Monday, June 18, 2018

Perifescencia


MAURIZIO BAGATIN

“Da chimico un giorno avevo il potere/di sposare gli elementi e di farli reagire,/ma gli uomini mai mi riuscì di capire/perché si combinassero attraverso l'amore” ("Como químico un día tuve el poder / de casar los elementos y hacerlos reaccionar, / pero los hombres nunca logré entender / por qué se combinaron a través del amor")   - Fabrizio De André -

Somos química, nada más que química, todo es química…acciones, reacciones, revoluciones, somos perifescencia. Perifescencia, neologismo o invención para darle voz a una sensación, el estado que lleva al efecto, al síntoma de vinculación de una pareja humana… vértigos, euforia, cosquilleos en la cavidad torácica. Perifescencia es la parte enloquecida, romántica, de estar enamorado. (Y un personaje de una novela, el doctor Luce, sostiene que puede durar hasta dos años, como máximo…)*. ¿Y luego, todo como decía Fabrizio, el Príncipe de Salina?: “L'amore. Certo, l'amore. Fuoco e fiamme per un anno, cenere per trenta…” (“El amor. Por supuesto, el amor. Fuego y llamas por un año, cenizas por treinta…”).

No, química es comunicación y diálogo, interacción… miradas, toques, sexo, juegos, abrazos, caricias… interacción como entre plantas y bacterias; mientras el tiempo ha transformado, maquillado, hasta camuflado a tal punto que uno puede llegar a pensar que ha intervenido una alquimia del verbo, una mutación de todas nuestras relaciones… a veces, ese aceptar un poco recitado, un poco enmascarado, como un Pulcinella consciente de una ausencia, de miles ausencias, la ausencia del cuerpo, la ausencia del espíritu, de todas nuestras ausencias. Humanos, animales, plantas, bacterias, hongos… en un lapso de perifescencia, en el carpe diem endorfínico (frente a la pasión, el Monsieur Teste, El último tango en París…) como células de levadura, estas células que son de dos tipos, células haploides y células diploides. Somos células haploides, porque solo las haploides se aparean. Y nos buscamos, y nos encontramos… Haploides de dos tipos, células de sexo a y células del sexo alfa. Para aparearnos las células a buscan las células alfa, y las células alfa buscan las células a. Como células de levadura que producen feromona, una especie de aroma químico, que nos exalta, nos seduce, nos atrae… lucidez y endorfinas, conexión y pasión. Las células de sexo a producen un feromona a y las células de sexo alfa un feromona alfa. Así es como se atraen el uno al otro. ¿Así es como nos atraemos? Así, nuestros amores, así nuestros odios, así los motores de nuestras historias, de todas las historias, de la Historia: logros y fracasos, sucesos y reveses… química y alquimia… dolor y miedo.

Todo queda en los elementos, en la feliz simbiosis - todo queda en nosotros que volvemos a la tierra - carbono e hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, fósforo: CHOMP, al cual hay que añadirle algunos elementos más… luego vendrá el ciclo vital… hasta la entropía y la transformación. 

Notas: *Jeffrey Eugenides, Middlesex, Anagrama, Barcelona, 2006; útil será la lectura de Luis G. Wall, Plantas, bacterias, hongos, mi mujer, el cocinero y su amante, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, 2005; como también otra novela del gran narrador Jeffrey Eugenides, La trama nupcial, Anagrama, Barcelona, 2013. Les aconsejo escuchar también el estupendo, por inmensamente poético, LP “Non al denaro non all'amore né al cielo”, de Fabrizio De André, un disco que se inspiró de la Antologia de Spoon River de Edgar Lee Masters. Buenas lecturas y buena escucha.
Junio 2018

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Imagen: Mark Rothko


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