MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ
Violación y
venganza. «Una película cruel»... y truculenta, de 1973, dirigida por Bo Arne
Vibenius. Algo más que cine, vista hoy, y algo más que una mera película de
culto tarantinesco. Habrá envejecido como lo haya hecho, mal, pero ese clima de
abusos extremos que quedan impunes permanece. Prohibida por la censura en su
momento, proyectada luego recortada, como la escopeta de la protagonista.
Violación, secuestro, violencia sexual y
trata de blancas,
proxenetismo como negocio vagamente tolerado, en el centro de las ciudades y en
el borde de las carreteras por donde se pasa de largo, en esa zona gris en la
que se pone menos luz de la que sería necesaria, porque resulta turbadora,
porque siempre acaban saliendo intereses más altos, inversionistas por
encima de toda sospecha que no hacen ruido ni cuando caen (PP) y se hacen acreedores no ya de
sospechas, sino de certezas criminales: negocios. A nadie le importa lo que hay
detrás. De dónde vienen y a dónde van a parar esas mujeres, ni la violencia de
los proxenetas, ni la complicidad policial e institucional en demasiadas
ocasiones... Es de mal gusto.
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De VIVIRDEBUENAGANA
(blog del autor), 28/11/2017
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