocupado de los rebeldes, comenzó una caza de brujas contra jóvenes quienes querían llevar el cabello largo, barbas desaliñadas y los mismos trajes de guerrilla que habían cautivado a la nación, una nación que, desde ese momento en adelante, no podía aparentar ser tan subversiva como su líder.

“Por qué Fidel se pone lo que quiere pero nosotros tenemos que cortarnos el pelo para ir al colegio”, le pregunté a mi mamá.

“Porque en este espectáculo solo hay una estrella; los demás somos actores secundarios”, respondió mi mamá.

La banda sonora de mi vida era un discurso de Fidel. Escuché su voz ronca, sus frases repetitivas, incluso en sueños. Cuando era pequeña, me quedaba parada en mi uniforme de colegio por horas al lado de mi madre en la Plaza de la Revolución, sudando e insolada, con hambre y sed, mientras él disparaba letanías interminables de cifras y porcentajes. Yo me preguntaba si Fidel nunca necesitaba agua. ¿Nunca necesitaba el baño?

Cuando Fidel apareció en televisión en su impecable uniforme verde, rodeado por presidentes de otros países en saco y corbata, le preguntaba a mi mamá: “¿Por qué nuestro presidente siempre está vestido como un soldado? ¿Estamos en guerra?”.

Mi madre trató de explicar que así era como Fidel pasaba por la vida, que era un eterno guerrero y que su batalla aún no había terminado.

Cuando yo tenía 12 años aprendí que los presidentes entraban y salían de la presidencia por medio de elecciones; hasta entonces yo había presumido que los presidentes permanecían en el poder hasta que morían. “¿Mami, Fidel es el rey de Cuba? ¿Es por eso que no tenemos elecciones?”.

Cada paso que mi país tomó fue dictado y definido por él. Todo en lo que me he convertido fue decidido por él o las instituciones que él creó: lo que podía comer, lo que podía vestir, lo que podía estudiar.

Cuando empecé a viajar al extranjero, tuve que enfrentar cajeros automáticos y los micrófonos abiertos de periodistas sin censura, y entendí entonces que había pasado toda mi vida en cautividad. No sabía cómo comportarme como alguien del mundo occidental aunque, geográficamente, allá es donde nací.

¿Qué será de nosotros ahora que Fidel no está? Cubanos de mi generación han sido educados bajo un sistema paternalista que no es nada como la jungla a la cual ahora hemos escapado. Estamos totalmente sin preparación. La fantasía rusa duró demasiado. Yo soy una persona que no está entrenada para la velocidad del mundo real.

¿Es por eso que yo aún vivo en esta isla cuando tantos otros se han ido?

Cuando supe de la muerte del comandante, me di cuenta de que de ahora en adelante tendremos que ver por nosotros mismos. Tendremos que aprender a deambular por la vida como ciudadanos del mundo, no como los protegidos aprendices de un maestro delirante.

¿Qué será de uno sin el zoológico donde le dan comida, lo curan, lo entrenan, le dan brillo y lo amordazan, y luego se dan cuenta de que no saben qué hacer con uno, con todo lo que sabe, y quiere ser? ¿Qué será del pueblo cubano sin un “padre obsesivo y sobreprotector que no les permitirá escaparse hacia el “capitalismo salvaje?”. ¿Qué será de nosotros sin aquella persona que piensa por nosotros, quien nos da permiso de entrar y salir de una isla rodeada por política y agua? ¿Quién me dará, o me negará, permiso para ser quien soy?

El 26 de noviembre, la mañana después de que Fidel murió, sentí que esta jaulita se abrió, solo un tris. Miré la ciudad vacía y silenciosa. Pero no salí a respirar el aire frío. En cambio, me alejé de la puerta. Tenía miedo de que alguien iba a venir a hacerme daño. Tenía miedo. Y entendí que la jaula estaba dentro de mí.

Pensé en mis padres, ahora muertos. Esto llegó tarde para ellos. Y pensé en mí misma, una autora censurada en Cuba, una mujer del siglo XXI, cuya voz ha sido silenciada por mucho tiempo. A pesar del hecho de que esta fue una crónica de una muerte anunciada, me di cuenta de que Fidel no era tan inmortal como creía ser. Su largo discurso ha terminado.

Pero sus ideas desde hace mucho contaminaron mi sangre. Fidel dejó esa marca en todos nosotros. Y entonces mi última pregunta queda en el aire: “¿Cómo vivimos sin Fidel?”

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De EL COLOMBIANO.COM, 05/12/2016


Friday, December 2, 2016

Un libro del nieto del 'Che' disecciona las entrañas de la realidad cubana

REINALDO ESCOBAR

“El país entero es un disco rayado” asegura Canek Sánchez Guevara, nieto de Ernesto Che Guevara, en una de las páginas de su libro 33 revoluciones publicado póstumamente en Francia este año y recién editado bajo el sello Alfaguara. El volumen se acerca con una dura mirada a la Revolución cubana y a la cotidianidad de la Isla, en la que el escritor se sumergió tras pasar su infancia entre Italia, España y México.

Con apenas 12 años, el nieto de Ernesto Guevara e hijo de su primogénita Hilda, arribó a su país natal y se dio de bruces con una realidad muy diferente a la que había imaginado en el seno de una familia marcadamente de izquierdas. “Cada día es una repetición del anterior, cada semana, mes, año; y de repetición en repetición el sonido se degrada hasta que sólo queda una vaga e irreconocible remembranza del audio original”, escribió.

Canek no imaginaba, al aterrizar en la Isla, que estaba llegando a una realidad a punto de cambiar abruptamente. En la lejana Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov consolidaba la Perestroika, mientras Fidel Castro apostaba por el enroque de una “rectificación de errores y tendencias negativas” en la que satanizaban los mercados agrícolas y llamaba a no “construir el socialismo con medidas capitalistas”.

El nieto del guerrillero se encontró un país en el que “nada funciona pero todo da igual”, como describió en las páginas de 33 revoluciones . De ese encontronazo entre la propaganda y la vida en las calles, se nutre el texto que trabajó durante más de una década y que solo vio la luz tras su prematuro final, a los 40 años de edad debido a complicaciones derivadas de una cirugía cardiovascular.

Amigo de diseñadores, admirador de algunos cantautores que ni siquiera se presentaban en locales estatales y metido en la noche habanera hasta los tuétanos, Canek era un raro espécimen de “hijo de papá”. Si en los clanes de comandantes, generales y altos funcionarios, todos se enfrentaban por alcanzar las mayores prebendas, el vástago de la hija del Che prefería las sombras, hacía todo lo posible por pasar inadvertido.

Había nacido en La Habana en 1974 y era fruto de la unión de Hilda Guevara Gadea y del mexicano Alberto Sánchez Hernández, un joven de Monterrey que militaba en la Liga de los Comunistas Armados y que llegó a la Isla tras secuestrar un avión. Muchos amigos bromearían más tarde con Canek sobre el hecho de que sus genes llevaban inscrita la rebeldía… pero Cuba ya no era tierra para rebeldes.
Portada del libro ‘33 revoluciones’ de Canek Sánchez Guevara, publicado por la editorial Alfaguara

En lugar de sumarse al coro oficial, el nieto del Che le hizo honor a su nombre que en la lengua de los mayas quiere decir “Serpiente negra” y se deslizó silencioso y sin ínfulas por una Cuba donde todas las puertas se le hubieran abierto con solo mencionar a su abuelo. Al poder, claro está, no le gustó esa fascinación por “los bajos mundos” que profesaba el joven, por la gente de a pie, sin grados militares ni hazañas en la biografía.

Las historias contadas en 33 revoluciones destilan mucho de eso que el autor confesaría en un texto autobiográfico anterior fechado en 2006: “Me hice en Cuba: la amé y la odié como sólo se puede amar y odiar algo valioso, algo que es parte fundamental de uno”. Viviría en la isla los años más difíciles del Período Especial, presenció la Crisis de los Balseros y en 1996 decidió instalarse en Oaxaca, México, donde desarrolló la mayor parte de su trabajo como escritor, diseñador y promotor cultural.

Años después explicó que su salida de Cuba obedeció en gran medida a “la criminalización de la diferencia”, que tenía lugar en su país natal, especialmente la “persecución de homosexuales, hippies, librepensadores, sindicalistas y poetas”, y la entronización de una “burguesía socialista (…) fingidamente proletaria”, a la que no quería pertenecer ni contribuir.

Este octubre, la noticia de la aparición de su libro en una editorial española promete empañar los hipócritas homenajes oficiales que han rendido culto a su abuelo dentro de Cuba con motivo de su muerte el 9 de octubre de 1967. En los titulares de la prensa oficial se repiten, aminorados por las noticias del huracán Matthew, las viejas fórmulas de “guerrillero heroico” y paladín de la libertad, que le adjudican a Guevara de la Serna.

Sin embargo, basta transitar por las calles de La Habana Vieja para ver al abuelo de Canek convertido en un fetiche turístico, rostro que se estampa sobre cualquier camiseta, cenicero o falso arte primitivo, para vender recuerdos e ilusiones. En cada bar colmado de estadounidenses se oye el estribillo de “aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia Comandante Che Guevara”, que acarrea aplausos y propinas, muchas propinas.

Es la banda musical del fracaso de la utopía. Los acordes gastados que se repiten una y otra vez y que el nieto del polémico guerrillero recoge con acierto en su libro, donde la vida en la Cuba de Fidel Castro nunca pasó de ser eso: “Un disco rayado y churrioso. Millones de discos rayados y churriosos. La vida toda es un disco rayado y churrioso. Repetición tras repetición del disco rayado del tiempo y el churre”.

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De 14ymedio.com, La Habana, octubre 09, 2016

negra actualidad

PABLO CEREZAL

Demasiado tiempo desconectado de la realidad. Porque la realidad, no se engañen, nos vigila tras los barrotes de píxel de la pantalla portátil de cualquier otro artefacto de los que preferimos para "estar informados". El caso es que reconozco que, últimamente, sólo me he asomado a los noticiarios para bailar mis lágrimas hasta el final del amor con Leonard Cohen, a quien, todo hay que decirlo, la prensa generalista patria dedicó menos espacio que al último acontecimiento futbolístico... marca España, o sea. Lo dicho: intento regresar a la realidad. Y entre la hojarasca de latrocinios políticos que a nadie ya parecen molestar, entre los ladridos de perro que corean la voz de su amo, rescato el naufragio mínimo de esas "noticias" que sólo tienden a llenar el vacío profesional de los periodistas y el existencial de los lectores. Para muestra, un botón: "la modelo senegalesa Khoudia Diop triunfa en las redes sociales por su gran valentía". Así, más o menos, rezan los titulares que ilustran esta noticia de la que no puedo dejar de hacerme eco, dada mi debilidad por la piel... más si esta hace pareja con el color de mi alma.

Resulta que la citada modelo es negra. Pero muy negra. "Negra, negrísima", al decir de algunos de los textos que nos explican la valentía de esta modelo. La senegalesa, gracias a su exacerbada negritud, ha sido la afortunada que comande una campaña reivindicativa del respeto a los diferentes tonos de piel. El caso es que miro las fotos de la citada modelo y su piel, amén de negra, me resulta bellísima y me provoca una ebriedad más oscura que cualquier verso de Dylan Thomas. Pues eso, que la modelo es negra, muy negra, pero me pregunto yo si quien la ha convertido en reclamo publicitario (que, al fin, eso son todas estas campañas de igualdad con que pretenden entretenernos de la realidad) ha visitado, en alguna ocasión, Senegal, su país de origen. De haberlo hecho, no le habría sorprendido el tono de piel de Diop, estoy seguro, porque es el que comparte con la gran mayoría de sus paisanos. Así que la modelo negra es muy negra. Y eso es algo muy valiente, ¡bravo por ella! 

Pueden comprender que mi vista se ha fatigado enseguida, y he decidido sacarla a pasear las calles, a que se refresque en el regato tierno de lo cotidiano. Camino callejas y avenidas y me sorprendo sorprendiendo con pupila de numismático la piel de toda mujer de ascendencia africana con que tengo la fortuna de cruzarme. Por ver si es tan negra como la modelo, no sean mal pensados. Al final, resulta que la información manipula, debe ser eso. Subo a un autobús que me regrese al hogar y, en su interior, una señora de mediana edad y demediado aspecto gesticula profiriendo insultos en alta voz. Los destinatarios son un grupo de jóvenes marroquíes que explican a la mujer que tienen el mismo derecho que ella a entrar en el autobús, que ellos también son españoles, que nacieron en este país. La mujer, a punto de colapso nervioso, los ojos sierpes y escopetas las venas del cuello, les espeta que hablen, entonces, en español. El joven junto al que he tomado asiento me informa de que los chavales estaban hablando marroquí antes de subir al autobús, en la misma parada en que esperaba la iracunda mujer, y esta se sintió ofendida pensando que se dirigían de manera ofensiva a su propia persona. Así ha comenzado el circo.  Así inician todos los circos desde que existen: con un público entregado y dispuesto a ver cómo el trapecista magnifica, con su caída, el Pollock de hemoglobina que ya habían delineado, sobre la pista, unos leones hambrientos.

La mujer del autobús hubiese hecho bien en llegar lo antes posible a casa, como fue mi caso, encender la televisión y descubrir que un joven español de origen paraguayo ha sido deportado al cumplir la mayoría de edad y no encontrarse contribuyendo con su esfuerzo a alimentar la maquinaria laboral. Tenemos una Ley de Migración tremendamente eficaz, podemos sentirnos orgullosos. No basta con residir de forma legal en el país. Hay que trabajar, ser alguien de provecho, esas cosas, ya saben. La mujer del autobús, creo, se hubiese sentido refrendada en sus pensamientos. Porque el muchacho habla español, pero seguro que se le notaba el acento de allá. Ah, olvidaba el dato: el joven paraguayo llevaba residiendo en España 14 de sus 19 años de vida.


Seguro que alguno de ustedes piensa que todo esto es injusto. No se preocupen, nos queda la prensa combativa que, cualquier día, reivindicará la valentía de los jóvenes magrebíes por ser muy magrebíes al seguir comunicándose en la lengua de sus ancestros, o la del joven paraguayo por reivindicar su nacionalidad de hambre y ayer y no ser apto para encontrar trabajo una vez cumplida la mayoría de edad. No estamos lejos, ya han reivindicado la valentía de esa modelo negra por ser muy negra y no haber permitido que su piel tome un tono más claro y azulado al chapotear en las aguas del Estrecho de Gibraltar, por ejemplo. Yo confío en la prensa y les invito a seguir mi ejemplo y perderse en esos versos sueltos con que van componiendo, sin prisa pero sin pausa, la épica de los tiempos actuales.

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De POSTALES DESDE EL HAFA (blog del autor), 01/12/2016

Foto: Pablo Cerezal

Volver al ring

JORGE MUZAM

A veces me pierdo de este blog. Imprevistos, bifurcaciones, volver tanto la mirada. Y olvido lo que había empezado. Nabokov lleva en stand by varios meses. Lo sigo leyendo en sueños. Y ni hablar de Joyce que acumula polvo sobre mi velador izquierdo. Les dedico el mejor tiempo posible, pero ese tiempo nunca llega. Mientras tanto he intentado resolver asuntos, ovillos de problemas, y en realidad no he resuelto ninguno. Es noche calurosa de diciembre. Huele a pan de pascua. A dulce de frutilla. Me han obsequiado un mate paraguayo de palosanto. Lo cebo y aspiro escuchando a Monteverdi. Y es porque no me recuerda a nadie. Mis antepasados de ese lado deben llevar mucho tiempo dormidos. Los acordeones franceses sí están a tres pasos. Me ponen en actitud de batalla. Debo ser un soldado napoleónico desertor, un espíritu con sentimiento de culpa, sediento de ron, deportado de arriba y abajo. O un heroico cadáver bien conservado. Una ilusión macbethiana, un pobre actor, una sombra que camina. He recuperado mi ordenador. Andaba con un embotellamiento de palabras. Me siento incómodo usando ordenadores ajenos. No tienen mi caos, mi arbitrio, mis autores en primera línea, y si escribo en ellos no puedo salir de cierta circunspección. Y ser narrativamente diplomático es perder el tiempo. 

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De CUADERNOS DE LA IRA (blog del autor), 12/02/2016

Thursday, December 1, 2016

La ausencia

PABLO MENDIETA PAZ

Leyendo a un eximio escritor, de pronto, en un momento dado e inesperado de sus reflexiones (aunque es probable que deliberadamente), nos anima a desatar aquel pensamiento de Mallarmé, aquel que sugiere que a diferencia del lenguaje de la vida o de la ciencia, las cosas, particularmente en la poesía, comparecen por su ausencia. ¿Y ello por qué? Porque la ausencia nos procura lo más íntimo, lo más genuino de todo cuanto hubo a nuestro alrededor, o de quienes estuvieron con nosotros y se marcharon; y nos prodiga al fin la sustancia más límpida de todo cuanto fue, pues todo lo anterior ha convergido en un no ser pleno de esencia. Así atisba Mallarmé a la poesía -la suya sugerente, simbólica y mágica.

En tanto brotan las especulaciones acerca de esta aproximación al noúmeno del todo, y también de la nada, tropezamos, a partir de ese no ser atiborrado de esencia, con el esplendor de la ideología de Parménides, ese excelso metafísico de la antigua Grecia, para quien el mundo sensible es una apariencia, una ilusoria y falsa facultad de percibir; y que, en contraposición, existe un mundo que no lo distinguimos ni palpamos, pero que sí lo comprendemos y es el único auténtico: el pensamiento.

Es decir "que las propiedades esenciales del ser son las mismas que las del pensar”; o en otras palabras, "una y la misma cosa es ser y pensar”. Y claro, esto nos lleva a considerar que Mallarmé no sólo concibió un retrato elevado de la poesía situándola en la jerarquía del ser tal como a este lo proyectó Parménides, sino que supo conciliarla con aquello del no ser a través de un recurso extraordinario: el de la ausencia.

Y tal vez sin proponérselo, el conceptualismo mallarmeano fue aun más allá, mucho más allá de sólo la poesía porque ¿en cuántos de nosotros, tras la desaparición de un ser humano, de un ser querido de carne y hueso, de aquello que comprendemos como parte del mundo auténtico del ser y del pensar, no nos queda su imagen, su perfil, su esencia, la más profunda sustancia? Y eso, como simples humanos, de alguna manera nos conforta. 

Ahí entonces descansa la lúcida filosofía de Mallarmé en cuanto al ser y al no ser, no diferente, en rigor, a la expuesta por Parménides -vigente veinticinco siglos después de su enunciación-, pero sí empastada por un aditamento tan valioso como es el de la ausencia (esencialmente en el plano de la poética), por cuyo realismo del ser y realismo propio del no ser, nos ayuda de alguna forma en un asunto tan estremecedor como lo es la existencia de la muerte, si no en descifrarla, por lo menos en meditar con mayor conciencia y menos fervor en el sentido de su eterno misterio.

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De PÁGINA SIETE, 01/12/2016

Imagen: Willem De Kooning/With Love, 1971 

¡Yaaah!... es una broma, ¿no?

JOSÉ CRESPO ARTEAGA

En momentos que la ciudad de La Paz es noticia mundial por su severa crisis de agua, apelo a una expresión muy paceña que denota incredulidad, extrañeza o sorpresa; y cuyo origen, algunos atribuyen a la influencia de inmigrantes alemanes, como también podría tener una explicación natural asentada en el lenguaje popular. Aquí en el valle cochabambino, por ejemplo, se dice que los quillacolleños (mis vecinos a trece kilómetros al oeste) arrastran un improbable origen francés: “le voa decir”, “lo voa pensar”, “voa ir”, etc. Como, asimismo, un peculiar acento british persigue a los sacabeños (mis vecinos al este): “ley di decir”, “ley di esperar”, “mey di ir”, etc. Así que cuando uno de afuera se deja caer por la ciudad del Illimani, al rato pone cara de aturdido al escuchar en cualquier conversación, aun en círculos de la alta sociedad, una sonora y alargada interjección que hace pensar que estamos en tierras de los Alpes en vez de los Andes.

Y así una vez más, como lo vienen haciendo desde hace diez años, los inquilinos del poder -bien asentados en La Paz para más señas-, nos quisieron ver la cara de gringos al declarar muy sueltos de cuerpo que se enteraron del desabastecimiento mirando la televisión, que nadie les había avisado que había que tomar previsiones, sorprendidos en su buena fe por la Pachamama que de la noche a la mañana decidió cortar el vital suministro, portándose de “otra clase” y eso que todo el año le ofrecen sahumerios, misas ancestrales y otros mixturados homenajes para que lluevan y sigan lloviendo sus dones.

Elevando hasta las nubes sus rostros de indignados, los dos principales jerarcas del régimen anunciaron que enjuiciarían a los directivos de Epsas, responsables de semejante “barbaridad”, grupúsculo de burócratas ineptos que habían cometido el “crimen” de dejar sin agua a la ciudad más importante del país, a los que había que castigar sin misericordia, dejaron translucir. Y como por arte de magia, a la ministra de Aguas (un despacho exclusivo para su opaca labor, nada menos) no le jalaron ni la oreja y hasta le dieron un mes de gracia para que vaya preparando sus informes, mientras la ciudadanía hierve de rabia esperando explicaciones.

En plena tercera semana de racionamiento, los vecinos todavía hacen cola con sus tachos y bidones a la espera de los ansiados camiones cisterna. Todo lo que tenía pinta de tanque con ruedas ha sido movilizado. La Organización Panamericana de la Salud ha anunciado el envío de expertos para vigilar in situ cómo lavan las cisternas de la petrolera estatal. La cancillería argentina ha tuiteado que estaba dispuesta a enviar cisternas nuevas para paliar la escasez de cisternas. Hasta el gobierno chileno se ha brindado en las últimas horas a coadyuvar con el desastre, aunque no sabemos si embotellará agua que sale de los manantiales de territorio potosino para traérsela de vuelta a los bolivianos.

Ayer por la mañana me he desayunado con un titular de antología: “crisis del agua también golpea la casa del Vice”. Pensé que se refería al publicitado sacrificio que el prohombre había efectuado días atrás, al confesar que no se había bañado en tres días, mientras ponía cara de compungido. Pero inteligentemente el hombre más inteligentoso del país había solucionado su crisis particular mandando a perforar el muro de su casona para que la manguera del camión aguatero pudiese llegar hasta sus depósitos. Por el contrario, a la ciudadanía toca someterse al régimen de ajo y agua que el gobierno sugiere: ajoderse y aguantarse. 
El Vice, mostrando cómo logró solucionar la crisis...de su casa

Y ante los ríos de tinta que corrieron en todo el mundo a favor y en contra del finado Castro, aparté mis ojos de tales publicaciones porque no estaba dispuesto a regalar mi preciado tiempo. Sería un homenaje ponerse a revisar los laudatorios (y aun los vituperios) a semejante tirano que llevó a la ruina a su paradisiaca isla. Sin necesidad de estudiar los supuestos logros de su salvadora revolución, me vienen a la mano algunas anécdotas de sus compatriotas llegados a Bolivia en los últimos tiempos, para hacerme una idea del sufrimiento al que sometió a la inmensa mayoría de cubanos. Me contaba un familiar que alquiló su casa de pueblo a algunos de ellos mientras estaban en misión médica en áreas rurales, generando divisas para el gobierno cubano, que con parte de su paga podían comprar arroz y frijoles en abundancia en territorio boliviano para darse sendos banquetes que nunca habían experimentado en suelo propio. Se veían siempre felices y a veces me invitaban a sus cenas, concluía mi pariente. En algún periódico había leído también que estas gentes se maravillaban al ver por primera vez los montículos de fruta de nuestros mercados y más aún al enterarse de que podían comprar la cantidad que se antojaran, sin duda acostumbrados a las penurias del racionamiento. ¡Qué clase de paraíso socialista será ese en que los habitantes no pueden gozar ni de pescado fresco, precisamente viviendo en una isla!
Un imberbe, explicando maravillas de los barbudos revolucionarios

Recordando estos antecedentes me topé de chiripa, el domingo por la noche, con un programa de tertulia televisiva disfrazada de opinión donde suelen invitar a intelectuales de diverso pelaje y personeros del Gobierno. Como me esperaba, casi todos se esforzaban en rendir homenaje al “hombre que definió la historia del siglo XX”, destacando en todo momento su perfil “humanista”, como olvidando adrede la cantidad de víctimas que tenía en su haber el líder supremo. El pináculo de la hilaridad llegaba en ese momento que un par de ellos llegaban a coincidir en que la “Revolución Cubana  logró construir un sistema de democracia popular”. Por las barbas de Fidel, me dije, qué modélica democracia aquella de partido único, sometida al yugo de un dictador durante más de medio siglo, y donde la disidencia se pagaba con juicios sumarios, cárcel y muerte, como bien lo supieron el comandante Huber Matos y otros miles de presos políticos. Cansado de tanta estulticia decidí apagar el televisor.

Cosas rocambolescas son prácticamente la norma en este rincón tan dejado de Dios. Semanas atrás, otro bombástico titular nos dejaba turulatos, cariacontecidos y patidifusos a muchos, al saberse que conmilitones masistas estaban llamando a los habitantes de Montero a acudir a la kermesse solidaria a favor de la exministra de Tierras y Desarrollo Rural, quien según el mensaje de la convocatoria, estaba atravesando un momento muy duro en su alojamiento temporal de la cárcel y se hallaba, para mayor conmoción, más llesca que un mendigo de las calles de Santa Cruz. ¿Cómo había sido posible que la ministra favorita de Evo Morales, jefa máxima del saqueado Fondo Indígena, se hallase de pronto sin un peso, y más aún después de que se la acusaba de haber prosperado a costa del saneamiento de tierras fiscales, además de ser propietaria de una empresa frigorífica vinculada a la ganadería?
Cupón para ayudar a la revolucionaria compañera Achacollo

Mientras daba vueltas al coco buscando explicación a estos contrasentidos, ahí me cayó del cielo a modo de puñetero granizo otra perlita de politiquería plurinacional: una senadora cruceña se había impuesto la misión, cual alocada groupie, de hacer lobby para los artistas que le quitaban el sueño.  Al parecer, querían premiar de fondo sus invaluables servicios al Estado, mejor dicho, al amado Jefazo, al acompañarle una noche al compás de guitarras y whiskys azules. Por azotarnos durante cuarenta y cinco años con sus melosos graznidos, los camaleónicos Kjarkas pasaban a ser considerados “tesoro humano viviente” por decreto en ciernes. Así que, si me los veo pasando de nuevo ante mis narices por las calles de Cochabamba, deberé santiguarme como si contemplase un unicornio azul o un auténtico fósil viviente como el celacanto. ¡Qué kjarkiano es este paisito!, ¡mierda!... kafkiano. Otra vez que me traiciona el subconsciente de tenerlos hasta en la sopa.

Aquí concluye esta antología del chiste serio. Hasta nuevo aviso.
Frótense los ojos, por si no se lo creen

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De EL PERRO ROJO (blog del autor), 29/11/2016