Monday, May 19, 2014

El sueño cinematográfico de Rubik/Cine


PABLO CEREZAL
Lo que el aspecto oculta. O lo que la mirada desvela. Podemos juegar con ambos conceptos cómo si de un cubo de Rubik se tratase y dar vueltas y más vueltas intentando contradecir una de ambas máximas.  ¿Se revela lo que una persona es en la simple profundidad de su mirada? ¿Es el aspecto y la forma de moverse una manera de evadir al conocimiento ajeno los más profundos de los sentimientos? ¿Puede engañar el jugueteo insomne de unas pupilas? ¿En la expresión corporal descifraremos el código de conducta de un individuo?  Cuatro caras de un cubo que puede fragmentarse en numerosos cubículos. Un cubo de Rubik.
Atom Egoyan lo tiene claro: el aspecto, la forma de moverse, la manera de actuar, son accesorios en cuanto a la construcción de los sentimientos. Lo sustancial es la mirada, ahí está la persona toda. Es la opinión del director canadiense y en Exótica, esa maravillosa cinta hoy de culto, lo dejó claro. Y conste que esto no afecta a la similitud del filme con el citado rompecabezas tridimensional que tuvo absorto a medio mundo (bueno quizás no tanto, dejémoslo en una porcentaje importante) hace no mucho, allá por los años 80 del pasado siglo. Al fin y al cado de eso hablamos, de un perfecto rompecabezas.
Y es ya en la primera secuencia de la película cuando el director y guonista nos da la clave para la comprensión y mayor disfrute de la historia que se dispone a narrarnos. Un viajero se mira en el espejo del cuarto de aduanas donde ha sido retenido momentáneamente. Espejo que es cristal, al otro lado del cual le observa un agente que alecciona a otro, novato, para que observe el rostro del viajero, incitándole a que deje de lado su aspecto físico o movimientos y ponga toda su atención en la mirada, porque es en la mirada donde reside toda verdad.
Al momento asistimos al primer giro de muñeca que descoloca las caras del cubo, ya que comprendemos, en la siguiente escena, que ni el experimentado agente ni su discípulo han sabido leer en los ojos del pasajero la verdad que este escondía: ha logrado entrar en el país con dos huevos de una exótica ave cuyo comercio prohiben las leyes internacionales. Es el primero, pero no será el único giro a lo largo del metraje. La historia se irá desenvolviendo ante nuestra mirada como un regalo de navidad…o un paquete bomba, depende de cada uno.
La historia (más bien las historias) que narra Exótica, es efectivamente suculenta y daría para que muchos directores de mayor enjundia culturalista o menor pudor esteticista la convirtiesen en un espectáculo anodino. Es lo que tienen las grandes historias, que lo son sólo en virtud de quién las relate. Y Egoyan lo hace con la frialdad del entomólogo y con cierto resabio de antiguo procesador de película. Sí, la realidad que la aparente superficialidad encierra se va revelando lentamente, como lo hacen los rollos de película sumergidos en químico revelador. Con lentitud precisa y perfecta se nos van desvelando los caracteres de cada uno de los personajes y vamos comprendiendo que lo que parecía una historia coral y desmembrada no es más que un engranaje modélico al servicio de un guión perfecto.
El giro de muñeca que descoloca las distintas caras del cubo comienza en la primera secuencia, pero a partir de entonces no cesa de voltear endiabladamente, y es el segundo viraje el que más visos tiene de convertir el rompecabezas en un acertijo sin solución. La cámara se desliza, plena de sugerentes y amortiguados coloridos, por los corredores de un club de striptease en que exuberantes mujeres danzan frente a clientes encorbatados que consumen así el jornal ganado a lo largo de un día, suponemos, estresante. El club Exótica, visto por la mente deEgoyan, se convierte en un remedo del paraíso de huríes de los musulmanes, y la más exótica de entre todas las féminas que se contonean al ritmo de la música y de las palabras susurradas por un disc-jockey remedo de un filósofo de cafeteria de barrio, es Christina que, cada noche, baila ante un hombre que, a todas luces, no se excita por el sensual contoneo aterciopelado de la joven. Nuevo giro de muñeca y el mismo hombre conduce un automóvil cuyo copiloto es una niña a la que acerca hasta la puerta de su casa poniendo entre sus manos un puñado de billetes. Llegado a este punto el espectador puede sentirse desconcertado pero es que quizás no hizo caso de la advertencia inicial: mira sus ojos, no te fíes de su actitud. Si no miras a los ojos no comprenderás por qué a Eric, el disc-jockey, le hieren los bailes de Christina, por qué Thomas, el contrabandista de huevos, regala entradas en la puerta de la Ópera, por qué Zoé, la embarazadísima dueña de Exótica, besa en los labios a Christina, por quéFrancis, el inspector de Hacienda, acude cada noche al local de striptease, por qué su sobrina recibe dinero de éste por tocar el piano en su casa mientras él está fuera, etecé, etecé en interminable y sedoso recorrido.
Quizás sea esta la más noble cualidad de la cinta. Una riqueza de abismos humanos tal que permite su revisionado tantas veces el espectador desee. Con cada nueva proyección conseguirá ahondar más en el carácter de los personajes de este film de cadencia sofisticada y perfecta.
cine-egoyan-exotica-revista-achtung-2Y para que jugar con este cubo de Rubik cinematográfico no pierda ninguna de sus cualidades, Egoyan se arriesga regalándonos una escena perfecta en la que, como cuando jugábamos de niños con el rompecabezas, pensamos que “ya casi lo tenemos”. El memorable baile de una incomparable Mia Kirshner, en el papel deChristina, vestida de lúbrica colegiala, al ritmo del Everybody Knows de Leonard Cohen. Una escena tan cargada de significado y tan al borde del voyeurismo más salvaje que nos despierta el lado demoníaco y nos hace creer que, en un instante, habremos recolocado las cuatro caras del cubo. Imagino la ingente cantidad de sueños de erotómanos confesos u onanistas clandestinos en que habrá repetido su baile la joven actriz.
Pero continúa la película en un desenfrenado vaivén de espacios temporales fragmentados, narrativas superpuestas, efectos que no terminan de encontrar la causa y explicaciones que no acaban de hacer acto de presencia.
No se asusten. A pesar de la supuesta complejidad que la estudiada falta de información del filme pueda suponer, su visionado es tan agradable que nuestra mirada permanece magnetizada intentando aprehender cada una de las expresiones de los protagonistas, como si de pistas se tratase. Al fin y al cabo, Egoyan lo hizo muy bien. Nos presentó con Exótica el Cubo de Rubik perfecto y, a pesar de la complejidad de su mecanismo, como con éste, permanecemos frente a la pantalla dándole vueltas y más vueltas, aún después y a pesar de que en los últimos minutos del metraje, se halla recompuesto el puzzle y su terrible perfección se nos muestre en toda su grandeza.
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De ACHTUNG!, 20/04/2012

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