Hace ya 3 años. ¡Qué asco da el tiempo! porque todavía mantengo el olor a reno y sangre en la amígdala. Cosas de la memoria olfativa. A veces, me parece escuchar el bullicio de la caterva pisoteando el maldito permafrost, ése que terminaría matándonos a todos por el metano contenido. Me encantó la idea de que la Tierra se nos zampase a pedorreta limpia o sucia, visto lo visto. Recuerdo a Ilich, un mozuelo de 14 años, con la cara llena de surcos de suciedad, andrajoso y mocoso que se hizo sus perrillas llevándonos y trayéndonos. Hacía de intérprete de no sé qué idioma, porque ninguno le entendíamos y necesitamos un segundo traductor que lo tradujese, pero nos gustaba tenerlo cerca. Él nos presentó en la comunidad nenet, nos enseñó el bebé mamut que apareció en el hielo, nos decía dónde y qué comer y, lo más importante, se convirtió en el imprescindible de la nada.
El padre de
Ilich, fue un Nenet convertido. Un borracho, de los muchísimos que rondan la
ciudad de Narian-Mar. Bueno, lo de ciudad es un decir. Se parece a los
decorados de cualquier spaghetti western, pero con hoz y martillo. Un hombre
que quiso creer, que quiso medrar, que quiso saber y lo único que encontró fue
la profunda soledad de la llamada "sociedad moderna", repetía Ilich recordando a su padre.
Lo que son las cosas, los hombres del desierto también dicen estar hechos de
arena.
La madre, en
cambio, era una anciana de 40 años. Una mujer, de las muchísimas que encontramos
meses después, cuya piel era idéntica a la corteza de los árboles. Emanaba
energía, calma y esa sonrisa triste que me es, desgraciadamente, tan familiar.
Ella, al contrario de su marido, mantenía su vida nómada, mientras el muchacho,
nadaba entre dos aguas: invierno entre renos, verano en la ciudad. El nombre,
se lo puso su padre en honor a Lenin, un hombre al que adoró un día y del que
terminó renegando poco antes de su muerte. Pero él está orgulloso, es su
legado, lo único que le queda de una figura paterna vilipendiada por la
materna. Es ese aspecto, el que lo hace Nenet, el que lo vincula a la tribu: no
renegar de tu familia, porque del resto...
Recuerdo, hoy, lo
único que no hizo falta traducirle: "Quiero dinero para vivir en San
Petersburgo". Es curioso, esto de la redondez del mundo, muy curioso.
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